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viernes, 27 de diciembre de 2019

TomSoDak una segunda visita

Tom

Otra vez estaba con Tom en su departamento. Los dos listos para comenzar a luchar. Era la revancha de la primera lucha que habíamos tenido. En la primera había ganado yo, y quería repetir la hazaña; pero obviamente Tom también quería ganar y como era más grande y musculoso que yo, tenía ventaja. Sobre todo tenía la ventaja del orgullo. La última vez no solo había perdido contra mí, un tipo más flaco y menos experimentado, sino que se había llevado una pequeña humillación que le regalé: cinco golpes en los testículos. ¿Dije cinco? Fueron siete. Pobre Tom, se había quedado inmóvil en el suelo de su departamento. Pero, hombre como era, me había vuelto a invitar para una revancha. Y aquí estábamos de nuevo. 

Decidí llevar unas mallas de lycra blanco con rojo, como de lucha libre profesional, y debajo unos tights rojos, por si Tom se burlaba de mí. Tom llevaba unos shorts de lycra negros, parecían speedos square legs. Cuando me vio soltó el comentario enseguida:
Nando con mallas rojas

"¿Qué traes puesto?" me preguntó.

"Es mi traje de lucha tipo WWE," contesté un poco orgulloso y un poco apenado. 

"¿Y vas a pedir que te llame con tu nombre de luchador también?" me dijo. 

"No," me reí, "es solo porque me gusta mucho la lucha libre y siempre he querido luchar como un luchador profesional, es todo."

"Ok," dijo sin más comentarios sobre mi traje, "si ya calentaste, vamos a empezar. Van a ser otra vez tres caídas. Quien gane dos, gana."

"Perfecto," contesté. Tom me dio una mirada de aprobación, y después dijo en voz un poco baja "me agrada la idea de una lucha como las de la televisión".

Empecé a moverme con más velocidad estirando mis extremidades, preparándome para comenzar la lucha. Me gustaba estar de nuevo en el departamento de Tom. Su gimnasio/ring era fascinante de ver. El espacio era muy cómodo para una lucha como la que habíamos tenido la última vez. Pensé que tal vez sería bueno buscar un ring público dónde luchar más profesionalmente. 

Estaba perdido en mis pensamientos, moviéndome dentro de mi propio espacio, cuando sentí un golpe en la espalda, justo debajo de la nuca, que me lanzó hacia enfrente y me hizo chocar contra las cuerdas en el extremo donde se ubicaba el poste. Sorprendido apenas pude voltear mi cuerpo para ver a Tom lanzar su segundo ataque, un antebrazazo al pecho que me lanzó contra las cuerdas de nuevo. Reboté con la espalda y el impulso me aventó de frente a Tom, quien me recibía con su rodilla en la ingle. Solté un grito de dolor que me sacó el aire. 

"¡¡¡¡¡¡OOOOUUUFFFF!!!!!!" mis huevos explotaron y caí al suelo. 

"Bienvenido de vuelta, Nando. Te dije la vez pasada que era la última vez que limitaba mis golpes. Y me debes varios de esos." Dijo Tom, mientras se acercaba a mí. 

Puso su pie en mi espalda. Yo estaba boca abajo, con los ojos cerrados y las manos en mis partes soportando un intenso dolor. Sentí que Tom me tomaba de los brazos y me obligaba a dejar de sobarme los huevos. Yo no tenía muchas fuerzas para evitarlo. Parado detrás de mí me tomó de las muñecas y jaló mis brazos hacia él mientras ponía un pie en mi espalda. Me estiró para lastimarme más; yo solo podía quejarme. "¿Qué te parece esta lucha 'profesional' Nando?" me dijo, y luego soltó mis muñecas y puso más presión con su pie en mi espalda para estrellarme contra la lona. Caí de boca golpeando mi cara contra el suelo y acomodé mis brazos en ambos lados de mi cabeza. Me dolía la nariz, la cabeza, la espalda, los brazos y los huevos. Me di cuenta que había dos opciones. O iba a ser una lucha corta, o iba a ser una lucha muy larga. Pero desde el principio me di cuenta que yo no iba a pintar mucho en ella, solo iba a ser el jobber de Tom fuera lo que fuera que durara la lucha. 

Todavía mareado sentí el pie de Tom pateando mi costado para que me volteara. No reaccioné de inmediato, por lo que tuvo que patear mis costillas un poco y luego empujarme con la planta de su pie cuando levanté un poco mi cuerpo. Volvió a empujar mi pecho hasta que quedé completamente boca arriba. Lo vi levantar su pierna y luego sentí la planta de su pie en mi paquete. Mi reacción fue tomarlo con mis manos, su reacción fue poner más presión. Lo dejó ahí alrededor de 25 segundos, tal vez más. No me dolía, solo era incomodo, sobretodo cuando lo movía para poner más presión.

Tom quitó su pie de mis huevos y lo levantó. Yo me cubrí mi sexo por miedo a que fuera a bajar el pie con fuerza, pero no lo hizo, por lo menos no en mis huevos. Tom dejó caer su talón en mi abdomen y me sacó el aire. Me hizo doblarme y me cubrí el estómago. Luego cayó Tom de rodillas sobre mí y me empezó a golpear la cabeza y la espalda. Yo era un dummy de entrenamiento prácticamente. 

Tom me puso de espaldas contra el piso y puso sus rodillas sobre mis brazos. Me tomó de la barbilla y me dio una cachetada. "Eres mi perra esta lucha, Nando. Voy a hacer contigo lo que quiera." Me dio más cachetadas, algunas leves, algunas no tanto. Yo trataba de retomar fuerzas para reaccionar, pero era muy difícil; Tom era pesado y yo estaba completamente sometido.

Se me ocurrió intentar liberarme de Tom apoyándome con los pies y tratando de levantar mi cuerpo para desvalancearlo y poder quitármelo de encima, p
ero resultó ser un error. Tom apenas se movió como su estuviera en un toro mecánico en la velocidad más baja, pero no le gustó mi rebeldía. Todavía con una mano en mi barbilla, lanzó su otra mano hacia atrás y me agarró de los huevos. Jugó un poco con mi paquete para mejorar el agarre y apretó ambos testículos con fuerza. 

"¡Aaaagggghhhh!" fue lo único que salió de mi boca mientras mis bolas eran torturadas. 

"No te muevas Nando," me dijo Tom. "Creo que no entendiste cuando te dije que esta lucha vas a ser mi perra." Y apretó más mis huevos. Solté un gemido y usó la mano que tenía en mi barbilla para tapar mi boca. Se acercó a mi cara sin soltarme. "Tus huevos son míos hoy." 

En un movimiento que no puedo explicar, volteó su cuerpo para quedar viendo mis pies; su culo casi en mi cara. Sin soltarme de los huevos se puso a golpear mi abdomen, y cuando encogía mis piernas como instinto para tratar de protegerme, solo tenía que apretarme más de las bolas y estirarlas hacia arriba para dejar libre otra vez el espacio y golpear mi abdomen más. 

Por fin me soltó y se levantó. Me tomó inmediatamente de los pelos y me llevó hasta las cuerdas. Todo mi cuerpo estaba adolorido ahora. Mis músculos no reaccionaban. Me aventó de espaldas hacia las cuerdas, y pasé mis brazos por encima de la cuerda superior. Tom se puso frente a mí como si me fuera a abrazar pasando sus manos hacia mi espalda. Bajó la cuerda superior y amarró mis brazos entre la segunda y la tercera cuerda. No era que no me pudiera zafar de ese amarre, pero estaba muy cansado para intentarlo. Quedé de rodillas con los brazos estirados a los lados. 

Tom empezó a patearme el pecho y el estómago. Cada golpe me quitaba más fuerzas. Luego Tom se fue al otro lado de las cuerdas, para quedar detrás de mí. Puso sus manos en mi barbilla de nuevo y empezó a jalar hacia él. Mi cuerpo se arqueó hacía atrás, mi espalda estaba en agonía. Tom me mantuvo así un rato, mientras yo solo soltaba gemidos de dolor. Mi cabeza se fue hasta atrás y mi cuerpo se arqueó hacia arriba. Tom jaló más mi barbilla y luego me soltó. Aliviado regresé a mi posición, hincado sobre la lona y mi cara viendo hacia abajo. 

Luego me dio un golpe entre las piernas por detrás. No me esperaba ese golpe que dolió mucho. Instintivamente junté mis rodillas. Tom pasó su brazo alrededor de mi cintura y bajó su mano lentamente hasta mi paquete. "¿Qué tenemos aquí?" preguntó irónicamente. Comenzó a abrir y cerrar su mano en mi paquete estrujando todo lo que encontraba. A veces no me dolía porque me agarraba la verga, pero cuando le atinaba a uno o a ambos huevos, el dolor era irreal. Después de un rato decidió fijar bien el agarre en mis huevos y apretar fuertemente sin que yo pudiera defenderme. Antes de soltarlos los torció para aumentar el dolor (si es que fuera posible aumentarlo). Me soltó y me dejó ahí colgado mientras caminaba alrededor de las cuerdas y se ponía frente a mí.

Yo seguía hincado y mirando hacia abajo cuando vi que sus pies estaban llegaban hasta mí. Levanté la cara y vi justo delante de mis ojos el paquete gordo de Tom. Lo único que pude pensar es que quería soltarle un golpe fuerte y directo en medio de las piernas. Me hubiera encantado ver la cara de sorpresa de Tom, echando el culo para atrás y agarrándose los huevos mientras se hundía de dolor. Pero eso quedó solo en mi imaginación.

"Párate," me dijo Tom. Yo quería obedecer inmediatamente pero me tardé por el dolor que sentía y la incomodidad de tener los brazos entre las cuerdas. A Tom no le gustó mi lentitud. Puso dos dedos en mis fosas nasales y me obligó a ponerme de pie. Luego puso sus manos en mi pecho clavando sus dedos detrás de mis músculos. "Así me gusta verte," me dijo. "Indefenso". Se alejó un paso, me tomó de una pierna y la levantó haciéndola un poco hacia un lado para darme una patada en los huevos. La patada me pegó directamente en ambos testículos. Traté de juntar mis piernas pero Tom era tan fuerte que no pude soltarme de su mano. Me dio otro golpe con el brazo que tenía suelto: lo pasó justo entre mis piernas y me levantó del impulso. Mis brazos se zafaron de las cuerdas y mi cuerpo salió volando quedando yo colgado en su espalda alta con mi paquete en su hombro. Tom dio unos cuantos saltos, en cada uno mi paquete se estrellaba contra su hombro. Y luego me aventó a la lona.

Caí de espaldas. Tom no perdió tiempo y me empezó a patear en la espalda baja. "¿Qué más te hago, Nando?" preguntó. "¿Qué otra manera de humillarte se te ocurre?" No contesté. Pero pronto recibí la respuesta. Tom puso sus rodillas en mi espalda, tomó mis pies y los puso en cruz, y los entrelazó con una de sus piernas. Me tomó de la barbilla y me hizo rodar para quedar él de espaldas en el piso con sus rodillas en mi espalda, y yo totalmente arqueado con una mano suya en mi barbilla y la otra en mis pies. Luego soltó mis pies y su mano voló a mi paquete y lo comenzó a jalar hacia él.

Afortunadamente esa tortura no duró mucho tiempo (si a un minuto y medio se le puede decir poco tiempo) porque no era muy cómoda la posición para Tom. Otra vez me estrellé contra la lona cuando me soltó, cayendo boca abajo.

Para continuar y sin dejarme descansar, me levantó del pelo y me llevó contra las cuerdas. Mis axilas en la tercera cuerda y mis brazos colgado hacia enfrente. Me levantó de las piernas para quedar flotando boca abajo y me dio una patada en los huevos. Mis manos quisieron llegar a cubrir mi bulto, pero las cuerdas limitaban su alcance. Tom me dio otra patada en los huevos. Mi cuerpo se encogió. Levanté el culo y traté de llevar mis rodillas al estómago. Por fin reaccioné y pude liberarme de las cuerdas pasando mis brazos por encima y caí al suelo cubriéndome de más ataques a mis genitales por parte de Tom.

No pasó mucho tiempo antes de que sintiera que Tom estaba a un lado mio, en cuclillas. Luego bajó su rodilla sobre mi cabeza y presionó. Con mi mano traté de liberar un poco la presión para quitar mi cabeza de ahí, pero Tom no me dejó. Por fin se levantó y soltó una órden: "Quítate las mallas, Nando," me dijo con voz firme. Yo no di ninguna señal de haberlo escuchado. Entonces Tom se colocó detrás de mi cabeza, me hizo sentarme en la lona con su rodilla en mi espalda, y pasó sus brazos por debajo de los míos hasta que llegaron sus manos a mis pechos, y comenzó a pellizcar mis pezones muy fuertemente, y me ordenó de nuevo que me quitara las mallas.

"Ahhhhhhh," grité al sentir la tortura en mis pechos.
"¿Te vas a quitar las mallas?" preguntó Tom.
"Sí, sí, suéltame ya," supliqué.
"¡Quítatelas!"

Comencé a bajar las mallas como pude y Tom me soltó. Instintivamente llevé mis manos a mis pezones, pero Tom me advirtió que si no me quitaba las mallas me iba a dejar las tetillas moradas. Entonces me levanté como pude y continué bajandolas.

Cuando tenía las mallas en los tobillos, y batallaba para sacarlas sobre las botas que tenía puestas, Tom me atacó y caí al piso. Con su mano tomó las mallas todavía atoradas en mis tobillos. Mis pies se levantaron, ligeramente abiertos. Tom no dudó y dejó caer su pie sobre mis huevos. El dolor fue automático. Tom puso más presión sobre mi paquete mientras intentaba retirar mis mallas completamente. No supe cuanto tiempo dejó su bota en mis testículos, pero me dolió mucho. Me pisaba y ponía más presión cuando jalaba las mallas para retirarlas de mis botas. Al final cayeron mis pies a cada lado de Tom mientras su bota todavía pisaba los shorts que tenía puestos.

Quitó su pie de mi bulto, yo llevé mis manos para cubrirme pero Tom me levantó. Me llevó a las cuerdas y antes de que pudiera reaccionar me dio dos fuertes puñetazos en los huevos. Yo me caí de rodillas en el piso y llevé mi cabeza a la lona. Tom aprovechó para meter su mano entre mis piernas, por detrás, y buscar mis huevos, que eran más fáciles de agarrar con solo los tight shorts que traía. Los apretó, causándome mucho dolor. Yo grité y me vi obligado a levantar mi trasero por el castigo de Tom. Me quedé con las manos y los pies en el piso; mi cuerpo en forma de V invertida. Tom no me soltó. Apretó más fuerte y movió su mano para torturar más mis testículos. Y luego levantó más su mano con mis huevos atrapados, y mis pies dejaron de tocar el suelo.

Totalmente sometido al dolor no pude más que soltar gemidos y soportar la tortura esperando que Tom me soltara pronto. Afortunadamente no tuve que esperar mucho más antes de que lo hiciera.

Cuando por fin mis huevos se vieron libres de la garra de Tom, caí al suelo en posición fetal y me quedé así durante unos momentos. Luego Tom me puso sobre mi espalda, se sentó en mi pecho con su bulto a centímetros de mi cara. Yo no podía moverme y en realidad no quería saber nada; solo podía sentir el dolor en mis huevos.

Tom golpeó la lona una vez:
"¡Uno!"
De nuevo:
"¡Dos!"
Y una vez más:
"¡Tres! Perdiste, Nando."

Yo tenía mis ojos cerrados. Tom me agarró del pelo y movió un poco mi cabeza. "¿Lo dejamos así por hoy, o quieres que pasemos a la segunda caída?" Yo solo moví mi cabeza de un lado al otro. "Muy bien, aquí lo dejamos." Luego se levantó y salió del cuarto, dejándome tirado y pensando si mis testículos todavía servían para algo.









viernes, 24 de mayo de 2019

TomSoDak

Conocí a Tom en un sitio web de ballbusting. Cada usuario tenía que llenar un perfil con su información y por alguna razón encontré el suyo y comenzamos a platicar. Era un luchador undergorund que al igual que yo tenía una fijación por los golpes bajos. Después de el primer mensaje de saludo comenzamos a platicar sobre nuestros gustos y nuestras experiencias de ballbusting. Lo que me decía es que era buster, lo que quiere decir que prefiere ser quien golpea en los huevos a otros. Le gustaba someter a luchadores con golpes bajos y humillarlos lastimando sus genitales. Me contó cómo había deshuevado a sus adversarios con rodillazos y puñetazos, y cómo también había recibido él muchos faules en la lucha.

Después de algunas semanas de platicar en línea decidimos hacer un esfuerzo por conocernos en persona. Acordamos que yo iría a Dakota del Sur, y pelearíamos en su departamento donde tenía un tapete de lucha grecorromana. Durante las siguientes dos semanas puse mucho esfuerzo en el gimnasio tratando de ganar algo de musculatura para tratar de reducir la diferencia en tamaño contra Tom. A pesar de que habíamos acordado que sería una lucha tranquila, no quería verme tan débil frente a él. Por lo que había visto en sus fotos de perfil tenía todo el look de luchador profesional, y un paquete que invitaba a golpear solo eso. Afortunadamente Tom me había dicho por mensaje que a pesar de ser buster no le importaba ser bustee de vez en cuando, sobre todo cuando el rival era más débil y necesitaba esa ventaja. Aparte de que más de una vez había accedido a ser el jobber en las funciones de lucha en las que participaba y eso incluía, casi por ley, recibir golpes bajos.

Decidimos primero conocernos en persona en un bar y platicar antes de ir a la lucha. Ambos estábamos de acuerdo con esto porque sabemos que nunca puedes confiar 100% en los perfiles de internet, entonces, para seguridad de los dos nos quedamos de ver en un pub que, según me dijo, estaba cerca de su casa.
Llegué al Paddy's Pub cerca de las 6 de la tarde, después de casi 8 horas de manejar desde Denver hasta Pierre. Tenía solo una mochila con dos cambios de ropa. Entré al bar y busqué a Tom. Ambos habíamos enviado una foto de nuestra cara para reconocernos. Lo vi sentado en una mesa cerca de la entrada y nos reconocimos de inmediato. 

"¿Tom?" le pregunté. 
"¿Nando?" contestó. 

Nos saludamos y después de pedir una cerveza nos sentamos a platicar. Empezamos platicando de mi viaje y de lo que yo hacía en Denver. Después platicamos de lucha y faules que era lo que nos había llevado a estar sentados ahí. Me platicó de cómo le atraía la lucha desde chico y de cuándo comenzó a interesarse por golpear a los hombres en los testículos. Yo le conté de mi experiencia de ballbusting y de cómo también desde chico había tenido una fijación con ver a hombres caer al suelo agarrándose la entrepierna.

Tom era más musculoso de lo que se veía en las fotos que me mostró. No tenía claro si había escogido esas fotos para no asustarme o simplemente había decidido no mostrar fotos recientes. Cuando nos habíamos saludado noté que no era mucho más alto que yo, si acaso un par de centímetros, pero a pesar de que tengo cuerpo atlético y algo de músculo, claramente me veía mucho más pequeño que Tom.

Pronto comenzamos a platicar de la lucha para la que nos habíamos juntado. Tom se sabía en ventaja y me dijo que no le importaba poner poca resistencia. Yo, agradecido con la oferta, le dije que no me importaba tampoco perder una lucha, lo mejor sería medir fuerzas y dejar claro que no necesitábamos lastimarnos. Tom estuvo de acuerdo y al final me dijo una idea que se le había ocurrido.

"Mira, qué tal si luchamos a cinco caídas, y el que gane tres es el vencedor. Gana quien logre que se rinda el otro. Y para que esté más parejo y aparte puedas practicar ballbusting conmigo, te voy a regalar cinco golpes en los huevos," me dijo.

La idea me pareció muy buena. Tendría yo oportunidad de faulearlo cinco veces durante la lucha; incluso podría usar los cinco faules para derrotarlo ya que me especificó que lo podía golpear fuerte, mientras no fuera nada extremo. Por lo tanto, sintiéndome un poco en desventaja de tamaño, le dije que estaba de acuerdo.

Tom de South Dakota
Llegamos a su departamento 2 horas más tarde. Entramos a un pequeño recibidor. Frente a mí estaba una cocina integral y a un lado una sala con muebles muy bien cuidados. Tom me mostró dónde había un baño para cambiarme la ropa y me dijo que él se iría a cambiar a su cuarto para luego ir al lugar donde lucharíamos. Me cambié rápidamente, me puse mis  briefs azules de lucha, eran mis favoritos, quería verme lo mejor posible contra un luchador semi profesional. Salí del baño y esperé a Tom unos momentos. Luego salió el de su cuarto vestido con singlets de lucha grecorromana rojos. Parecía un luchador de olimpiadas. Se veía aún más musculoso y su paquete quedaba acorde al físico que tenía. En ese momento me dieron ganas de tirar un puñetazo directo entre sus piernas.

Me llevó a su gimnasio, que no parecía que correspondiera a un apartamento de ese tamaño. Tenía una maquina para ejercitarse y un rack con discos para levantar peso. El tapete de lucha abarcaba 2/3 del área del gimnasio, y separando el área de levantamiento de pesas y la alfombra, Tom había instalado un poste con 3 cuerdas del tipo que esperarías ver en un cuadrilátero de lucha, y estás se amarraban al muro. Me gustó mucho ese toque. No había manera de luchar como en un cuadrilátero real, pero tener esas cuerdas ayudaba a sentirse en una lucha de verdad.

"Ok," me dijo Tom, "vamos a luchar a ganar tres de cinco caídas. Quien pierda tiene que decir 'me rindo' o golpear tres veces como señal. Tienes 5 golpes bajos permitidos únicamente durante la lucha, y yo no voy a usar ninguno, pero" (no había habido ningún 'pero' cuando estábamos en el bar, lo que me hizo prestar atención) "si yo gano, al final, te puedo humillar durante 3 minutos y ahí sí voy a poder deshuevarte.


Acepté gustosamente. Tenía intención de ganar la lucha, pero me parecía justo y aumentaba el riesgo saber que habría un castigo para mí si perdía. Y así, comenzamos a luchar.

Nando
Comenzamos rodeándonos y luego lo abracé por la espalda. Quería ganar la primer caída para que por lo menos se alargara a 4, ya que no veía cómo podría vencer a Tom. Su espalda y hombros eran muy anchos, por lo que no intenté rodearlos. Lo tomé por la cintura y traté de derribarlo. Al no tener éxito intenté sacarlo de balance pateándolo en los pies, y funcionó. Ya en el piso forcejeamos porque yo trataba de rodear su cuello con mis brazos. Mi intención era ahorcarlo para sacar la rendición lo más rápido posible, pero Tom era demasiado fuerte y no lograba posicionarme bien. Para mi sorpresa Tom estaba batallando más de lo que pensé para librarse de mí. No estaba seguro si lo hacía a propósito, pero no parecía. Tom es muy fuerte, como ya dije, y no lo voy a negar ni a minimizar, pero me sorprendió saber qué tan fuerte soy, medido contra alguien que se prepara para luchar. Traté de mover mis brazos hacia arriba mientras lo ganchaba con mis piernas alrededor de su cintura pero en ese momento Tom sacudió su cuerpo para tratar de librarse de mi y me sacó de equilibrio.

No logró que lo soltara del cuello pero tuve que retirar mis piernas del amarre que lo tenía. Rápidamente me coloqué de forma que no tuviera que soltarlo del cuello y quedé con Tom de frente a mí, su nuca en mi pecho y mi antebrazo debajo de su barbilla. Comencé a hacer palanca con su cuello y su cabeza como si le quisiera arrancar la cabeza. Tom hacía todo lo posible por librarse, y comenzó a golpearme en las cotillas sin mucho éxito. Yo seguía apretando poco a poco para darle tiempo de que se rindiera, mientras él trataba de moverse sin lograr que mis brazos perdieran fuerza, aparte de que yo tenía una buena posición con mis piernas que me anclaban en el piso. Aproveché esto para cansarlo ya que yo tenía toda la ventaja.

Después de un rato de forcejear y recibir golpes inútiles de parte de Tom decidí poner la presión necesaria para rendirlo. Me sentí muy orgulloso de ponerlo en esa situación de desventaja. Jalé su cabeza hacia mí mientras con mi cuerpo ponía presión. En menos de diez segundos Tom golpeó tres veces el piso rápidamente y lo solté.

"Uno para mí" dije mientras Tom rodaba en el piso para quedar boca arriba masajeando su cuello. Me levanté y empecé a caminar brincando preparándome para la siguiente caída. Pensé que ni siquiera había tenido que faulear a Tom para ganarle y eso me levantó el autoestima. Pero ahora seguro Tom iba a querer ganar a toda costa. Por fin se levantó y me dijo que esta vez no iba a ser tan fácil.

La segunda caída fue similar aunque duró más tiempo. Los dos estuvimos en ventaja más de una vez. En cierto momento Tom casi me tuvo completamente sometido ya que me tenía controlado debajo de él, y con sus piernas me amarró la cabeza, pero el resto de mi cuerpo seguía libre aunque intentaba algo con sus brazos. Yo estaba de rodillas casi en pose de niño tratando de evitar que me sometiera completamente. Tom tenía sus brazos en mi cintura; yo estaba hecho bolita y él estaba arriba de mí. Cuando intentaba liberarme de sus piernas, sentí que tenía fuerza suficiente para ponerme de pie. Al hacer el esfuerzo de levantarme con Tom sobre mí, hizo un esfuerzo para evitarlo y su instinto lo delató porque sentí su mano pasar entre mis piernas hasta mi paquete, pero se detuvo y me agarró del muslo. Grité un poco cuando apretó fuertemente la parte interior de mi muslo, que si bien no es tan sensible como los testículos, no deja de ser doloroso ese castigo. Finalmente me pude poner de pie con Tom de cabeza amarrado a mi espalda con sus piernas alrededor de mi cabeza y sus brazos rodeándome la cintura. No desaproveché mi posición y me tiré hacia atrás cayendo encima de él. Soltó un gemido de dolor y sentí que sus piernas no ponían mucha resistencia ya.

Aproveché ese momento para liberarme completamente y atacarlo tomándolo del cuello. Lo que sigue fue lo más fácil de toda la lucha. Lo ahorqué desde atrás con mis piernas rodeando su torso. Apliqué fuerza con mis brazos y mis piernas al mismo tiempo y Tom se rindió inmediatamente.

Otra vez me levanté brincando y levantando los brazos en señal de triunfo. Me había cansado más esta vez pero claramente le había ganado legalmente a Tom. Al verlo tirado otra vez no me pude contener las ganas de faulearlo. Ya había ganado dos caídas sin necesidad de golpes bajos, si ganaba una más habría desperdiciado la lucha. Así que tomé un rol de heel, que normalmente nunca tomo y me acerqué a Tom.

"No me duras nada, maldito luchador de circo," le dije con tono sarcástico. "Ni siquiera me das buena pelea, pero no creas que te voy a dejar ir sin lo que prometiste." Al decir eso lo tomé de ambos pies, abrí sus piernas y le di un fuerte pisotón en los testículos. Su paquete se veía muy bien marcado por lo que no batallé para atinarle a sus huevos. La reacción de Tom me confirmó que el golpe había sido certero; soltó un grito de dolor, juntó las piernas asimétricamente, y se puso las manos en los huevos. Su cara se ocultó viendo al piso y los gemidos no pararon mientras se sobaba.

Me gustó lastimarlo así, un poco sin que lo esperara y sobre todo, sin ser un arma por verme rebasado. Después de eso le di patadas ligeras en la espalda y las piernas en forma de humillación y juego. Y después de eso recordé que Tom me había amenazado con humillarme si ganaba la lucha, por lo que decidí corresponder con la misma amenaza.

"Una caída más y se termina la lucha, así que creo que te voy a humillar al final para que no sea tan corta," le dije mientras seguía tirado. "Y claro que tu paquete queda disponible para esa humillación. Nada más para subrayar el riesgo de que pierdas una caída más," le dije sonriendo.

La tercera caída comenzó apenas Tom se recuperó del pisotón entre las piernas que le di. Otra vez empezamos los dos de pie y rodeándonos, pero desde el principio sentí un aumento en la intensidad de Tom. Claramente no se iba a dejar ganar. Nos tomamos de la cabeza ambos tratando de derribarnos uno al otro. Tom enredo su pierna alrededor de la mía y dio un giro que nos hizo caer. Traté de levantarme lo más rápido que pude pero Tom ya estaba encima de mí cuando levanté la vista. Me tomó por la cintura mientras estaba todavía en el piso y me levantó para aplicar un abrazo de oso. Si alguna vez he sentido que me iban a asfixiar apretando mi tórax, fue esa vez. Me levantó con fuerza y con sus brazos alrededor de mis costillas comenzó a aplicar presión fuertemente. Pensé en rendirme inmediatamente pero ni siquiera podía hablar.

Después de unos segundos de castigo intenso me tiró al piso; no pude reaccionar cuando ya me tenía boca arriba, totalmente sobre mi espalda y con Tom sentado en mi pecho, cada rodilla suya a un lado de mi cabeza.

"¿Qué te pareció, Nando?" me preguntó sarcásticamente. "Ahora sí estás jodido." Terminó de decir eso y me empezó a cachetear levemente para humillarme más.

Yo solo podía ver su paquete peligrosamente cerca de mi cara. No sabía qué hacer, pero no tenía aire para defenderme. Decidí esperar a que se aburriera y decidiera hacer algo más conmigo. Me jaló de los pelos, me puso los pulgares en los ojos y los hundió hasta que supliqué que parara, me metió los dedos a la nariz, en fin, me humilló un buen rato. Después de unos minutos por fin decidió continuar la lucha, pero primero me dio un sentón en el pecho antes de levantarse.

Tirado como estaba traté de tomar aire y recuperarme rápido. Me levanté para tratar de salvar mi dignidad pero no había mucho que pudiera hacer, estaba cansado y Tom sabía que tenía mucha ventaja. Otra vez nos abrazamos del cuello, pero Tom rápidamente me dio un rodillazo en el estomago. Me encorvé hacia adelante y Tom me rodeó y me tomó de la cintura. Me lanzó hacia atrás en un suplex . Caí de espaldas y Tom dio un giro hacia atrás quedando sentado sobre mis piernas de manera que quedé completamente inmovilizado de nuevo. Estaba de espaldas con mis piernas a cada lado de mi cabeza y Tom sentado sobre ellas. Traté de golpearlo en la espalda y las costillas pero no tenía buena posición y mis golpes no eran efectivos. Tom de nuevo me humilló, esta vez contándome cómo torturaba a sus oponentes en las luchas cuando quedaban en esa posición.

"Tienes suerte, Nando," me dijo. "Normalmente cuando tengo a un luchador como te tengo ahora, no dejo de golpearlo en los huevos hasta que se rinde." Diciendo eso puso su puño en mi paquete sin golpearlo. Hizo esto tres veces más. Se notaban las ganas que tenía de dar un puñetazo con fuerza, pero cumpliendo su palabra, perdonó mis testículos. Mis pezones, por otro lado, no fueron tan afortunados. Tom comenzó a pellizcarme fuertemente y me rendí al poco tiempo.

La tercera caída era para Tom. Pero no me dejó ir tan rápidamente. Antes de eso me recordó como mis huevos estaban a su merced y me agarró el paquete, sin apretarlo. Solo quería que sintiera mi vulnerabilidad. Agarró mis dos huevos y los aseguró en su mano. Sacudió mí paquete ligeramente, y luego se levantó. Mis piernas regresaron a su posición normal, y me quedé tirado unos momentos, recuperándome de la paliza.

Los cinco minutos que me dio Tom para recuperarme me sirvieron bastante, ahora Tom había ganado una caída y aunque yo seguía en ventaja no quería volver a perder otra vez, quería terminar ya la lucha. Ahora estaba seguro de que Tom no se estaba dejando perder y eso me motivaba más a demostrar que le podía ganar.

"¿Listo para otra arrastrada?" me preguntó Tom después de los minutos de descanso. Se había quitado la parte superior del singlet. Su traje de lucha solo le cubría hasta la cintura. Los tirantes caían a cada lado de su cadera. 

"Esta va a ser la última caída, zotaco." le dije mientras ponía mis puños arriba en defensa.

Tom listo para la tercera caida
Tom me vio y le gustó la idea de combatir, entonces se puso en una rodilla y puso un puño en el suelo, señal de que quería luchar y se posicionaba en desventaja, debajo de mí. Caminé hacia él, me puse a espaldas de Tom y lo abracé por detrás.

"Comenzamos a la cuenta de tres," dijo Tom. "Una, dos, ¡tres!"

Hice fuerza para que no lograra girar. Tom trató de tomarme el brazo para quitárselo de encima pero no pudo. Otra vez trato de girar pero lo detuve firmemente. Después se puso en cuatro puntos y esperó a que yo hiciera el próximo movimiento. Intenté varias formas de vencerlo pero no pude, y finalmente me di cuenta que su objetivo era cansarme. Estúpidamente había caído en la trampa y me sentía desgastado. Intente rodear su cuello con mi brazo, ya que había funcionado antes. Cuando Tom me tomó del brazo con el que trataba de ahorcarlo y giró completamente su cuerpo utilizando todo su peso no pude poner resistencia. Salí volando hacia adelante y caí de espalda frente a Tom. Pero antes de que pudiera posicionarse sobre mí, lancé mis piernas hacía atrás y ganché su cabeza con ellas, de manera que no tuviera toda la ventaja.

Comencé a apretar su cabeza para incomodarlo, pero Tom no era un novato y antes de que pudiera hacerle daño me dio dos puñetazos al mismo tiempo en ambos lados de mi tronco. El dolor me sorprendió y mi amarre perdió fuerza. Forcejeamos un rato y ambos estuvimos en posición de rendir al otro, pero finalmente Tom me tomó de un brazo y rodeándolo con sus piernas que terminaron cruzadas alrededor de mi cabeza, comenzó a aplicar una palanca de la que no tuve oportunidad de librarme. Con mi otro brazo quise golpearlo para quitarle fuerza pero no tuve el menor éxito. Entonces recordé que podía faulearlo, y era una buena oportunidad para hacer valer mi ventaja.

Pensé cuál sería la mejor manera de atacar sus testículos para lograr el mejor efecto, pero mi brazo cubría su paquete y no lograba ubicar sus huevos. Entonces con la mano que tenía libre tomé su muslo y comencé a recorrer su entrepierna buscando hacer algún daño. Pero Tom se dio cuenta de mis intenciones y comenzó a aplicar más fuerza a mi brazo y a apretar más fuerte mi cabeza. Mi mano apenas pudo sentir algo blando e inútilmente traté de apretarlo, pero hasta yo sabía que no estaba causando dolor suficiente para incomodar a Tom; apenas estaba pellizcando la piel. Mi brazo me estaba matando. No tuve otra opción que golpear el piso en rendición.

Tom apretó un poco más mi cabeza hasta que grité de dolor y entonces me soltó. Aliviado me quedé tirado en el suelo mientras Tom descansaba sonriendo recostado sobre su espalda y con las piernas dobladas y abiertas. Mi cabeza retumbaba y mi brazo derecho sentía el dolor del castigo de Tom. Me sentía enojado por haber perdido. Mi ventaja de dos caídas no había servido para nada y ahora solo quedaba la última. Cuando pude levantarme con mis manos para quedar sentado vi a Tom boca arriba con sus piernas abiertas a un lado de mi, sus brazos hacia atrás en el suelo. Levantó un poco su cabeza para verme, estaba sonriendo. Cuando me dijo que íbamos dos a dos, me dio coraje y le solté un fuerte puñetazo en el bulto marcado por sus lycras. No reparé en la intensidad del golpe. Tom gritó de dolor.

"¡¡¡¡OOUUUFFFF!!!!" Lo vi rodar hacía un lado juntando las piernas y poniendo sus manos en su paquete.

Tom comenzó a respirar rápidamente mientras se quejaba del golpe bajo y movía su cuerpo como si estuviera sufriendo ligeras convulsiones. No dejaba de hacer sonidos de dolor.

"¡Jódete!" le dije. "Ahora si voy a tener tiempo para descansar. Ah, y apenas llevo dos faules. Me quedan tres."

Me quedé sentado en el suelo estirando mis brazos adoloridos mientras Tom se retorcía en el suelo, recuperando el aliento y soltando gemidos de dolor de vez en cuando. De pronto me sentí un poco mal de haber golpeado tan fuerte a Tom. Era la primera vez que luchábamos y sentí que había pasado un poco el límite de la confianza. Por suerte no tardó mucho en recuperarse y no parecía sentirse ofendido. Momentos más tarde ya estaba de rodillas, aunque con una mano en su paquete, y tratando de respirar normalmente.

"¿Listo para la última caída?" me dijo mientras se sobaba los huevos. "Te voy a ganar y ten seguro que está será la ultima vez que me contengo de golpes prohibidos. De ahora en adelante cada vez que luchemos será lucha sin reglas."

"Cuando tú quieras, Tommy," le contesté sonriendo.

Mi plan era ganar esa caída a como diera lugar, y tenía tres golpes prohibidos a mi favor. Necesitaba evitar que me rindiera como había hecho en esta última caída, y para eso tenía que ser inteligente.

Me acerqué a Tom, que seguía de rodillas, con su torso desnudo y las lycras ajustadas. Con gestos le hice saber que la quinta caída ya había comenzado. Yo esperaba que toda la pelea se llevara a cabo en el tapete, pero de repente Tom se levantó. Rápidamente me puse de pie yo también para no quedar en desventaja. Para mi sorpresa se acercó a las cuerdas de ring que tenía detrás suyo y se recargó en ellas con los brazos abiertos. Yo me acerqué y Tom tomó impulso empujándose con los talones y salió disparado hacia mí. Con su antebrazo me golpeó el pecho, y yo, sorprendido por el golpe caí al suelo.

De espaldas en el piso sentí el pie de Tom que se apoyaba con fuerza en mi pecho. Cuando abrí los ojos vi la cara de Tom a centímetros de la mía. Me dio una cachetada ligera y no dijo nada. Quitó su pie, se hizo hacia atrás y con las manos hizo un gesto de que me acercara a él. Quería hacerme enojar, al parecer. Decidí que hasta ahora esta había sido una de las luchas más entretenidas que había tenido y Tom había sido muy respetuoso, así que lo mejor era disfrutar la última caída, sin importar quién ganara. Y con ese pensamiento me lancé contra Tom.

Me levanté y corrí hacia Tom. Creo que no se lo esperaba porque reaccionó tarde a mi ataque. Lo empujé con mi cuerpo contra las cuerdas y lo abracé. Con el impulso lo levanté y lo azoté contra el piso. Una vez en el suelo lo quise someter con una llave, pero no logré sujetarlo bien y Tom se acomodó de manera que se apoyó sobre mi para poder ponerse de pie y en el mismo movimiento me cargó. Para mi sorpresa me dejó caer de espaldas sobre su muslo en una quebradora que me sacó un poco el aire.

Tom apoyó su mano en mi barbilla y la otra en mi pierna. Yo siempre había creído que era fácil librarse de una quebradora, en mi mente solo tenías que girar el cuerpo, pero Tom me estaba demostrando que no era así. Movió su brazo que tenía en mi rodilla y lo puso entre mis piernas.

"Si esta fuera una lucha normal, ahorita estarías suplicando que parara el castigo," me dijo mientras movía su brazo hacia arriba y hacia abajo sobre mi paquete. Me quedó claro el daño que me podía (y quería) hacer pero que se estaba conteniendo. Luego puso su mano sobre mi paquete y agarró mis huevos sin apretarlos. "Te tengo de los huevos," me dijo, "si quisiera, aquí se acababa todo."

Después de varios minutos de dolor y gritos míos me dejó caer rodando en el suelo. Quedé boca abajo sin ganas de moverme, mi espalda me estaba matando. De repente sentí el peso de Tom sobre mí. Se había sentado en mi espalda baja, y antes de que pudiera reaccionar, ya tenía mis brazos acomodados detrás de sus rodillas y sus manos en mi barbilla. Comenzó a jalar y yo solo podía seguir gritando.

Luego me soltó y puso mis brazos detrás de mi espalda. Los comenzó a jalar hacia mi cabeza, pegados a mi espalda. Mis hombros recibían un castigo dolorosísimo. Luego se sentó en mis manos y me jaló de los pelos en una humillación total. Mi cabeza se estiraba hacía atrás y yo trataba de no gritar. Tom me tenía totalmente controlado y no había nada que pudiera hacer.

Para mi fortuna, entre los jalones de pelo y la postura de Tom, de pronto sentí algo en mis manos, que todavía tenía inmovilizadas detrás de mi espalda y debajo del peso de Tom. No estaba muy seguro pero era probable que el paquete de Tom hubiera quedado justo en mis manos. Con cuidado de no desaprovechar la oportunidad esperé a tener una buena posición y cuando sentí de lleno el bulto en mi mano derecha cerré mi puño atrapando los testículos de Tom en el proceso.

El ataque fue un éxito, Tom enseguida me soltó y trató de librarse de mi garra. Por suerte tuve un buen agarre y no lo solté cuando movió su cuerpo. Apreté lo más fuerte que pude y comencé a darle órdenes mientras gritaba de dolor. Sentí sus huevos grandes y no sentí compasión, no dejé de apretar ni un poco mientras hacía lo que le decía. "Muévete a la izquierda, ahora a la derecha. No te muevas mientras me levanto o voy a empezar a torcerte los huevos."

Tom me quería pegar, pero cada vez que sentía que iba a hacer algo, le apretaba más fuerte y sus manos automáticamente llegaban a su paquete. No supe cuanto tiempo lo tuve sometido de los testículos, pero no fue menos de dos minutos seguidos. Su voz delataba su sufrimiento. Por último, antes de soltarlo, lo obligué a ponerse de rodillas y poner sus manos detrás de su cabeza. Yo estaba encantado de verle la cara de sufrimiento mientras le decía tonterías para molestarlo más. "Quiero que saques la lengua. Ahora cierra un ojo," apretando fuertemente cada vez que desobedecía.

Una vez que estuvo de rodillas y con las manos en la nuca, lo jalé de los testículos con fuerza y dejé que mi mano exprimiera sus huevos mientras lo soltaba. El pobre Tom soltó un grito de dolor y se tumbó con la cara al suelo y se agarró los huevos.

Con mi pie lo empujé hacia un lado para molestarlo. Cuando estaba sobre su costado, todavía con las manos en los huevos, me dijo apenas pudo hablar "ese cuenta por los tres faules que te quedaban." A lo que respondí que absolutamente no. Pero tampoco importaba. Aprovechando que Tom no estaba en la mejor posición me tomé mi tiempo para amarrarlo en una llave que estaba seguro que terminaría la lucha.

Lo tomé de ambos brazos y le pisé la espalda. Después de lastimarlo unos momentos, me senté en su espalda y puse mis piernas alrededor de su cabeza. Con mis muslos le aplasté el cráneo. Luego lo solté  para el toque final: tomé sus pies para aplicar una llave de cangrejo, pero en vez de sentarme en su espalda me hice un poco más para atrás, tratando de sentarme en su cabeza, y con mis piernas inmovilicé sus brazos. Todo su cuerpo se elevó para quedar completamente estirado. Podía ver el bulto de Tom totalmente expuesto mientras sostenía sus tobillos en mis axilas. No tardó mucho Tom en comenzar a golpear el piso.

"¿Te rindes?" le pregunté aunque sabía la respuesta. A lo que apenas pudo contestar "Sí."

Lo solté. Las piernas de Tom se azotaron contra el piso. Levanté las manos en señal de victoria. Tom torció su cuerpo y con una mano se agarró la espalda. Yo lo pateé para que quedara completamente boca arriba y no pude evitar poner mi pie sobre su ingle.

Tom con poca fuerza tomó con sus manos en el pie con el que le aplastaba los huevos. No lo lastimé, era solamente humillación.

"Bien. Gané."

Tom se quedó tirado un rato más, mientras yo caminaba alrededor de él festejando mi victoria. Luego se puso de rodillas y comenzó a estirar la espalda.

Viéndolo de rodillas recordé que todavía tenía dos faules que no había utilizado. Entonces me acerqué a él y lo levanté de un brazo. Me vio con extrañeza y le dije que esto no se había acabado.

"¿Por qué no?" preguntó.

"Ven para acá," le dije mientras lo llevaba hacia las cuerdas de cuadrilátero que tenía. Tom seguía sin entender.

Lo puse contra las cuerdas y pase sus brazos por la cuerda superior y los tomé por debajo. Los jalé un poco y Tom arqueó su cuerpo hacia adelante. Entonces le dije qué era lo que seguía: "Me debes dos faules todavía." En ese momento levanté mi rodilla y le di un golpe directamente entre las piernas. Tom gritó al mismo tiempo: "¡Ooooouuuuuhhh!" Juntó sus rodillas y perdió todas las fuerzas, pero no cayó al suelo porque yo lo detenía. "Me gustó mucho luchar contigo, Tom. Toma esto como la humillación después de la lucha que tanto me contabas."

Lo solté y cayó directo al suelo con sus manos entre las piernas. Yo me quedé viéndolo, disfrutando el espectáculo de la tortura que le estaba proporcionando y pensando cómo lo iba a faulear una última vez. Tom estiraba y encogía su cuerpo tratando de aliviar el dolor. Juntaba las piernas y luego encogía solo una, siempre con las manos cubriéndose los huevos.

Después de dejarlo descansar un poco para que se recuperara del dolor, me acerqué a él, lo puse de espaldas en el piso, y me senté en su pecho viendo hacia sus pies. Tom me suplicó que no le pegara más, pero le dije que no podía desaprovechar ese viaje a Dakota del Sur. Viendo su paquete y pensando en cómo aprovechar mi último faul decidí que sería un puñetazo, pero para que doliera más, tenía que sujetar sus genitales.

Primero agarré su paquete con ambas manos para asegurarme que los dos testículos estaban atrapados, luego con una mano los tomé entré mi pulgar y mi dedo indice. Tom en todo momento gemía de dolor. Entonces levanté mi otra mano y le pregunté si estaba listo, me suplicó que lo soltara. Entonces bajé con fuerza mi otra mano hecha puño, y cayó de lleno en su paquete, atrapado por mi otra mano. Sentí a Tom convulsionarse debajo de mí. Pero no lo solté. Tom gritaba y eso me daba placer. Entonces, solo por maldad y sabiendo que Tom se vengaría en la primera oportunidad, jalé el bulto de Tom hacía arriba; incluso tuvo que levantar la cadera de tanto que lo jalé, y volví a bajar mi puño sobre sus huevos. El grito de dolor fue aun más fuerte que el primero.

Tuve que controlarme para no repetir una tercera vez el castigo. Tenía muchas ganas de hacerlo de nuevo, pero no me atreví; ya había rebasado el numero de faules a los que tenía derecho, y no quise exagerar el castigo.

Solté el paquete de Tom que rebotó cuando se acomodó, y se quedó tirado durante 10 minutos, revolcándose en el suelo y sobándose los huevos. Yo me quedé a su lado, esperando que se le pasara el dolor. Algo le dije pero estaba seguro que Tom no me escuchara.

Habían pasado ya cuatro horas desde que llegué al bar donde nos conocimos en persona. La tarde había sido muy entretenida. Pensé que no me la había pasado tan bien en mucho tiempo, desde que había llegado a Estados Unidos. Si todo se resultaba bien, Tom iba a ser un buen amigo.

Por fin Tom se levantó. Su cara decía que no tenía ganas de hacer nada.

"Te pasaste, Nando," fue lo primero que me dijo.

"Perdón, tenía mucho de no luchar así." Le contesté.

"Ufff, me deshuevaste de manera grosera.Y te pasaste por un faul, eh."

"Sí, lo sé. No me pude contener. Pero en mi defensa, los faules eran solo durante la lucha, esto fue humillación después de."

"Bueno, no me importa. Es la última vez que limito mis castigos contigo. La próxima vez que luchemos, voy a usar todo lo que tengo en mi repertorio." Dijo eso mientras veía mi entrepierna. "Buena lucha, Nando. Gracias por venir."

"De nada," le dije. Y me preparé para despedirme.

Esa noche me fui al hotel cansado, y dormí hasta tarde al siguiente día.



*Historia totalmente ficticia

lunes, 22 de abril de 2019

El intendente cubano

Raphael (Jefferson Ferreira)

La Universidad Politécnica nunca estaba vacía. Ya fuera fin de semana, día feriado o cualquier fecha que pudiera parecer especial, siempre había gente en sus pasillos y espacios sociales. Eso significaba que siempre había necesidad de personal de limpieza que ayudara a mantenerla limpia. No eran pocos los empleados que se dedicaban a esto, sin embargo uno nunca faltaba a trabajar. Cualquier día te podías encontrar al joven cubano que barría, trapeaba o limpiaba vidrios.

Raphael había llegado de Cuba cuando tenía 15 años buscando una oportunidad. Encontró un empleo como intendente en la Universidad Politécnica y no lo desaprovechó. En la universidad le daban oportunidad de ejercitarse, lo que lo motivó a desarrollar sus músculos. Una vez lo invitaron a un evento en el que hubo un espectáculo de lucha libre y nunca más dejó de pensar en eso. Once años después de su llegada a la universidad, poca gente sabía que era un reconocido luchador enmascarado que cada fin de semana se ganaba dinero extra por el show que brindaba.

Aunque nadie sabía de su otro trabajo en la universidad, muchas chicas habían notado su cuerpo atlético. Esto aparte de ser apuesto y muy amable le había ganado muchas fans.

Alexis y Diego conocían a Rapha por su reputación y porque al igual que cualquiera que atendiera a la Universidad Politécnica, lo habían visto muchas veces trabajando ahí.

Un día estaba Raphael limpiando los pisos del gimnasio a la vez que Alexis y Diego practicaban lucha grecorromana en el tapiz. Los chicos lo vieron y pensaron que seria divertido atacar dos contra uno al intendente; eran de esos imbeciles que les gustaba someter y golpear a gente al azar cuando los veían desprotegidos, y siendo ellos luchadores “pro”, se sentían en ventaja siempre. Escogían a víctimas débiles y desprotegidas, y esta les pareció una buena oportunidad. Diego se acercó disimuladamente a cerrar la puerta con seguro por si el intendente trataba de escapar. Una vez que no había salida entre los dos se acercaron a Raphael para intimidarlo. 

Raphael estaba concentrado en su trabajo cuando los dos muchachos se acercaron. Primero pensó que le querían preguntar algo, pero le alarmó la manera en que ambos se acercaban como si lo quisieran rodear.

Alexis (Aaron Pico)
El ataque llegó por el costado derecho, Diego se lanzó contra él pero Raphael lo empujó con suficiente fuerza para detener el ataque. Al mismo tiempo Alexis se acercaba por el otro lado, y al ver la reacción de Raphael y cómo Diego salió volando con el empujón se dio cuenta que tal vez necesitaría esforzarse más para someter al intendente. Trató de rodearlo con sus brazos pero Raphael también logró evitar ese ataque fácilmente. 

Diego y Alexis quedaron sorprendidos y enojados por no haber podido someter rápidamente a Raphael, por lo que volvieron a acercarse con coraje para tratar de derribarlo entre los dos, al mismo tiempo. Raphael, que ahora sabía la intención de los estudiantes ahora estaba mejor preparado para defenderse. Poco sabían ellos de sus aptitudes para luchar. Antes de que pudieran acerarse lo suficiente, Raphael ya estaba girando para no darle la espalda a ninguno y tratando de adivinar sus movimientos para adelantarse a ellos. 

Cuando Diego se cansó de perseguir al intendente sin lograr ni siquiera colocar un golpe probó correr hacia él y lanzarse para derrumbarlo y esperar que Alexis tuviera tiempo para acercarse y colocar algún golpe. Hizo esto y Raphael echó su cuerpo hacía atrás, pero no suficientemente rápido para evitar que Diego lo abrazara por la cintura. Aunque no lo derribó, fue suficiente para limitar sus movimientos. Alexis no desaprovechó la oportunidad y se acercó velozmente para tratar de tomarlo por la espalda e inmovilizar los brazos. Torpemente logró hacerse de un brazo de Raphael. Alexis realmente se sorprendió por lo fuerte y musculoso que resultaba este intendente. Raphael trataba de soltarse usando su otro brazo, y golpeaba la espalda de Diego que quedaba justo a la altura de su cintura. 

Diego (Ethan Ramos)
Diego por su cuenta trataba con todas sus fuerzas de tumbarlo, soprtando los golpes que recibía en la espalda. Pero despues de unos momentos de no lograrlo, lo soltó para inmediatamente tratar de amarrar con sus brazos una de sus piernas e intentar torcerla para desequilibrarlo, pero cuando soltó la cintura de Raphael y trató de pasar su mano para tomarlo de su pierna su puño golpeó la entrepierna de Raphael y este soltó un gemido de dolor. Inmediatamente Diego se dio cuenta que ese era el punto perfecto que debía atacar para poder someterlo. Soltó completamente a Raphael y aprovechando que tenía las piernas separadas para no perder el balance, le soltó un puñetazo lo más fuerte que pudo entre las piernas. Su puño golpeó directamente los huevos de Raphael cubiertos solo por sus jeans y este soltó un grito de dol
or al tiempo que dejaba caer sus manos para cubrirse y perder todas las fuerzas que lo mantenían defendiéndose de los dos muchachos. Diego y Alexis no desperdiciaron ni un momento y se lanzaron sobre él. Alexis lo tomó del cuello y se lanzó hacia atrás para estirar su abdomen. Mientras que Diego preparó el golpe perfecto. Mientras Alexis poco a poco y a estirones levantaba a Raphael, este se defendía tomando el brazo que le rodeaba el cuello con sus manos. Esto dejó su paquete completamente descubierto y en el momento que estuvo completamente de pie y arqueado hacia atrás Diego se apresuró, levantó su rodilla con fuerza y la colocó justo en medio de las piernas de Raphael.

Raphael, que todavía no se recuperaba del primer golpe que recibió en los testículos, gritó otra vez y juntó sus piernas, al tiempo que se dejaba caer. Alexis no tuvo suficiente fuerza para mantenerlo de pie tomándolo del cuello asi que lo soltó. Raphael cayó de rodillas en el piso con sus manos entre las piernas y gritando. Luego se dejó caer completamente boca abajo tratando de soportar el dolor. Lo siguieron golpeando en la espalda y el estómago hasta que estuvo inmóvil. Esto lo aprovecharon Diego y Alexis para sacar de sus mochilas algunos objetos para inmovilizar a Raphael.

Lo primero que sacaron fueron cuerdas para saltar. Cada uno con su cuerda se acercó a Raphael. Alexis pasó su cuerda alrededor del cuello de Rapha mientras que Diego le amarraba las manos por detrás de la espalda. Luego con la misma cuerda, Diego le amarró los pies juntos, y Alexis amarró su cuerda a la cuerda de Diego, de manera que Raphael no podía encoger su cuerpo sin ahorcarse. Utilizaron una muñequera para vendarle los ojos. Le pusieron un calcetín en la boca y con la otra muñequera se aseguraron que no pudiera gritar.

Una vez que tenían su juguete tal como lo querían comenzaron a torturarlo. Primero lo colocaron de rodillas. Alexis lo detenía de la cabeza para que no pudiera moverse. Diego comenzó dandole fuertes golpes en el abdomen. Los gemidos de dolor de Raphael quedaban ahogados en el calcetín dentro de su boca. Después le dio varios golpes con el puño cerrado en el pecho. Raphael tensaba los músculos y los golpes no surtían tanto efecto; Diego se dio cuenta de esto pero siguió golpeándolo. Sentía con cada golpe que Raphael hinchaba el pecho y se ponía muy duro. Siguió golpeando el pecho esperando que Rapha se acostumbrara a los golpes; como tenía los ojos vendados no podía ver cuando recibiría el siguiente, por eso cuando Diego decidió cambiar su blanco, tomó a Rapha por sorpresa completamente. Diego le dio un fuerte puñetazo en los huevos que hizo temblar a Rapha. El dolor fue muy intenso e inesperado. Trató de cubrirse con su propio cuerpo pero la cuerda alrededor de su cuello y los brazos de Alexis deteniéndolo lo impidieron. Diego veía como respiraba rápido y disfrutó su crueldad. Después de eso le dio dos golpes más, cada vez tratando de superar la fuerza del anterior. Y luego trató de agarrar a Rapha de los testículos. Como los jeans de Rapha eran ajustados, Diego batalló unos instantes, pero el bulto de Rapha era suficientemente grande como para escapar la garra de Diego. Al final solo pudo agarra uno de los huevos de Rapha porque se escapaba el otro, pero no le importó, comenzó a apretar con mucha fuerza viendo de frente a Rapha para apreciar su reacción. Los músculos de la cara de Rapha se tensaron y comenzó a hacer muecas de inmenso dolor.

Pronto Alexis se aburrió y le pidió a Diego que cambiaran posiciones. Diego, más interesado ahora en seguir torturando la hombría de Rapha, le dijo que traería una barra de masaje para mantener las rodillas de Rapha separadas y poder golpearlo con más facilidad, pero al decir esto se le ocurrió algo mejor: la barra de masaje era el instrumento perfecto para torturar los genitales de Rapha. Al escuchar esto, el cubano sintió angustia y comenzó a cerrar sus piernas con todas sus fuerzas. Alexis y Diego no se preocuparon, eventualmente se cansaría; tenían toda la noche para dejarlo adolorido.

Diego fue por la barra de masaje y comenzó a pensar cómo utilizarla. Regresó y le dió la barra a Alexis. Rapha, en el suelo, juntaba las piernas con todas sus fuerzas esperando lo peor. Diego sabía cómo hacerlo ceder rápidamente, tomó a Rapha por detrás y le tapó la nariz. Después de unos segundos Rapha comenzó a torcer su cuerpo tratando de safarse de la mano que lo ahogaba. Alexis vio que dejaba de poner resistencia y no desaprovechó el momento. Apenas abrió Rapha sus piernas lo mínimo, tomó la barra de masaje como si fuera un martillo y le dio un duro golpe entre en su ancho bulto. Ante esto, Rapha perdió todas las fuerzas para defenderse. Después de ese golpe Diego lo soltó, y en vez de asfixiarlo para que perdiera fuerza simplemente se acercó a Rapha por delante y lo tomó de una rodilla con sus manos mientras que con sus pies empujaba la otra. Alexis con facilidad dejaba caer la barra de masaje entre las piernas hasta golpear el paquete de Rapha.

Después de varios golpes, dejaron la barra y comenzaron a usar los pies. Primero Diego plantó su suela sobre los huevos de Rapha, y ayudado por Alexis, se paraba en un solo pie, aplastando todo lo que tenía debajo. Movía su pie hacia adelante y hacia atrás para asegurarse que machucaba todo. El pobre cubano solo gemía.

Luego fue el turno de Alexis, quien plantó sus dos pies en el abdomen de Rapha y comenzó a saltar. Rapha trataba de cubrirse con sus rodillas lo más que podía, pero prácticamente recibió el impacto directo de los saltos. Luego Alexis bajó hacia un lado y dejó que descansara por unos segundos. Rapha rodó hacia un lado y quedó tendido en un costado, tratando de recuperarse. Pero el descanso no duró mucho. Apenas se acomodó Alexis frente a él, le dio un puntapié directo en los genitales. Rapha se retorció y giró todo su cuerpo hacia el otro lado, tratando de gritar. Pero del otro lado lo esperaba Diego, con otro puntapié directo a los huevos.

Finalmente Diego y Alexis decidieron parar la tortura. Sabían que podían continuar con esto toda la noche, pero no querían arriesgarse que de repente llegara alguien y los viera. Decidieron golpear cada uno una ve más a Rapha. Alexis clavó su rodilla entre las piernas de su víctima, mientras que Diego le dio un largo y fuerte apretón a ambos tesículos.

Lo dejaron inconsciente tras asfixiarlo un poco con el brazo, y lo soltaron lo más rápido que pudieron.

Después de unos minutos se despertó Rapha. El gimnasio estaba oscuro. No había nadie. Sentía el ardor en sus muñecas y tobillos, también en su cuello. Sentía dolor en todo su cuerpo, pero sobre todo en sus partes baja. Se levantó con cuidado y sintió los testículos muy sensibles. Al caminar tuvo que encorvarse del dolor. Quería llorar de dolor y de coraje. Pero no lo hizo. Salió del gimnasio prometiéndose tener cuidado de todos, y recordando las caras de esos dos estudiantes; tal vez algún día podría vengarse. 

Man of the North (part 2 of 3)

 (This story starts with "Man of the North (part 1 of 3)") That afternoon I went to see my uncle. I was surrounded right away ; I ...