viernes, 24 de mayo de 2019

TomSoDak

Conocí a Tom en un sitio web de ballbusting. Cada usuario tenía que llenar un perfil con su información y por alguna razón encontré el suyo y comenzamos a platicar. Era un luchador undergorund que al igual que yo tenía una fijación por los golpes bajos. Después de el primer mensaje de saludo comenzamos a platicar sobre nuestros gustos y nuestras experiencias de ballbusting. Lo que me decía es que era buster, lo que quiere decir que prefiere ser quien golpea en los huevos a otros. Le gustaba someter a luchadores con golpes bajos y humillarlos lastimando sus genitales. Me contó cómo había deshuevado a sus adversarios con rodillazos y puñetazos, y cómo también había recibido él muchos faules en la lucha.

Después de algunas semanas de platicar en línea decidimos hacer un esfuerzo por conocernos en persona. Acordamos que yo iría a Dakota del Sur, y pelearíamos en su departamento donde tenía un tapete de lucha grecorromana. Durante las siguientes dos semanas puse mucho esfuerzo en el gimnasio tratando de ganar algo de musculatura para tratar de reducir la diferencia en tamaño contra Tom. A pesar de que habíamos acordado que sería una lucha tranquila, no quería verme tan débil frente a él. Por lo que había visto en sus fotos de perfil tenía todo el look de luchador profesional, y un paquete que invitaba a golpear solo eso. Afortunadamente Tom me había dicho por mensaje que a pesar de ser buster no le importaba ser bustee de vez en cuando, sobre todo cuando el rival era más débil y necesitaba esa ventaja. Aparte de que más de una vez había accedido a ser el jobber en las funciones de lucha en las que participaba y eso incluía, casi por ley, recibir golpes bajos.

Decidimos primero conocernos en persona en un bar y platicar antes de ir a la lucha. Ambos estábamos de acuerdo con esto porque sabemos que nunca puedes confiar 100% en los perfiles de internet, entonces, para seguridad de los dos nos quedamos de ver en un pub que, según me dijo, estaba cerca de su casa.
Llegué al Paddy's Pub cerca de las 6 de la tarde, después de casi 8 horas de manejar desde Denver hasta Pierre. Tenía solo una mochila con dos cambios de ropa. Entré al bar y busqué a Tom. Ambos habíamos enviado una foto de nuestra cara para reconocernos. Lo vi sentado en una mesa cerca de la entrada y nos reconocimos de inmediato. 

"¿Tom?" le pregunté. 
"¿Nando?" contestó. 

Nos saludamos y después de pedir una cerveza nos sentamos a platicar. Empezamos platicando de mi viaje y de lo que yo hacía en Denver. Después platicamos de lucha y faules que era lo que nos había llevado a estar sentados ahí. Me platicó de cómo le atraía la lucha desde chico y de cuándo comenzó a interesarse por golpear a los hombres en los testículos. Yo le conté de mi experiencia de ballbusting y de cómo también desde chico había tenido una fijación con ver a hombres caer al suelo agarrándose la entrepierna.

Tom era más musculoso de lo que se veía en las fotos que me mostró. No tenía claro si había escogido esas fotos para no asustarme o simplemente había decidido no mostrar fotos recientes. Cuando nos habíamos saludado noté que no era mucho más alto que yo, si acaso un par de centímetros, pero a pesar de que tengo cuerpo atlético y algo de músculo, claramente me veía mucho más pequeño que Tom.

Pronto comenzamos a platicar de la lucha para la que nos habíamos juntado. Tom se sabía en ventaja y me dijo que no le importaba poner poca resistencia. Yo, agradecido con la oferta, le dije que no me importaba tampoco perder una lucha, lo mejor sería medir fuerzas y dejar claro que no necesitábamos lastimarnos. Tom estuvo de acuerdo y al final me dijo una idea que se le había ocurrido.

"Mira, qué tal si luchamos a cinco caídas, y el que gane tres es el vencedor. Gana quien logre que se rinda el otro. Y para que esté más parejo y aparte puedas practicar ballbusting conmigo, te voy a regalar cinco golpes en los huevos," me dijo.

La idea me pareció muy buena. Tendría yo oportunidad de faulearlo cinco veces durante la lucha; incluso podría usar los cinco faules para derrotarlo ya que me especificó que lo podía golpear fuerte, mientras no fuera nada extremo. Por lo tanto, sintiéndome un poco en desventaja de tamaño, le dije que estaba de acuerdo.

Tom de South Dakota
Llegamos a su departamento 2 horas más tarde. Entramos a un pequeño recibidor. Frente a mí estaba una cocina integral y a un lado una sala con muebles muy bien cuidados. Tom me mostró dónde había un baño para cambiarme la ropa y me dijo que él se iría a cambiar a su cuarto para luego ir al lugar donde lucharíamos. Me cambié rápidamente, me puse mis  briefs azules de lucha, eran mis favoritos, quería verme lo mejor posible contra un luchador semi profesional. Salí del baño y esperé a Tom unos momentos. Luego salió el de su cuarto vestido con singlets de lucha grecorromana rojos. Parecía un luchador de olimpiadas. Se veía aún más musculoso y su paquete quedaba acorde al físico que tenía. En ese momento me dieron ganas de tirar un puñetazo directo entre sus piernas.

Me llevó a su gimnasio, que no parecía que correspondiera a un apartamento de ese tamaño. Tenía una maquina para ejercitarse y un rack con discos para levantar peso. El tapete de lucha abarcaba 2/3 del área del gimnasio, y separando el área de levantamiento de pesas y la alfombra, Tom había instalado un poste con 3 cuerdas del tipo que esperarías ver en un cuadrilátero de lucha, y estás se amarraban al muro. Me gustó mucho ese toque. No había manera de luchar como en un cuadrilátero real, pero tener esas cuerdas ayudaba a sentirse en una lucha de verdad.

"Ok," me dijo Tom, "vamos a luchar a ganar tres de cinco caídas. Quien pierda tiene que decir 'me rindo' o golpear tres veces como señal. Tienes 5 golpes bajos permitidos únicamente durante la lucha, y yo no voy a usar ninguno, pero" (no había habido ningún 'pero' cuando estábamos en el bar, lo que me hizo prestar atención) "si yo gano, al final, te puedo humillar durante 3 minutos y ahí sí voy a poder deshuevarte.


Acepté gustosamente. Tenía intención de ganar la lucha, pero me parecía justo y aumentaba el riesgo saber que habría un castigo para mí si perdía. Y así, comenzamos a luchar.

Nando
Comenzamos rodeándonos y luego lo abracé por la espalda. Quería ganar la primer caída para que por lo menos se alargara a 4, ya que no veía cómo podría vencer a Tom. Su espalda y hombros eran muy anchos, por lo que no intenté rodearlos. Lo tomé por la cintura y traté de derribarlo. Al no tener éxito intenté sacarlo de balance pateándolo en los pies, y funcionó. Ya en el piso forcejeamos porque yo trataba de rodear su cuello con mis brazos. Mi intención era ahorcarlo para sacar la rendición lo más rápido posible, pero Tom era demasiado fuerte y no lograba posicionarme bien. Para mi sorpresa Tom estaba batallando más de lo que pensé para librarse de mí. No estaba seguro si lo hacía a propósito, pero no parecía. Tom es muy fuerte, como ya dije, y no lo voy a negar ni a minimizar, pero me sorprendió saber qué tan fuerte soy, medido contra alguien que se prepara para luchar. Traté de mover mis brazos hacia arriba mientras lo ganchaba con mis piernas alrededor de su cintura pero en ese momento Tom sacudió su cuerpo para tratar de librarse de mi y me sacó de equilibrio.

No logró que lo soltara del cuello pero tuve que retirar mis piernas del amarre que lo tenía. Rápidamente me coloqué de forma que no tuviera que soltarlo del cuello y quedé con Tom de frente a mí, su nuca en mi pecho y mi antebrazo debajo de su barbilla. Comencé a hacer palanca con su cuello y su cabeza como si le quisiera arrancar la cabeza. Tom hacía todo lo posible por librarse, y comenzó a golpearme en las cotillas sin mucho éxito. Yo seguía apretando poco a poco para darle tiempo de que se rindiera, mientras él trataba de moverse sin lograr que mis brazos perdieran fuerza, aparte de que yo tenía una buena posición con mis piernas que me anclaban en el piso. Aproveché esto para cansarlo ya que yo tenía toda la ventaja.

Después de un rato de forcejear y recibir golpes inútiles de parte de Tom decidí poner la presión necesaria para rendirlo. Me sentí muy orgulloso de ponerlo en esa situación de desventaja. Jalé su cabeza hacia mí mientras con mi cuerpo ponía presión. En menos de diez segundos Tom golpeó tres veces el piso rápidamente y lo solté.

"Uno para mí" dije mientras Tom rodaba en el piso para quedar boca arriba masajeando su cuello. Me levanté y empecé a caminar brincando preparándome para la siguiente caída. Pensé que ni siquiera había tenido que faulear a Tom para ganarle y eso me levantó el autoestima. Pero ahora seguro Tom iba a querer ganar a toda costa. Por fin se levantó y me dijo que esta vez no iba a ser tan fácil.

La segunda caída fue similar aunque duró más tiempo. Los dos estuvimos en ventaja más de una vez. En cierto momento Tom casi me tuvo completamente sometido ya que me tenía controlado debajo de él, y con sus piernas me amarró la cabeza, pero el resto de mi cuerpo seguía libre aunque intentaba algo con sus brazos. Yo estaba de rodillas casi en pose de niño tratando de evitar que me sometiera completamente. Tom tenía sus brazos en mi cintura; yo estaba hecho bolita y él estaba arriba de mí. Cuando intentaba liberarme de sus piernas, sentí que tenía fuerza suficiente para ponerme de pie. Al hacer el esfuerzo de levantarme con Tom sobre mí, hizo un esfuerzo para evitarlo y su instinto lo delató porque sentí su mano pasar entre mis piernas hasta mi paquete, pero se detuvo y me agarró del muslo. Grité un poco cuando apretó fuertemente la parte interior de mi muslo, que si bien no es tan sensible como los testículos, no deja de ser doloroso ese castigo. Finalmente me pude poner de pie con Tom de cabeza amarrado a mi espalda con sus piernas alrededor de mi cabeza y sus brazos rodeándome la cintura. No desaproveché mi posición y me tiré hacia atrás cayendo encima de él. Soltó un gemido de dolor y sentí que sus piernas no ponían mucha resistencia ya.

Aproveché ese momento para liberarme completamente y atacarlo tomándolo del cuello. Lo que sigue fue lo más fácil de toda la lucha. Lo ahorqué desde atrás con mis piernas rodeando su torso. Apliqué fuerza con mis brazos y mis piernas al mismo tiempo y Tom se rindió inmediatamente.

Otra vez me levanté brincando y levantando los brazos en señal de triunfo. Me había cansado más esta vez pero claramente le había ganado legalmente a Tom. Al verlo tirado otra vez no me pude contener las ganas de faulearlo. Ya había ganado dos caídas sin necesidad de golpes bajos, si ganaba una más habría desperdiciado la lucha. Así que tomé un rol de heel, que normalmente nunca tomo y me acerqué a Tom.

"No me duras nada, maldito luchador de circo," le dije con tono sarcástico. "Ni siquiera me das buena pelea, pero no creas que te voy a dejar ir sin lo que prometiste." Al decir eso lo tomé de ambos pies, abrí sus piernas y le di un fuerte pisotón en los testículos. Su paquete se veía muy bien marcado por lo que no batallé para atinarle a sus huevos. La reacción de Tom me confirmó que el golpe había sido certero; soltó un grito de dolor, juntó las piernas asimétricamente, y se puso las manos en los huevos. Su cara se ocultó viendo al piso y los gemidos no pararon mientras se sobaba.

Me gustó lastimarlo así, un poco sin que lo esperara y sobre todo, sin ser un arma por verme rebasado. Después de eso le di patadas ligeras en la espalda y las piernas en forma de humillación y juego. Y después de eso recordé que Tom me había amenazado con humillarme si ganaba la lucha, por lo que decidí corresponder con la misma amenaza.

"Una caída más y se termina la lucha, así que creo que te voy a humillar al final para que no sea tan corta," le dije mientras seguía tirado. "Y claro que tu paquete queda disponible para esa humillación. Nada más para subrayar el riesgo de que pierdas una caída más," le dije sonriendo.

La tercera caída comenzó apenas Tom se recuperó del pisotón entre las piernas que le di. Otra vez empezamos los dos de pie y rodeándonos, pero desde el principio sentí un aumento en la intensidad de Tom. Claramente no se iba a dejar ganar. Nos tomamos de la cabeza ambos tratando de derribarnos uno al otro. Tom enredo su pierna alrededor de la mía y dio un giro que nos hizo caer. Traté de levantarme lo más rápido que pude pero Tom ya estaba encima de mí cuando levanté la vista. Me tomó por la cintura mientras estaba todavía en el piso y me levantó para aplicar un abrazo de oso. Si alguna vez he sentido que me iban a asfixiar apretando mi tórax, fue esa vez. Me levantó con fuerza y con sus brazos alrededor de mis costillas comenzó a aplicar presión fuertemente. Pensé en rendirme inmediatamente pero ni siquiera podía hablar.

Después de unos segundos de castigo intenso me tiró al piso; no pude reaccionar cuando ya me tenía boca arriba, totalmente sobre mi espalda y con Tom sentado en mi pecho, cada rodilla suya a un lado de mi cabeza.

"¿Qué te pareció, Nando?" me preguntó sarcásticamente. "Ahora sí estás jodido." Terminó de decir eso y me empezó a cachetear levemente para humillarme más.

Yo solo podía ver su paquete peligrosamente cerca de mi cara. No sabía qué hacer, pero no tenía aire para defenderme. Decidí esperar a que se aburriera y decidiera hacer algo más conmigo. Me jaló de los pelos, me puso los pulgares en los ojos y los hundió hasta que supliqué que parara, me metió los dedos a la nariz, en fin, me humilló un buen rato. Después de unos minutos por fin decidió continuar la lucha, pero primero me dio un sentón en el pecho antes de levantarse.

Tirado como estaba traté de tomar aire y recuperarme rápido. Me levanté para tratar de salvar mi dignidad pero no había mucho que pudiera hacer, estaba cansado y Tom sabía que tenía mucha ventaja. Otra vez nos abrazamos del cuello, pero Tom rápidamente me dio un rodillazo en el estomago. Me encorvé hacia adelante y Tom me rodeó y me tomó de la cintura. Me lanzó hacia atrás en un suplex . Caí de espaldas y Tom dio un giro hacia atrás quedando sentado sobre mis piernas de manera que quedé completamente inmovilizado de nuevo. Estaba de espaldas con mis piernas a cada lado de mi cabeza y Tom sentado sobre ellas. Traté de golpearlo en la espalda y las costillas pero no tenía buena posición y mis golpes no eran efectivos. Tom de nuevo me humilló, esta vez contándome cómo torturaba a sus oponentes en las luchas cuando quedaban en esa posición.

"Tienes suerte, Nando," me dijo. "Normalmente cuando tengo a un luchador como te tengo ahora, no dejo de golpearlo en los huevos hasta que se rinde." Diciendo eso puso su puño en mi paquete sin golpearlo. Hizo esto tres veces más. Se notaban las ganas que tenía de dar un puñetazo con fuerza, pero cumpliendo su palabra, perdonó mis testículos. Mis pezones, por otro lado, no fueron tan afortunados. Tom comenzó a pellizcarme fuertemente y me rendí al poco tiempo.

La tercera caída era para Tom. Pero no me dejó ir tan rápidamente. Antes de eso me recordó como mis huevos estaban a su merced y me agarró el paquete, sin apretarlo. Solo quería que sintiera mi vulnerabilidad. Agarró mis dos huevos y los aseguró en su mano. Sacudió mí paquete ligeramente, y luego se levantó. Mis piernas regresaron a su posición normal, y me quedé tirado unos momentos, recuperándome de la paliza.

Los cinco minutos que me dio Tom para recuperarme me sirvieron bastante, ahora Tom había ganado una caída y aunque yo seguía en ventaja no quería volver a perder otra vez, quería terminar ya la lucha. Ahora estaba seguro de que Tom no se estaba dejando perder y eso me motivaba más a demostrar que le podía ganar.

"¿Listo para otra arrastrada?" me preguntó Tom después de los minutos de descanso. Se había quitado la parte superior del singlet. Su traje de lucha solo le cubría hasta la cintura. Los tirantes caían a cada lado de su cadera. 

"Esta va a ser la última caída, zotaco." le dije mientras ponía mis puños arriba en defensa.

Tom listo para la tercera caida
Tom me vio y le gustó la idea de combatir, entonces se puso en una rodilla y puso un puño en el suelo, señal de que quería luchar y se posicionaba en desventaja, debajo de mí. Caminé hacia él, me puse a espaldas de Tom y lo abracé por detrás.

"Comenzamos a la cuenta de tres," dijo Tom. "Una, dos, ¡tres!"

Hice fuerza para que no lograra girar. Tom trató de tomarme el brazo para quitárselo de encima pero no pudo. Otra vez trato de girar pero lo detuve firmemente. Después se puso en cuatro puntos y esperó a que yo hiciera el próximo movimiento. Intenté varias formas de vencerlo pero no pude, y finalmente me di cuenta que su objetivo era cansarme. Estúpidamente había caído en la trampa y me sentía desgastado. Intente rodear su cuello con mi brazo, ya que había funcionado antes. Cuando Tom me tomó del brazo con el que trataba de ahorcarlo y giró completamente su cuerpo utilizando todo su peso no pude poner resistencia. Salí volando hacia adelante y caí de espalda frente a Tom. Pero antes de que pudiera posicionarse sobre mí, lancé mis piernas hacía atrás y ganché su cabeza con ellas, de manera que no tuviera toda la ventaja.

Comencé a apretar su cabeza para incomodarlo, pero Tom no era un novato y antes de que pudiera hacerle daño me dio dos puñetazos al mismo tiempo en ambos lados de mi tronco. El dolor me sorprendió y mi amarre perdió fuerza. Forcejeamos un rato y ambos estuvimos en posición de rendir al otro, pero finalmente Tom me tomó de un brazo y rodeándolo con sus piernas que terminaron cruzadas alrededor de mi cabeza, comenzó a aplicar una palanca de la que no tuve oportunidad de librarme. Con mi otro brazo quise golpearlo para quitarle fuerza pero no tuve el menor éxito. Entonces recordé que podía faulearlo, y era una buena oportunidad para hacer valer mi ventaja.

Pensé cuál sería la mejor manera de atacar sus testículos para lograr el mejor efecto, pero mi brazo cubría su paquete y no lograba ubicar sus huevos. Entonces con la mano que tenía libre tomé su muslo y comencé a recorrer su entrepierna buscando hacer algún daño. Pero Tom se dio cuenta de mis intenciones y comenzó a aplicar más fuerza a mi brazo y a apretar más fuerte mi cabeza. Mi mano apenas pudo sentir algo blando e inútilmente traté de apretarlo, pero hasta yo sabía que no estaba causando dolor suficiente para incomodar a Tom; apenas estaba pellizcando la piel. Mi brazo me estaba matando. No tuve otra opción que golpear el piso en rendición.

Tom apretó un poco más mi cabeza hasta que grité de dolor y entonces me soltó. Aliviado me quedé tirado en el suelo mientras Tom descansaba sonriendo recostado sobre su espalda y con las piernas dobladas y abiertas. Mi cabeza retumbaba y mi brazo derecho sentía el dolor del castigo de Tom. Me sentía enojado por haber perdido. Mi ventaja de dos caídas no había servido para nada y ahora solo quedaba la última. Cuando pude levantarme con mis manos para quedar sentado vi a Tom boca arriba con sus piernas abiertas a un lado de mi, sus brazos hacia atrás en el suelo. Levantó un poco su cabeza para verme, estaba sonriendo. Cuando me dijo que íbamos dos a dos, me dio coraje y le solté un fuerte puñetazo en el bulto marcado por sus lycras. No reparé en la intensidad del golpe. Tom gritó de dolor.

"¡¡¡¡OOUUUFFFF!!!!" Lo vi rodar hacía un lado juntando las piernas y poniendo sus manos en su paquete.

Tom comenzó a respirar rápidamente mientras se quejaba del golpe bajo y movía su cuerpo como si estuviera sufriendo ligeras convulsiones. No dejaba de hacer sonidos de dolor.

"¡Jódete!" le dije. "Ahora si voy a tener tiempo para descansar. Ah, y apenas llevo dos faules. Me quedan tres."

Me quedé sentado en el suelo estirando mis brazos adoloridos mientras Tom se retorcía en el suelo, recuperando el aliento y soltando gemidos de dolor de vez en cuando. De pronto me sentí un poco mal de haber golpeado tan fuerte a Tom. Era la primera vez que luchábamos y sentí que había pasado un poco el límite de la confianza. Por suerte no tardó mucho en recuperarse y no parecía sentirse ofendido. Momentos más tarde ya estaba de rodillas, aunque con una mano en su paquete, y tratando de respirar normalmente.

"¿Listo para la última caída?" me dijo mientras se sobaba los huevos. "Te voy a ganar y ten seguro que está será la ultima vez que me contengo de golpes prohibidos. De ahora en adelante cada vez que luchemos será lucha sin reglas."

"Cuando tú quieras, Tommy," le contesté sonriendo.

Mi plan era ganar esa caída a como diera lugar, y tenía tres golpes prohibidos a mi favor. Necesitaba evitar que me rindiera como había hecho en esta última caída, y para eso tenía que ser inteligente.

Me acerqué a Tom, que seguía de rodillas, con su torso desnudo y las lycras ajustadas. Con gestos le hice saber que la quinta caída ya había comenzado. Yo esperaba que toda la pelea se llevara a cabo en el tapete, pero de repente Tom se levantó. Rápidamente me puse de pie yo también para no quedar en desventaja. Para mi sorpresa se acercó a las cuerdas de ring que tenía detrás suyo y se recargó en ellas con los brazos abiertos. Yo me acerqué y Tom tomó impulso empujándose con los talones y salió disparado hacia mí. Con su antebrazo me golpeó el pecho, y yo, sorprendido por el golpe caí al suelo.

De espaldas en el piso sentí el pie de Tom que se apoyaba con fuerza en mi pecho. Cuando abrí los ojos vi la cara de Tom a centímetros de la mía. Me dio una cachetada ligera y no dijo nada. Quitó su pie, se hizo hacia atrás y con las manos hizo un gesto de que me acercara a él. Quería hacerme enojar, al parecer. Decidí que hasta ahora esta había sido una de las luchas más entretenidas que había tenido y Tom había sido muy respetuoso, así que lo mejor era disfrutar la última caída, sin importar quién ganara. Y con ese pensamiento me lancé contra Tom.

Me levanté y corrí hacia Tom. Creo que no se lo esperaba porque reaccionó tarde a mi ataque. Lo empujé con mi cuerpo contra las cuerdas y lo abracé. Con el impulso lo levanté y lo azoté contra el piso. Una vez en el suelo lo quise someter con una llave, pero no logré sujetarlo bien y Tom se acomodó de manera que se apoyó sobre mi para poder ponerse de pie y en el mismo movimiento me cargó. Para mi sorpresa me dejó caer de espaldas sobre su muslo en una quebradora que me sacó un poco el aire.

Tom apoyó su mano en mi barbilla y la otra en mi pierna. Yo siempre había creído que era fácil librarse de una quebradora, en mi mente solo tenías que girar el cuerpo, pero Tom me estaba demostrando que no era así. Movió su brazo que tenía en mi rodilla y lo puso entre mis piernas.

"Si esta fuera una lucha normal, ahorita estarías suplicando que parara el castigo," me dijo mientras movía su brazo hacia arriba y hacia abajo sobre mi paquete. Me quedó claro el daño que me podía (y quería) hacer pero que se estaba conteniendo. Luego puso su mano sobre mi paquete y agarró mis huevos sin apretarlos. "Te tengo de los huevos," me dijo, "si quisiera, aquí se acababa todo."

Después de varios minutos de dolor y gritos míos me dejó caer rodando en el suelo. Quedé boca abajo sin ganas de moverme, mi espalda me estaba matando. De repente sentí el peso de Tom sobre mí. Se había sentado en mi espalda baja, y antes de que pudiera reaccionar, ya tenía mis brazos acomodados detrás de sus rodillas y sus manos en mi barbilla. Comenzó a jalar y yo solo podía seguir gritando.

Luego me soltó y puso mis brazos detrás de mi espalda. Los comenzó a jalar hacia mi cabeza, pegados a mi espalda. Mis hombros recibían un castigo dolorosísimo. Luego se sentó en mis manos y me jaló de los pelos en una humillación total. Mi cabeza se estiraba hacía atrás y yo trataba de no gritar. Tom me tenía totalmente controlado y no había nada que pudiera hacer.

Para mi fortuna, entre los jalones de pelo y la postura de Tom, de pronto sentí algo en mis manos, que todavía tenía inmovilizadas detrás de mi espalda y debajo del peso de Tom. No estaba muy seguro pero era probable que el paquete de Tom hubiera quedado justo en mis manos. Con cuidado de no desaprovechar la oportunidad esperé a tener una buena posición y cuando sentí de lleno el bulto en mi mano derecha cerré mi puño atrapando los testículos de Tom en el proceso.

El ataque fue un éxito, Tom enseguida me soltó y trató de librarse de mi garra. Por suerte tuve un buen agarre y no lo solté cuando movió su cuerpo. Apreté lo más fuerte que pude y comencé a darle órdenes mientras gritaba de dolor. Sentí sus huevos grandes y no sentí compasión, no dejé de apretar ni un poco mientras hacía lo que le decía. "Muévete a la izquierda, ahora a la derecha. No te muevas mientras me levanto o voy a empezar a torcerte los huevos."

Tom me quería pegar, pero cada vez que sentía que iba a hacer algo, le apretaba más fuerte y sus manos automáticamente llegaban a su paquete. No supe cuanto tiempo lo tuve sometido de los testículos, pero no fue menos de dos minutos seguidos. Su voz delataba su sufrimiento. Por último, antes de soltarlo, lo obligué a ponerse de rodillas y poner sus manos detrás de su cabeza. Yo estaba encantado de verle la cara de sufrimiento mientras le decía tonterías para molestarlo más. "Quiero que saques la lengua. Ahora cierra un ojo," apretando fuertemente cada vez que desobedecía.

Una vez que estuvo de rodillas y con las manos en la nuca, lo jalé de los testículos con fuerza y dejé que mi mano exprimiera sus huevos mientras lo soltaba. El pobre Tom soltó un grito de dolor y se tumbó con la cara al suelo y se agarró los huevos.

Con mi pie lo empujé hacia un lado para molestarlo. Cuando estaba sobre su costado, todavía con las manos en los huevos, me dijo apenas pudo hablar "ese cuenta por los tres faules que te quedaban." A lo que respondí que absolutamente no. Pero tampoco importaba. Aprovechando que Tom no estaba en la mejor posición me tomé mi tiempo para amarrarlo en una llave que estaba seguro que terminaría la lucha.

Lo tomé de ambos brazos y le pisé la espalda. Después de lastimarlo unos momentos, me senté en su espalda y puse mis piernas alrededor de su cabeza. Con mis muslos le aplasté el cráneo. Luego lo solté  para el toque final: tomé sus pies para aplicar una llave de cangrejo, pero en vez de sentarme en su espalda me hice un poco más para atrás, tratando de sentarme en su cabeza, y con mis piernas inmovilicé sus brazos. Todo su cuerpo se elevó para quedar completamente estirado. Podía ver el bulto de Tom totalmente expuesto mientras sostenía sus tobillos en mis axilas. No tardó mucho Tom en comenzar a golpear el piso.

"¿Te rindes?" le pregunté aunque sabía la respuesta. A lo que apenas pudo contestar "Sí."

Lo solté. Las piernas de Tom se azotaron contra el piso. Levanté las manos en señal de victoria. Tom torció su cuerpo y con una mano se agarró la espalda. Yo lo pateé para que quedara completamente boca arriba y no pude evitar poner mi pie sobre su ingle.

Tom con poca fuerza tomó con sus manos en el pie con el que le aplastaba los huevos. No lo lastimé, era solamente humillación.

"Bien. Gané."

Tom se quedó tirado un rato más, mientras yo caminaba alrededor de él festejando mi victoria. Luego se puso de rodillas y comenzó a estirar la espalda.

Viéndolo de rodillas recordé que todavía tenía dos faules que no había utilizado. Entonces me acerqué a él y lo levanté de un brazo. Me vio con extrañeza y le dije que esto no se había acabado.

"¿Por qué no?" preguntó.

"Ven para acá," le dije mientras lo llevaba hacia las cuerdas de cuadrilátero que tenía. Tom seguía sin entender.

Lo puse contra las cuerdas y pase sus brazos por la cuerda superior y los tomé por debajo. Los jalé un poco y Tom arqueó su cuerpo hacia adelante. Entonces le dije qué era lo que seguía: "Me debes dos faules todavía." En ese momento levanté mi rodilla y le di un golpe directamente entre las piernas. Tom gritó al mismo tiempo: "¡Ooooouuuuuhhh!" Juntó sus rodillas y perdió todas las fuerzas, pero no cayó al suelo porque yo lo detenía. "Me gustó mucho luchar contigo, Tom. Toma esto como la humillación después de la lucha que tanto me contabas."

Lo solté y cayó directo al suelo con sus manos entre las piernas. Yo me quedé viéndolo, disfrutando el espectáculo de la tortura que le estaba proporcionando y pensando cómo lo iba a faulear una última vez. Tom estiraba y encogía su cuerpo tratando de aliviar el dolor. Juntaba las piernas y luego encogía solo una, siempre con las manos cubriéndose los huevos.

Después de dejarlo descansar un poco para que se recuperara del dolor, me acerqué a él, lo puse de espaldas en el piso, y me senté en su pecho viendo hacia sus pies. Tom me suplicó que no le pegara más, pero le dije que no podía desaprovechar ese viaje a Dakota del Sur. Viendo su paquete y pensando en cómo aprovechar mi último faul decidí que sería un puñetazo, pero para que doliera más, tenía que sujetar sus genitales.

Primero agarré su paquete con ambas manos para asegurarme que los dos testículos estaban atrapados, luego con una mano los tomé entré mi pulgar y mi dedo indice. Tom en todo momento gemía de dolor. Entonces levanté mi otra mano y le pregunté si estaba listo, me suplicó que lo soltara. Entonces bajé con fuerza mi otra mano hecha puño, y cayó de lleno en su paquete, atrapado por mi otra mano. Sentí a Tom convulsionarse debajo de mí. Pero no lo solté. Tom gritaba y eso me daba placer. Entonces, solo por maldad y sabiendo que Tom se vengaría en la primera oportunidad, jalé el bulto de Tom hacía arriba; incluso tuvo que levantar la cadera de tanto que lo jalé, y volví a bajar mi puño sobre sus huevos. El grito de dolor fue aun más fuerte que el primero.

Tuve que controlarme para no repetir una tercera vez el castigo. Tenía muchas ganas de hacerlo de nuevo, pero no me atreví; ya había rebasado el numero de faules a los que tenía derecho, y no quise exagerar el castigo.

Solté el paquete de Tom que rebotó cuando se acomodó, y se quedó tirado durante 10 minutos, revolcándose en el suelo y sobándose los huevos. Yo me quedé a su lado, esperando que se le pasara el dolor. Algo le dije pero estaba seguro que Tom no me escuchara.

Habían pasado ya cuatro horas desde que llegué al bar donde nos conocimos en persona. La tarde había sido muy entretenida. Pensé que no me la había pasado tan bien en mucho tiempo, desde que había llegado a Estados Unidos. Si todo se resultaba bien, Tom iba a ser un buen amigo.

Por fin Tom se levantó. Su cara decía que no tenía ganas de hacer nada.

"Te pasaste, Nando," fue lo primero que me dijo.

"Perdón, tenía mucho de no luchar así." Le contesté.

"Ufff, me deshuevaste de manera grosera.Y te pasaste por un faul, eh."

"Sí, lo sé. No me pude contener. Pero en mi defensa, los faules eran solo durante la lucha, esto fue humillación después de."

"Bueno, no me importa. Es la última vez que limito mis castigos contigo. La próxima vez que luchemos, voy a usar todo lo que tengo en mi repertorio." Dijo eso mientras veía mi entrepierna. "Buena lucha, Nando. Gracias por venir."

"De nada," le dije. Y me preparé para despedirme.

Esa noche me fui al hotel cansado, y dormí hasta tarde al siguiente día.



*Historia totalmente ficticia

lunes, 22 de abril de 2019

El intendente cubano

Raphael (Jefferson Ferreira)

La Universidad Politécnica nunca estaba vacía. Ya fuera fin de semana, día feriado o cualquier fecha que pudiera parecer especial, siempre había gente en sus pasillos y espacios sociales. Eso significaba que siempre había necesidad de personal de limpieza que ayudara a mantenerla limpia. No eran pocos los empleados que se dedicaban a esto, sin embargo uno nunca faltaba a trabajar. Cualquier día te podías encontrar al joven cubano que barría, trapeaba o limpiaba vidrios.

Raphael había llegado de Cuba cuando tenía 15 años buscando una oportunidad. Encontró un empleo como intendente en la Universidad Politécnica y no lo desaprovechó. En la universidad le daban oportunidad de ejercitarse, lo que lo motivó a desarrollar sus músculos. Una vez lo invitaron a un evento en el que hubo un espectáculo de lucha libre y nunca más dejó de pensar en eso. Once años después de su llegada a la universidad, poca gente sabía que era un reconocido luchador enmascarado que cada fin de semana se ganaba dinero extra por el show que brindaba.

Aunque nadie sabía de su otro trabajo en la universidad, muchas chicas habían notado su cuerpo atlético. Esto aparte de ser apuesto y muy amable le había ganado muchas fans.

Alexis y Diego conocían a Rapha por su reputación y porque al igual que cualquiera que atendiera a la Universidad Politécnica, lo habían visto muchas veces trabajando ahí.

Un día estaba Raphael limpiando los pisos del gimnasio a la vez que Alexis y Diego practicaban lucha grecorromana en el tapiz. Los chicos lo vieron y pensaron que seria divertido atacar dos contra uno al intendente; eran de esos imbeciles que les gustaba someter y golpear a gente al azar cuando los veían desprotegidos, y siendo ellos luchadores “pro”, se sentían en ventaja siempre. Escogían a víctimas débiles y desprotegidas, y esta les pareció una buena oportunidad. Diego se acercó disimuladamente a cerrar la puerta con seguro por si el intendente trataba de escapar. Una vez que no había salida entre los dos se acercaron a Raphael para intimidarlo. 

Raphael estaba concentrado en su trabajo cuando los dos muchachos se acercaron. Primero pensó que le querían preguntar algo, pero le alarmó la manera en que ambos se acercaban como si lo quisieran rodear.

Alexis (Aaron Pico)
El ataque llegó por el costado derecho, Diego se lanzó contra él pero Raphael lo empujó con suficiente fuerza para detener el ataque. Al mismo tiempo Alexis se acercaba por el otro lado, y al ver la reacción de Raphael y cómo Diego salió volando con el empujón se dio cuenta que tal vez necesitaría esforzarse más para someter al intendente. Trató de rodearlo con sus brazos pero Raphael también logró evitar ese ataque fácilmente. 

Diego y Alexis quedaron sorprendidos y enojados por no haber podido someter rápidamente a Raphael, por lo que volvieron a acercarse con coraje para tratar de derribarlo entre los dos, al mismo tiempo. Raphael, que ahora sabía la intención de los estudiantes ahora estaba mejor preparado para defenderse. Poco sabían ellos de sus aptitudes para luchar. Antes de que pudieran acerarse lo suficiente, Raphael ya estaba girando para no darle la espalda a ninguno y tratando de adivinar sus movimientos para adelantarse a ellos. 

Cuando Diego se cansó de perseguir al intendente sin lograr ni siquiera colocar un golpe probó correr hacia él y lanzarse para derrumbarlo y esperar que Alexis tuviera tiempo para acercarse y colocar algún golpe. Hizo esto y Raphael echó su cuerpo hacía atrás, pero no suficientemente rápido para evitar que Diego lo abrazara por la cintura. Aunque no lo derribó, fue suficiente para limitar sus movimientos. Alexis no desaprovechó la oportunidad y se acercó velozmente para tratar de tomarlo por la espalda e inmovilizar los brazos. Torpemente logró hacerse de un brazo de Raphael. Alexis realmente se sorprendió por lo fuerte y musculoso que resultaba este intendente. Raphael trataba de soltarse usando su otro brazo, y golpeaba la espalda de Diego que quedaba justo a la altura de su cintura. 

Diego (Ethan Ramos)
Diego por su cuenta trataba con todas sus fuerzas de tumbarlo, soprtando los golpes que recibía en la espalda. Pero despues de unos momentos de no lograrlo, lo soltó para inmediatamente tratar de amarrar con sus brazos una de sus piernas e intentar torcerla para desequilibrarlo, pero cuando soltó la cintura de Raphael y trató de pasar su mano para tomarlo de su pierna su puño golpeó la entrepierna de Raphael y este soltó un gemido de dolor. Inmediatamente Diego se dio cuenta que ese era el punto perfecto que debía atacar para poder someterlo. Soltó completamente a Raphael y aprovechando que tenía las piernas separadas para no perder el balance, le soltó un puñetazo lo más fuerte que pudo entre las piernas. Su puño golpeó directamente los huevos de Raphael cubiertos solo por sus jeans y este soltó un grito de dol
or al tiempo que dejaba caer sus manos para cubrirse y perder todas las fuerzas que lo mantenían defendiéndose de los dos muchachos. Diego y Alexis no desperdiciaron ni un momento y se lanzaron sobre él. Alexis lo tomó del cuello y se lanzó hacia atrás para estirar su abdomen. Mientras que Diego preparó el golpe perfecto. Mientras Alexis poco a poco y a estirones levantaba a Raphael, este se defendía tomando el brazo que le rodeaba el cuello con sus manos. Esto dejó su paquete completamente descubierto y en el momento que estuvo completamente de pie y arqueado hacia atrás Diego se apresuró, levantó su rodilla con fuerza y la colocó justo en medio de las piernas de Raphael.

Raphael, que todavía no se recuperaba del primer golpe que recibió en los testículos, gritó otra vez y juntó sus piernas, al tiempo que se dejaba caer. Alexis no tuvo suficiente fuerza para mantenerlo de pie tomándolo del cuello asi que lo soltó. Raphael cayó de rodillas en el piso con sus manos entre las piernas y gritando. Luego se dejó caer completamente boca abajo tratando de soportar el dolor. Lo siguieron golpeando en la espalda y el estómago hasta que estuvo inmóvil. Esto lo aprovecharon Diego y Alexis para sacar de sus mochilas algunos objetos para inmovilizar a Raphael.

Lo primero que sacaron fueron cuerdas para saltar. Cada uno con su cuerda se acercó a Raphael. Alexis pasó su cuerda alrededor del cuello de Rapha mientras que Diego le amarraba las manos por detrás de la espalda. Luego con la misma cuerda, Diego le amarró los pies juntos, y Alexis amarró su cuerda a la cuerda de Diego, de manera que Raphael no podía encoger su cuerpo sin ahorcarse. Utilizaron una muñequera para vendarle los ojos. Le pusieron un calcetín en la boca y con la otra muñequera se aseguraron que no pudiera gritar.

Una vez que tenían su juguete tal como lo querían comenzaron a torturarlo. Primero lo colocaron de rodillas. Alexis lo detenía de la cabeza para que no pudiera moverse. Diego comenzó dandole fuertes golpes en el abdomen. Los gemidos de dolor de Raphael quedaban ahogados en el calcetín dentro de su boca. Después le dio varios golpes con el puño cerrado en el pecho. Raphael tensaba los músculos y los golpes no surtían tanto efecto; Diego se dio cuenta de esto pero siguió golpeándolo. Sentía con cada golpe que Raphael hinchaba el pecho y se ponía muy duro. Siguió golpeando el pecho esperando que Rapha se acostumbrara a los golpes; como tenía los ojos vendados no podía ver cuando recibiría el siguiente, por eso cuando Diego decidió cambiar su blanco, tomó a Rapha por sorpresa completamente. Diego le dio un fuerte puñetazo en los huevos que hizo temblar a Rapha. El dolor fue muy intenso e inesperado. Trató de cubrirse con su propio cuerpo pero la cuerda alrededor de su cuello y los brazos de Alexis deteniéndolo lo impidieron. Diego veía como respiraba rápido y disfrutó su crueldad. Después de eso le dio dos golpes más, cada vez tratando de superar la fuerza del anterior. Y luego trató de agarrar a Rapha de los testículos. Como los jeans de Rapha eran ajustados, Diego batalló unos instantes, pero el bulto de Rapha era suficientemente grande como para escapar la garra de Diego. Al final solo pudo agarra uno de los huevos de Rapha porque se escapaba el otro, pero no le importó, comenzó a apretar con mucha fuerza viendo de frente a Rapha para apreciar su reacción. Los músculos de la cara de Rapha se tensaron y comenzó a hacer muecas de inmenso dolor.

Pronto Alexis se aburrió y le pidió a Diego que cambiaran posiciones. Diego, más interesado ahora en seguir torturando la hombría de Rapha, le dijo que traería una barra de masaje para mantener las rodillas de Rapha separadas y poder golpearlo con más facilidad, pero al decir esto se le ocurrió algo mejor: la barra de masaje era el instrumento perfecto para torturar los genitales de Rapha. Al escuchar esto, el cubano sintió angustia y comenzó a cerrar sus piernas con todas sus fuerzas. Alexis y Diego no se preocuparon, eventualmente se cansaría; tenían toda la noche para dejarlo adolorido.

Diego fue por la barra de masaje y comenzó a pensar cómo utilizarla. Regresó y le dió la barra a Alexis. Rapha, en el suelo, juntaba las piernas con todas sus fuerzas esperando lo peor. Diego sabía cómo hacerlo ceder rápidamente, tomó a Rapha por detrás y le tapó la nariz. Después de unos segundos Rapha comenzó a torcer su cuerpo tratando de safarse de la mano que lo ahogaba. Alexis vio que dejaba de poner resistencia y no desaprovechó el momento. Apenas abrió Rapha sus piernas lo mínimo, tomó la barra de masaje como si fuera un martillo y le dio un duro golpe entre en su ancho bulto. Ante esto, Rapha perdió todas las fuerzas para defenderse. Después de ese golpe Diego lo soltó, y en vez de asfixiarlo para que perdiera fuerza simplemente se acercó a Rapha por delante y lo tomó de una rodilla con sus manos mientras que con sus pies empujaba la otra. Alexis con facilidad dejaba caer la barra de masaje entre las piernas hasta golpear el paquete de Rapha.

Después de varios golpes, dejaron la barra y comenzaron a usar los pies. Primero Diego plantó su suela sobre los huevos de Rapha, y ayudado por Alexis, se paraba en un solo pie, aplastando todo lo que tenía debajo. Movía su pie hacia adelante y hacia atrás para asegurarse que machucaba todo. El pobre cubano solo gemía.

Luego fue el turno de Alexis, quien plantó sus dos pies en el abdomen de Rapha y comenzó a saltar. Rapha trataba de cubrirse con sus rodillas lo más que podía, pero prácticamente recibió el impacto directo de los saltos. Luego Alexis bajó hacia un lado y dejó que descansara por unos segundos. Rapha rodó hacia un lado y quedó tendido en un costado, tratando de recuperarse. Pero el descanso no duró mucho. Apenas se acomodó Alexis frente a él, le dio un puntapié directo en los genitales. Rapha se retorció y giró todo su cuerpo hacia el otro lado, tratando de gritar. Pero del otro lado lo esperaba Diego, con otro puntapié directo a los huevos.

Finalmente Diego y Alexis decidieron parar la tortura. Sabían que podían continuar con esto toda la noche, pero no querían arriesgarse que de repente llegara alguien y los viera. Decidieron golpear cada uno una ve más a Rapha. Alexis clavó su rodilla entre las piernas de su víctima, mientras que Diego le dio un largo y fuerte apretón a ambos tesículos.

Lo dejaron inconsciente tras asfixiarlo un poco con el brazo, y lo soltaron lo más rápido que pudieron.

Después de unos minutos se despertó Rapha. El gimnasio estaba oscuro. No había nadie. Sentía el ardor en sus muñecas y tobillos, también en su cuello. Sentía dolor en todo su cuerpo, pero sobre todo en sus partes baja. Se levantó con cuidado y sintió los testículos muy sensibles. Al caminar tuvo que encorvarse del dolor. Quería llorar de dolor y de coraje. Pero no lo hizo. Salió del gimnasio prometiéndose tener cuidado de todos, y recordando las caras de esos dos estudiantes; tal vez algún día podría vengarse. 

martes, 11 de septiembre de 2018

Amanda

Llegué a casa de Amanda como a las 6:30 pm. Me había invitado para "ver una película", lo que solo podía significar una cosa: quería mi verga, estaba caliente y necesitaba sexo sin compromiso. Yo no tenía muchas ganas de ir, pero no podía arriesgarme a que se molestara conmigo y llamara a alguien más; al final era un acuerdo mutuo y a veces yo necesitaba un acostón de cuates.

Amanda no es muy guapa, pero tiene muy buen cuerpo. No quiero decir que es fea tampoco, simplemente no es la chica que todos voltean a ver en el gimnasio. Esa sería Rebeca. Guapísima de cuerpo entero, y aparte muy atlética. A Amanda la conocía desde antes de que entrenáramos juntos, pero la había dejado de ver 3 años antes de eso, cuando empecé a salir con mi ahora ex novia. La falta de disponibilidad mía había cortado el único enlace que nos mantenía en contacto.

Pero después de tres años ya no era la misma que conocía. Inmediatamente después de que empezara a salir con Gaby, había entrado al gimnasio y se había convertido completamente en una gladiadora. Era puro músculo y su espalda había crecido al doble. Competía en torneos nacionales y hasta iba a Estados Unidos para participar en eventos. Había hecho varios amigos en el gimnasio y como siempre ha sido muy agradable, no tiene problemas conectando con la gente, pero por alguna razón nunca ha tenido un novio formal.

Cuando entré al gimnasio no tardamos mucho en retomar nuestras "visitas" esporádicas. El primer día que la vi entrenando ahí le di un fuerte abrazo y nos quedamos platicando un buen rato, y a la semana siguiente ya estábamos cogiendo como hacía tres años. Después de eso, cada cierto tiempo uno de los dos llamaba al otro y nos veíamos en la casa de alguno de los dos. Nada de citas románticas, nada de cenas ni salidas al teatro. 'Ven', 'voy', pum pum pum, 'hasta luego', 'adiós'. Ese es un resumen muy atinado de lo que pasaba cada vez que nos veíamos.

Pero algo me había llamado la atención las últimas veces que nos habíamos visto. Amanda quería platicar. Hacía 6 semanas me había pedido que me quedara más tiempo. Primero supuse que me contaría algo importante, pero no, solo quería conversar un poco. Yo accedí pero no mucho tiempo, en realidad siempre me había gustado el hecho de salir casi inmediatamente de su casa. La segunda vez sucedió una semana después, cuando pidió de cenar apenas llegué a su casa, y una tercera vez me trató de convencer inventando que tenía un problema de plomería en su cocina. Yo las tres veces fui lo más cortante que pude y evité quedarme en su casa más de lo necesario. La única ventaja de ir con ella en vez de buscar a alguien más es el hecho de que no hay ningún compromiso aparte del sexo, y no está en mis planes acabar con esa comodidad.

Nuestro último encuentro fui yo quien la llamó. No era que estuviera muy urgido, sino que necesitaba saber si no me habían lastimado mi partes en la última pelea que había tenido. Después de 20 minutos pude comprobar que todo estaba bien. Terminamos rápido y ese día salí más contento de lo normal de casa de Amanda.  Eso había sido hacía unas 3 semanas. Desde entonces ya me había lastimado algunas veces, pero como había visto a Rebeca en un bar y habíamos terminado en mi casa, no tenía mucha urgencia por coger.

Al final había llegado al departamento de Amanda. No tenía ninguna intención de ver la película que sugería, pero le tenía que cumplir si quería seguir disfrutando de los privilegios. Timbré dos veces antes de que abriera la puerta. Cuando por fin abrió me alivié de ver que no estaba arreglada para recibirme. Las otras veces que nos habíamos visto noté un ligero esfuerzo de su parte por verse mejor, verse sexy.

"¿Qué tal, nalga? Pásale," fue el saludo de Amanda. Siempre nos habíamos tratado como amigos; nunca habíamos usado formalidades. Se dió la vuelta y avanzó hacia la cocina dejándome atrás. Entré al departamento y cerré la puerta detrás de mí antes de caminar hacia donde estaba ella.

"¿Quieres una cerveza?" me preguntó volteándome a ver mientras abría el refrigerador.

"No," contesté yo acercándome a ella.

Cuando cerró el refrigerador la abracé por detrás y le besé el cuello.  Ella echó la cabeza para atrás y se volteó para quedar frente a mí. Mis manos quedaron en su cadera, y cuando las subí recorriéndole el torso para llegar a sus tetas, ella me agarró el bulto firmemente. Mi verga ya estaba logrando la erección por lo que sentí una mezcla entre incomodidad y placer cuando su mano apretó todo mi paquete.

"Vamos al cuarto," me dijo Amanda sin soltarme, y sentí que mi verga se paró más cuando jaló un poco mi bulto al alejarse a su recámara.

Cuando entré al cuarto estaba ya acostada en su cama sin quitarse la ropa. Yo me quité la camiseta antes de tirarme sobre ella y empezara sobarla con mis manos. Amanda estaba boca abajo y yo sobre ella de rodillas. Apoyé mis manos en el colchón a cada lado de ella y bajé mi cadera para rozarle las nalgas con mi verga semi erecta. Después del segundo roce ella se volteó para quedar de frente a mí. Sus manos fueron hacía mi bulto acariciándome el abdomen en el proceso. Otra vez le dio un fuerte apretón que me incomodó un poco, pero justo después de eso con la otra mano me tomó del pelo y me dio un jalón que me hizo tirar la cabeza hacia atrás. Con ese sometimiento me hizo girar para quedar ella sobre mí y yo de espaldas en la cama. Se sentó en mi abdomen bajo, puso sus manos en mis muslos, justo arriba de mis rodillas y me obligó a estirar mis piernas para que quedaran apoyadas completamente en el colchón. Luego me tomó de la quijada fuertemente y con la otra mano me dió una cachetada no muy fuerte. Entonces entendí el juego.

Tengo que aceptar que ver a Amanda tomando completo control sobre mi me excitó mucho. Se me paró el pito hasta quedar completamente duro. Amanda me tomó las manos y las puso sobre mi cabeza sin soltarlas. Me dio un beso en la boca y terminó mordiéndome el labio. Esto me gustaba cada vez más. Después sentí que hacia algo con sus manos y antes de que me diera cuenta estaba esposado al respaldo de la cama.

"¿Okay? ¿Y esto?" le pregunté un poco nervioso, pero muy excitado.

"¿Te gusta o te asusta?" preguntó.

"No sé, depende de ti," le dije.

"Quiero probar algo nuevo, a ver si te gusta," me dijo mientras sacaba algo de su buró. Cuando volteé a ver que era, ya me estaba poniendo una venda en los ojos. Me puse un poco más nervioso, la verdad es que nunca me ha gustado estar completamente a merced de alguien más, pero también me daba mucha curiosidad lo que iba a pasar.

Después de dejarme esposado y sin poder ver, amarró mis pies al otro extremo de la cama. Sentí cómo ajustaba una cuerda que dejaba mis piernas separadas unos 70 cm. La misma cuerda ataba los dos talones, por lo que si movía un pie, el otro se estiraba en el sentido contrario. Sentí las manos de Amanda pasando por mis piernas y subiendo hacia mi cuerpo. Recorrió mis muslos hasta llegar a donde se juntaban ambos y agarró mi paquete entero; con sus manos abiertas se recargó en mi paquete y palpó todo lo que había ahí. Mi verga dura estaba a punto de romper mis boxers y mis shorts que todavía traía puestos. Con sus manos acomodó el miembro y quedó totalmente en dirección extendido. Amanda me bajó los shorts lo suficiente para que mi paquete quedara únicamente cubierto por mis boxers pegados.

Lo que pasó a continuación me tomó completamente por sorpresa. Yo estaba disfrutando de ese momento erótico, y esperaba más caricias o más rasguños de parte de Amanda; lo que recibí fue un fuerte golpe en los huevos que me desconcertó por completo y me hizo revolcarme en mi lugar tratando de zafar lo que me tenía sujeto. Solté un grito de dolor abriendo por completo mi boca en forma de "o", y sentí que me metían algo dentro, como un pedazo de tela, para después sellar mi boca con cinta adhesiva de esa gris que se usa para empaquetar cajas. Mis siguientes gritos fueron solo gemidos atrapados en mi garganta. Un segundo golpe en los huevos casi me deja inconsciente por el dolor.

Amanda decía algo, pero no tenía cabeza para entender sus palabras. Un tercer golpe me hizo sacudirme de un lado a otro, tratando inútilmente de zafar los nudos de mis pies, que jalaban de un lado a otro la cuerda que los mantenía atados al marco de la cama. Mi pene estaba completamente flácido para entonces. Aun podía sentir un poco de liquido que salía de mi verga por la excitación anterior. Sentí que Amanda me quitaba los boxers, otra vez solo justo hasta donde quedaba expuesto mi sexo. Agarró mis dos huevos adoloridos y los estiró hacia ella. Con una mano los tomó de la base para que quedaran atrapados. Mis huevos salían en el otro lado de su puño. Con su otra mano abierta los masajeó aplicando presión poco a poco. Yo empecé a gemir de dolor otra vez. Levantaba mi cabeza tratando de expresar mi dolor y pedir que parara. Cuando su mano aplastaba sin piedad mis huevos y parecía que me iban a estallar, dejó de poner presión sin soltarlos. Me tenía literalmente de los huevos, y empezó a jalarlos hacia arriba.

Mi cuerpo se empezó a arquear intentando liberar la tensión que generaba la mano de Amanda. Cuando estaba en mi punto más alto y no podía arquear más mi cuerpo Amanda se detuvo, pero luego empezó a jalarlos otra vez solo que iba abriendo su puño poco a poco, hasta que por fin mis huevos se escaparon escurriéndose entre su palma y sus dedos. Mis huevos se estrujaron pasando por su mano hasta quedar libres al fin. Mi cuerpo se dejó caer, relajado, en el colchón. Mi mente suplicaba que no siguiera más tortura. Mi respiración, que estaba a mil por hora, se calmó a la vez que el dolor se apaciguaba. Por fin pude escuchar lo que decía Amanda.

"¿Te duele, papacito?" me dijo con su tono irónico que usaba cada vez que se enojaba. "Solo para que sepas lo que se siente que te dejen como trapo usado cada vez que te cogen."

Me agarró el paquete completo con su mano y yo solté un gemido que la hizo reírse. Agarró mi verga y mis huevos y jugó con ellos un rato, jalándolos en direcciones opuestas, sacudiendo todo, apretando sin mucha fuerza.

"¿Tienes miedo, nalga? Vuser, lo que hagamos aquí se queda aquí ¿no? esa es nuestra regla. No te preocupes, de aquí no sale nada." Terminando esa frase me apretó el testículo derecho y yo encogí mi cuerpo tratando de cubrirme. Mis rodillas no estaban ni cerca de alcanzarse a tocar. Después de algunos segundos soltó mi huevo derecho y agarró el izquierdo. Lo apretó, y yo traté de gritar.

"Va a ser una larga noche, Vuser. Ponte cómodo," dijo Amanda cerca de mi oido, y luego lamió mi boca. "Te voy a quitar las ganas de cogerme para siempre. Y no creas que eso no me duele, me encantan las cogidas que me das. Pero ya me harté de ser tu puta. Por lo menos ahora ya sabré por qué no me invitas a salir."

Sentí que su peso en mi estómago. Debía estar sentada sobre mi dándome la espalda, porque después sentí sus manos recorriendo mis muslos hasta llegar a la ingle y atrapar con sus dos manos mi paquete. Lo agarró con fuerza y lo estiró hacia ella jalando mi verga y mis huevos al mismo tiempo.

"Este amigo ya no va a querer salir a jugar," dijo mientras yo suplicaba que no fuera a arrancar mi sexo. Luego me soltó solo para dejar caer si puño cerrado en forma de martillo justo en medio de mis piernas. PUM. Después repitió eso tres veces más, PUM PUM PUM, yo pensé que me iba a desmayar.

Para mi suerte se detuvo. Se levantó de donde estaba y la sentí caminar en la cama. Luego su pie voló en medio de mis piernas y conectó directamente en mis testículos aun sensibles por la tortura. No sé si el hecho de no poder gritar hacía que fuera peor mi agonía. Me pateó las bolas una vez más, y luego se dejó caer con su rodilla en mi pelvis.

Amanda sintió que mi verga le estorbaba para torturar mis testículos, así que me puso de vuelta los boxers para poder acomodar mi pito fuera de la trayectoria de mis huevos. "Así me gusta más," dijo Amanda, y cayó con su puño entre mis muslos. El dolor explotó una vez más y una vez más me di cuenta que no tenía la fuerza suficiente para quitarme las ataduras. Lo que sí se desajustó fue la venda que tapaba mis ojos por el movimiento de mi cabeza. Ahora podía ver qué hacía Amanda. Cuando se dio cuenta de esto creo que le dió más placer torturarme. No sé si era la mirada de terror que tenía, pero sonreía cuando me veía advertir que otro golpe se acercaba. Luego fingía que me iba  a pegar y se detenía, solo para terminar el castigo cuando me relajaba.

"No sabes lo bien que se siente tenerte así. Me encantan las luchas de humillación, y creo que esto es lo mejor que he hecho." Amanda parecía extasiada.

Se acostó en la cama boca abajo entre mis piernas. Su cara estaba frente a mi bulto cubierto por el boxer. Yo descansaba del dolor tan intenso que me estaba haciendo sentir. No sabía qué esperar, ni cuánto iba a durar el tormento.

"Voy a extrañar este juguete," dijo Amanda, y luego acercó su boca a mi paquete. Primero lo lamió desde abajo hasta arriba, lo cual se sintió muy bien. Mi pene estaba totalmente estirado hacia arriba, como si estuviera erecto, pero no lo estaba. La caricia me hizo sentir cosquilleos en todo mi sexo. Mi escroto se encogió un poco. Después llegó el suplicio. Amanda abrió la boca lo más grande que pudo y mordió mis huevos. Traté de cerrar mis piernas y atrapar su cabeza, pero no sirvió de nada, ella solo mordió más fuerte y más frecuentemente y me dejó paralizado. Sentí como mis testículos se machacaban y los dientes se encajaban en uno y en otro, haciendo que el dolor se volviera muy agudo. Amanda alejaba su cabeza con mis huevos en su boca y la movía de un lado a otro como un perro sacudiendo un juguete. Mi respiración se aceleró al máximo y sentí mi corazón latiendo fuertemente en mi pecho. Estaba muy asustado, y no sabía qué iba a hacerme Amanda al final.

Por fin dejó de morderme los testículos. El dolor que quedó era igual de insoportable que el que sentí cuando clavó sus dientes. Amanda puso una mano en mi paquete y lo sobó fuertemente. Esto hizo que el dolor que se estaba disipando se activara otra vez. Mi largo gemido delató mi dolor.

"Ya sé lo que te voy a hacer antes de dejarte ir. Y ¿sabes qué, papi? No te va a gustar nada." Me dijo con una voz muy cruel. Antes de saber lo que iba a hacer yo ya sabía que fuera lo que fuera iba a ser peor que lo que me había hecho hasta ese momento.

"¿Te han controlado el orgasmo antes, Vuser?" mi cara se volvió una mascara de terror. "¿Sí?" Yo dije que no con la cabeza. "¿No te lo han hecho, o no quieres que te lo haga?" Yo seguía girando mi cabeza de un lado al otro. "Bueno, no importa, te lo mereces por andar cogiéndote a Rebeca." Mi cara me delató otra vez "¿Creías que no sabía? No me importa, la verdad, pero no voy a dejar que te la vuelvas a coger en un buen rato." Amanda se rió, y yo me puse blanco del miedo.

Me bajó los boxers otra vez. Mi miembro flácido no tenía la menor intención de eyacular, pero Amanda empezó a acariciar mi abdomen bajo. Después pasó sus dedos por mis muslos con sus uñas, e involuntariamente reaccioné a eso. Me lamió los pezones y los mordió un poco, todo funcionaba para su propósito, pero lo que me hizo acelerar la respiración fue cuando chupó mi oreja y  luego la mordió ligeramente. Mi verga reaccionó, y Amanda no perdió tiempo. Me agarró el pito. Lo apretó. Lo soltó. Y por último lo metió en su boca.

La humedad me hizo sentir placer, y la sensibilidad en mi verga y también en mis huevos me hizo sentir que quería que continuara. Amanda siempre había sido una experta en sexo oral, y esta vez tenía una buena razón para esforzarse y hacerlo mejor. Mi verga se paró. Amanda dejó de chupar y empezó a jalarmela. Todo lo hizo bien, incluso me agarró los huevos suavemente. No sé si sabe que eso me encanta o simplemente es algo que le gusta a todos los hombres y lo ha notado. Me masturbó por algunos minutos, cambiando la intensidad y la velocidad. Después me soltó.

"¿Te gusta, mi rey?" dijo mientras tomaba otra vez mi verga y empezaba a masajearla con sus dedos. Escupía en ella para que resbalaran mejor y se acercaba poco a poco a la punta que luego frotaba con un dedo haciendo círculos. Yo estaba a punto de la gloria. Pero se detuvo otra vez. Pero esta vez no solo dejó de excitarme, sino que también me dió una fuerte palmada en los huevos que me cayó como un shock eléctrico.

Ya me habían controlado los orgasmos antes, pero nunca con tortura. Amanda tenía razón, esto lo iba a sufrir peor que lo demás. Otra vez me masturbó hasta el borde del clímax para luego soltar mi miembro y comenzar a apretarme los huevos fuertemente. Mis gritos de nuevo se ahogaron en mi boca gracias a la cinta gris.

Una vez más Amanda me acarició la verga y me rasguño el abdomen para llevarme a la orilla del orgasmo, pero esta vez me jaló los testículos lo más que pudo. Esto resultó peor para mí de lo que ella planeaba porque al estirarme los huevos también jaló la piel de mi verga y eso me ayudó a casi lograr el orgasmo, pero para mi desgracia no los jaló el tiempo suficiente y otra vez perdí la oportunidad. Para ese momento yo ya no podía más, estaba sufriendo de verdad. Después de soltarme me pellizcó con fuerza el pene, de arriba a abajo. Luego clavó su uña en la cabeza de mi verga para terminar con un puñetazo a los huevos. Estuve a punto de quedar inconsciente del dolor.

"Una vez más y acabamos," me dijo. Yo solo gemí igual que lo había hecho desde hacía dos horas. "No estés triste, ahora sí te voy a dejar terminar." No supe si creerle o no, pero tenía tantas ganas de venirme que escogí tener fe en que pasaría. Claro que si hubiera sabido lo que seguía, tal vez hubiera preferido que me dejara con las ganas una cuarta vez.

Amanda se desnudó. Su cuerpo fornido me hubiera excitado si no estuviera sufriendo esa tortura. Fue a su buró y sacó un vibrador. Se sentó entre mis piernas y se empezó a masturbar. Al parecer se excitaba sabiendo que me torturaba porque parecía ya lista para venirse. Yo tenía la esperanza que me cogiera y fuera así como me dejara terminar a mí.

Con su vibrador prendido recorría su sexo desde el clítoris hasta la vagina. Luego lo dejaba ahí y hacia círculos penetrando poco a poco. Me dieron ganas de tocarla. Luego acercó el vibrador a mi verga y me comenzó a excitar. Una vez más mi pene adolorido se paró. Amanda acercó su boca y otra vez me dio sexo oral. Agarró mis huevos, super sensibles por tanta tortura, y suavemente jugó con ellos. Tomó el vibrador mientras me la mamaba y se lo metió en el burro. Yo solo era un espectador esperando que lo complacieran. Después de unos minutos, sacó mi verga de su boca y la agarró fuertemente con una mano mientras seguía masturbándose con la otra. Cuando estuvo a punto de venirse se montó en mí, con su mano acomodó mi verga para que la penetrara y comenzó a saltar violentamente mientras disfrutaba su orgasmo. Yo no disfruté nada, mi verga me dolía por los sentones que estaba recibiendo. Claramente la intención de Amanda era disfrutar ella y no yo.

De repente Amanda se detuvo un momento, su cara se transformó en una mueca extraña y se quedó congelada unos segundos. Luego gritó y comenzó a moverse otra vez, y sentí el calor del liquido que salía entre sus piernas. Cayó con su cara en mi pecho y me agarró la cara. Parecía muy satisfecha. ¿Seguiría yo?

"Ahhhh, qué rico, Vuser. Te voy a extrañar," me dijo antes de sacarme de ella. Luego se acomodó otra vez entre mis piernas; estaba de rodillas y me agarró la verga mojada. Empezó a masturbarme, muy tranquilamente esta vez, y también me sobó los testículos.

No tardé mucho, unos cuantos minutos después sentí que estaba a punto de venirme, por cuarta ocasión. Amanda notó esto y aceleró el paso como siempre hacía, dándome placer. Jaló ligeramente mis huevos y eso me dio lo último que necesitaba. Mi verga explotó de júbilo y el semen me baño el abdomen. Gemí una vez más pero esta vez de gozo. Sentí que me liberaba de un gran peso que llevaba en mi cuerpo. Por unos segundos no pensé en nada, mientras Amanda seguía ayudándome a terminar el orgasmo.

Pero cuando yo terminé, ella apenas iba empezando. Siguió frotando mi verga, y en un principio se sintió muy bien, pero luego comencé a sentir que me daban calambres y quise decirle que se detuviera. Obviamente eso no iba a suceder pronto y una vez más me di cuenta que mi sufrimiento no había terminado.

Comencé a gemir más, ahora de dolor. Amanda no se detenía. Aplicó más fuerza con su mano a mi pene. Lo agarró de la base y apretó con fuerza llevando su mano a la punta, y luego con su otra mano presionó la cabeza de mi verga con fuerza y comenzó a hacer círculos sobre ella. No puedo describir lo que sentía, me estaba volviendo loco de dolor. Después de eso siguió con la tortura de todo mi sexo. Puso ambas manos en la base de los huevos y la verga, apretó con fuerza y me levantó machucando todo en su paso. Mis huevos y mi verga quedaron atrapados entre sus manos y se estiraron a su punto máximo. Yo gritaba sin emitir ningún sonido.

Siguió con esa técnica unos cuantos minutos. Me dejaba caer en la cama para volver a levantarme de mi sexo con fuerza. Yo no podía creer que pudiera sentir tanto dolor. Me levantó cinco veces dejándome suspendido unos momentos cada vez. Por fin me soltó, me vio a los ojos y me dijo: "Jódete, Vuser."

En ese momento hizo un puño con su mano y comenzó a golpearme directamente en los huevos. Una, dos, tres veces. Cada vez con más fuerza. Yo gritaba y gritaba como loco. Otra vez, y otra vez, y otra vez. Mis ojos se llenaron de lágrimas y comencé a llorar. Mi cuerpo se movía de un lado al otro, trataba de levantarme, de esquivar los golpes, pero nada funcionó. Amanda seguía golpeándome, no supe cuantas veces. Y yo no dejaba de llorar como un niño. Jamás sentí tal tormento, ni antes ni después.

Cuando por fin Amanda se cansó, dejó de golpearme. Yo seguí llorando un rato más. Luego sentí que Amanda me desataba los pies. Cuando estuvieron libres los junté inmediatamente. Mis manos seguían esposadas. Sin paciencia ni cuidado me giró para poder quitarme las esposas. Cuando por fin estuve libre me encogí y llevé mis manos entre mis piernas. Después de unos segundos traté de quitarme la cinta de la boca con una mano. Batallé mucho, pero por fin pude escupir lo que me había metido Amanda para evitar que alguien escuchara mis gritos. Seguí ahí tirado en la cama no sé cuanto tiempo, respirando, tratando de soportar el dolor hasta que se mitigara.

Amanda seguía frente a mí, viendo cómo sufría. Estoy seguro que me quería correr ya de su departamento, pero sabía que tenía que esperar un poco a que por lo menos me pudiera parar. Cuando perdió la paciencia me obligó a levantarme. Todo lo que hay entre mis piernas me dolía. Me acomodó los boxers y los shorts de mala gana, no pude evitar gritar del dolor. "¡Cállate, si no quieres que le siga una hora más!" me dijo enojada y como pude obedecí. Me sacó de su departamento y me caí al instante que estuve fuera. Me aventó mi camiseta en la cara y me advirtió que no me quería ver ahí cuando volviera.

Me quedé tirado un rato más y luego por fin pude avanzar hasta mi coche. Me quedé sentado y recuperándome una hora más sin moverme. Me pregunté cuánto tiempo pasaría hasta que me dejara de doler y si tendría que ir a ver a algún doctor. Algo tenía seguro, no quería volver a ver a Amanda jamás.

Man of the North (part 2 of 3)

 (This story starts with "Man of the North (part 1 of 3)") That afternoon I went to see my uncle. I was surrounded right away ; I ...