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martes, 23 de marzo de 2021

Tortura Prolongada (Confesión de un luchador maniatado parte 2)


Segunda parte del relato anterior Confesión de un luchador maniatado

 



El primer golpe lo recibí en la cara. El segundo fue una patada entre las piernas. Después me dieron dos golpes con los puños en el estómago. Y luego otra patada entre las piernas.


Cuando estaba amarrado en la silla, hablando muy envalentonado sobre cómo soporto los golpes en mis partes nobles, olvidé que no solo me iban a pegar ahí. En la lucha libre está prohibido dar golpes con el puño cerrado lo que ayuda mucho a soportar una lucha extensa: solo tienes que tener buena condición fisica y saber actuar para hacer creer que te duelen las palmadas que te dan. Y claro, los golpes a los huevos también están prohibidos, pero por alguna razón esa regla no la cumplen muy seguido. Un golpe con el puño cerrado duele mucho, sobre todo cuando no te puedes defender, y esos golpes que me dieron mientras me tenían amarrado con las manos sobre mi cabeza, me desgastaron inmediatamente. Lo bueno, y lo malo, es que fueron los menos. Estaban decididos a humillar mi hombría. No tardaron en enfocarse solo en lastimarme los huevos para ver cómo gritaba.

Después de las patadas me dieron un rodillazo que me obligó a juntar las piernas. Lo hubiera logrado si no fuera por la barra que me habían colocado en los tobillos para evitar que cerrara las piernas. Claramente tenían la intención de torturar mis testículos y no querían batallar. Luego alguien se acercó a mí, y con su mano me agarró el paquete y comenzó a apretar. En un inútil esfuerzo por proteger mi sexo levanté las piernas y quedé suspendido por la cuerda que amarraba mis manos. Después me soltó y mis pies volvieron al suelo. Un puñetazo que impactó solo en el testículo derecho me hizo gritar de dolor. Empecé a respirar agitadamente. Cuando vi que preparaban otro golpe el instinto me hizo alejar mi cadera hacia atrás. Esto no les gustó en absoluto. Antes de que pudiera reaccionar, tenía puesta una venda en los ojos que me impedía ver lo que pasaba.

Soporté tres patadas más que llegaban de alguien frente a mí, y después de una pausa, recibí otras dos patadas pero estas venían de atrás. Esas me hicieron gritar de dolor; y después de otra breve pausa, recibí una tercer patada desde atrás tan fuerte que provocaron un grito que no creo haber emitido jamás. La punta del pié chocó perfectamente con la parte baja de mis dos testículos. Si alguien estaba frente a mí con toda seguridad vió mis dos bolas saltar hacia arriba y bajar rebotando dentro de mis lycras. El dolor era inexplicable.

Afortunadamente, después de esa patada tan violenta, me dejaron de golpear. Bajaron la cadena a la cual estaban amarradas mis manos y me dejaron caer el suelo. Aunque no podía juntar mis piernas, puse mis manos en mi paquete para tratar de aliviar un poco el dolor. Mis huevos estaban muy sensibles e hinchados; seguramente mi paquete había crecido y se veía mucho mas grande de lo normal.

Alguien me tomó de las manos, yo seguía con los ojos vendados por lo que no supe quién era. Las desamarraron y me levantaron dos personas sosteniéndome de los brazos. Me arrastraron hacia otra parte del cuarto y recostaron la parte superior de mi cuerpo en un tipo de mesa o superficie, dejando mis piernas perpendiculares con el piso, mis pies apollados, mis piernas abiertas. Mi estómago estaba en la orilla de la base. Mis brazos abiertos extendidos a ambos lados en forma de cruz fueron asegurados en ambas muñecas para inmovilizarme. En seguida recibí un duro golpe en la espalda que me hizo levantar la cabeza lanzándola hacia atrás. Sin perder tiempo, me tomaron del pelo y detuvieron mi cabeza en esa posición. La molestia me hizo lanzar un pequeño grito que fue aprovechado para meter una bola de hule en mi boca y fue ajustada detrás de mi nuca. Me soltaron y mi cara se fue directo contra la mesa. Estaba amordazado con un juguete sexual. Inmovilizado de pies y manos. Mis piernas abiertas y mi culo expuesto. No pude evitar pensar en esa escena de Pulp Fiction en el sótano de la casa de empeño. Un hilo de miedo se escurrió por mi espalda. El dolor no me asusta, pero no quiero que me violen; esa es mi peor pesadilla.




De pronto alguien pasa sus manos por mis muslos y las sube hasta agarrar mi paquete. Aprieta con fuerza mis huevos y reconozco algo con el dolor que siento: son manos de mujer. A través de los años de lucha he llegado a distinguir inmediatamente si es un hombre o una mujer quien me faulea. Las mujeres son más violentas, les importa menos tu sufrimiento. Los hombres pueden ser mas fuertes, pero no más sádicos. Hay de todo, como siempre, pero en general una mujer te va a aplastar los huevos hasta que llores de dolor. El hombre se conforma con verte sufrir.



Las manos femeninas rodearon mi paquete, lo aseguraron entre sus dedos y lo jalaron fuerte hacia abajo. Alguien más le ayudó con un cordón y amarraron mis partes por encima de mis lycras. Un bulto salía entre mis piernas. Un blanco para dos puños. Yo sentía la presión de tener mis huevos amarrados. De repente, golpes seguidos y continuos atacaron mis pelotas. En un inicio me sentí sorprendido. Después de unos segundos el dolor comenzó a ser insoportable. No sé cuantos puñetazos había recibido ya, podían ser 15, o 150. Comencé a gritar pero la pelota de hule ahogaba el sonido. Uno tras otro los golpes llegaban sin piedad. Creí que me iba a volver loco.

Después de no sé cuantos golpes por fin pararon. Por unos momentos no sentí nada más que el dolor en mis huevos que me hacían moverme como si me estuvieran electrocutando. De no haber estado atado me hubiera retorcido en el suelo. Tuve tiempo de descansar del dolor y por unos momentos estuve inmóvil, recostado sobre la mesa, respirando profundamente. Nadie me decía nada. Noté que la saliva se me escurría de la boca y comenzaba a acumularse en la mesa.



De repente noté que escuchaba ruidos. En la lejanía comencé a reconocer gritos de dolor. Eran gritos ahogados de alguna persona en alguna otra habitación. Lo primero que pensé es que estaban torturando a alguien más en ese lugar. Sentí un poco de pena por aquella persona que sufría, pero pensé que tal vez fuera esa la razón por la que me habían dejado de golpear a mí, y mi egoísmo surgió para sentir alivio que no era yo a quien seguían torturando... o bueno, no eran mis testículos los que eran el blanco del ataque.

Tratando de descifrar los gritos que escuchaba me di cuenta de algo, se repetían los mismos sonidos. Reconocí los gritos. Caí en cuenta que no estaban torturando a alguien más, era un video de lo que me estaban haciendo a mí. Habían estado grabando la tortura, no sé desde qué momento, pero lo que escuchaba eran mis propios gritos, mis propios gemidos. ¿Para qué querían esos videos? ¿Qué intención había? ¿Publicarlos?





Escuché pasos que se acercaban a mí. Eran tacones. La mujer que me había golpeado mis partes como bolsa de boxeo estaba de vuelta. Sentí unas uñas largas enterrarse en mi paquete; me dolió. No solo me dolían los testículos por la presión del agarre, sino también mi verga y escroto eran torturados con un dolor penetrante y agudo. Por fin soltó mi paquete pero inmediatamente lo tomó de nuevo. Lo jalaba hacia ella sin hacer presión. Abrió su mano de manera que la bola forrada de lycra, resultado de la cuerda que amarraba mis huevos y mi verga, quedaba soportada en su palma. Y luego explotó el dolor. Noté que era su rodilla la que me golpeaba ahora. Sostenía mi paquete con su mano, y luego lo aplastaba con rodillazos. Todo mi cuerpo era impulsado hacia adelante por la fuerza de los golpes. Otra vez comencé a llorar de dolor. Mis gritos ahogados iban aumentando de intensidad.


Después de muchos rodillazos soltó mi paquete solo para darle un puñetazo fortísimo de arriba hacia abajo que me hizo gritar como niña. Continuó con más puñetazos con su otra mano sosteniendo mi paquete. Luego lo soltó, y continuó con los golpes que lanzaban mi paquete amarrado y se estrellaba contra la mesa. Agarró mi paquete de nuevo y lo jaló hacia abajo con todas sus fuerzas. Por un momento pensé que iba a arrancar mi sexo de mi cuerpo.

Por último me dio un puntapie directo en los testículos, y perdí el sentido.

***





Desperté envuelto en colchas. Cuando por fin me libré de ellas vi que estaba en un callejón. No tenía idea del lugar. Tenía mis lycras puestas, pero estaban en muy mal estado; apenas cubrían mis partes. Había un celular a mi lado, no estaba bloqueado. Me dispuse a hacer una llamada y vi que tenía un mensaje sin leer. Al abrirlo solo venía una dirección de internet. Pulsé la liga y se abrió una ventana que comenzó a cargar información. La liga era para ver un video. Se abrió en la pantalla completa y comenzó cuando di click en el triangulo orientado a la derecha que estaba en el centro. Era yo. Ni siquiera me había dado cuenta que me grababan desde antes de vendarme los ojos. Escuché todo lo que les dije antes de que me torturaran. Luego hacía un corte y aparecía suspendido por la cadena con mis manos amarradas sobre mi cabeza, luego sobre a la mesa. Vi la violencia con la que me torturaron. Me dio un escalofrío y paré el video antes de que comenzara la parte donde perdía la conciencia. Quedaba todavía 10 minutos de video. No me atreví a verlo.No tenía idea de lo que me habían hecho al final, pero prefería dejarlo así.

Llamé a mi amigo para que me hiciera el favor de recogerme. Era el único teléfono que sabía de memoria. Le envié mi ubicación por mensaje; por fin sabía dónde estaba: en el centro de la ciudad, a un lado de un bar; era el bar de donde había salido antes de que me secuestraran. Esperé a que llegara mi amigo y me subí al coche. Cuando me senté en el asiento sentí que mis huevos estaban muy sensibles y adoloridos.

"Maneja con cuidado" le pedí. "Los baches y los topes me lastiman". Fue lo único que le dije y me quedé dormido otra vez en su asiento.

miércoles, 12 de junio de 2019

Janos vs Szandor LaVey (el castigo de Rapha) Parte 1/2


“Excelente,” pensó Roger. Al parecer todo había salido como lo planearon. Kuba definitivamente no se veía cómodo, caminaba raro. No pudo evitar mirar fijamente a su entrepierna, se veía extraña, como si no tuviera ropa interior y sin embargo no se movía su paquete. 

El luchador se tardó más de lo normal en llegar al ring. Saludó a todos los niños que se acercaron a él. Roger lo espero con impaciencia. Sabía exactamente lo que estaba pasando y tenía muchas ganas de que empezara la lucha. El nombre del luchador que se hacía llamar “Janos” en el ring, era Raphael, pero todos le decían Kuba, porque era cubano. Desde hacía algunos años se había convertido en un luchador muy popular, siempre luchando del lado de los ‘técnicos’, por lo que era considerado el héroe en esta pelea. Roger, quien su nombre de luchador era Szandor LaVey, desde hacía mucho que era rudo, y también desde hacía mucho le gustaba ser el villano, sobre todo por las trampas que tenía “permitido” hacer para dar un buen espectáculo. 

El referí, conocido como La Anguila, también era ya muy famoso en la arena. Ahí todos se conocían, los referís, los luchadores y hasta los anunciantes. No era raro encontrar a dos o más luchadores en algún evento social. Pero esta noche pasaba algo fuera de lo común. La Anguila también notó algo raro en el paquete de Kuba, pero no se atrevió a poner mucha atención. Cuando subió al ring y el anunciante lo presentó al público fue más evidente, parecía que tuviera una semi erección, aunque claramente eran los testiculos los que se notaban sobre las mallas. 

“Lucharaaaaaaaaaaan, a ganar dos de tres caídas y sin límite de tiempo. En una lucha ‘mano a mano’, en esta esquina, el terror de las tinieblas: Szandoooooooooor LaVeeeeeeeeyy. Y en esta otra, el ídolo de Cuba: Jaaanooooooooos,” gritaba el anunciante. Al escuchar su nombre, Raphael subió a la segunda cuerda en la esquina del ring y levantó los brazos. El anunciante todavía estaba hablando, presentando a los seconds, cuando Roger tomó a Raphael de las mallas y lo tiró a la lona. Acto seguido lo levantó y lo azotó contra el esquinero. Rapha, un poco desconcertado, pero acostumbrado a eso, comenzó a dar el espectáculo. 

Como en cada lucha los golpes no son tan dolorosos como los hacen ver los luchadores, ni tan inofensivos como muchos decían que eran. Los golpes dolían, pero el punto importante es que fueran escandalosos, que hicieran más ruido que daño, y los luchadores tenían que actuar como si fuera un dolor insoportable. Y aunque a veces no resultaba todo como se planeaba, rara vez alguien salía lastimado. 

Después de la reacción de desconcierto esperada de Rapha, Roger le dio un golpe con su antebrazo en el pecho. Luego lo tomó de un brazo y lo lanzó contra la esquina contraria, y se propuso a hacer lo mismo, pero cuando iba a caer sobre Rapha, este se quitó y Roger se estrelló contra el esquinero. Luego Rapha tomó a Roger para aplicar el mismo movimiento pero Roger reaccionó y le dio la vuelta para que fuera Rapha quien se estrellara de nuevo de espaldas al esquinero. Pero esta vez en vez de caer con su antebrazo en el pecho de Rapha, Roger decidió bajar el brazo y estrellar el dorso de su mano contra el paquete descubierto de Raphael.

“¡Ough!” gritó Rapha mientras se encogía hacia adelante antes de caer al suelo cubriéndose los huevos. 

“¡Faul!” gritaba el público, al tiempo que Roger sonreía levantando ambos brazos. La reacción de Kuba era justo la que esperaba. Sabia que La Anguila le llamaría la atención, pero al ser un golpe que normalmente es muy débil, solo sería una advertencia simulada; La Anguila no podía saber qué Rapha estaba sumamente adolorido. 

A partir de entonces Roger mantendría los golpes bajos, subiendo la intensidad cada vez para disfrazar el hecho de que sabía cuanto dolor le había causado a al cubano. 

Lo siguiente que hizo fue aplicar una llave mientras Rapha estaba todavía en el suelo. No esperaba que Rapha se rindiera, era solo una forma de no verse muy obvio en su plan. Después lo levantó, lo aventó contra las cuerdas y le dio unas patadas voladoras justo en el pecho. Rapha salió volando hacia atrás rebotando en las cuerdas de nuevo mientras Roger se acercaba a él. Lo tomó de un brazo, lo torció y cuando Kuba se agachó por instinto le dio una patada en el abdomen. Ahora con el luchador técnico ya debilitado por los golpes, lo llevó otra vez al esquinero. Pasó sus manos por encima de la tercera cuerda y los estiró hacia él, pasándolos entre la segunda y tercera cuerda. Esto hizo que Rapha  se arqueara hacia adelante, y para lastimar más a su oponente, Roger le clavó una rodilla en el abdomen. Esto fue excusa para  no verse muy evidente cuando aplicara el castigo que realmente quería aplicar. Unos segundos después de acomodar su rodilla justo arriba del ombligo de Rapha, lanzó una ligera patada que estrelló su espinilla entre las piernas del cubano. 

“¡Ouh! No, no,” decía Rapha inmovilizado y con cara de susto. Pero Roger no se detuvo, y comenzó a mover su pierna hacia los lados y hacía arrriba y abajo, de modo que aplastaba el bulto de Rapha. Todo esto lo hacía sin dejar de sonreír, mientras que Rapha comenzaba a gritar más desesperado: “para, para, para, para, ¡aaaaggghhhh!”

La Anguila se acercó a Roger para decirle que soltara a Kuba, y a pesar de que trató de defenderse diciendo que no estaba haciendo nada indebido, el referí empezó a contar hasta diez como ultimátum para que soltara a "Janos". Entonces Roger bajó su pie hasta la lona, sin soltar a Rapha de las manos, pero una vez que La Anguila se alejó solo un poco, le puso la rodilla entre las piernas, sin llegar a darle un rodillazo en seco, pero presionó su bulto hacia arriba hasta que Rapha quedó suspendido, sin tocar el suelo con los pies, solo sostenido por la rodilla de Roger presionando su paquete. 

"¡¡¡Ouuuhhaaaaaaagggrrrr!!!" gritó Rapha durante los 10 segundos que duró el castigo. Luego Roger lo soltó completamente y Rapha cayó de rodillas al piso, con las dos manos en sus huevos, y luego se dejó caer completamente en la lona. 

Roger lo acomodó boca arriba, y se puso encima de él. Rapha ni siquiera puso resistencia. Normalmente cuando un luchador recibía un faul, este no era muy intenso, y el luchador caía al piso pataleando y revolcándose en la lona exagerando la reacción ante el dolor de testículos. Pero en esta ocasión, Rapha sentía tanto dolor que ni siquiera se podía mover. Esperó a que contaran las tres palmadas para que acabara la primera caída, escuchó la campana, y sintió que Roger se apoyaba sobre él para levantarse: una mano sobre el pecho,y la otra, claro, en su paquete. Rapha gimió de dolor y solo se giró hacía un costado para esperar que la agonía se disipara.


23 minutos antes

Rapha estaba en su vestidor terminando de ponerse las botas para salir a luchar. Estaba solo, cerrando su locker cuando entró Karen, una luchadora muy guapa que conocía desde hacía algunos años. Era la ex pareja de Roger, el luchador contra el que Rapha iba a luchar en apenas unos minutos. 

A Rapha le sorprendió verla ahí, normalmente las mujeres no entraban al vestidor de los luchadores, pero cuando lo saludó con un "hola, guapo" y lo besó en la boca, no le importó mucho. Rapha se dejó llevar porque desde hacía mucho le gustaba Karen, pero como tenía novio, no se había dejado seducir, y ahora que era ella la que se acercaba y aparte llevaba ya tres semanas que había terminado con Roger, no desaprovechó la oportunidad. No entendía por qué se lanzaba tan efusivamente sobre él, pero en ese momento no le importaba.

Karen no se limitó y después de pasar sus manos por el torso y la cintura de Rapha, llegó a su paquete y lo agarró con fuerza.  Rapha abrió los ojos ante el agarrón inesperado, y cuando empezó a sentir una erección decidió parar. Karen ya estaba metiendo su mano dentro de las mallas de Rapha, quien las tomó con sus manos y le pidió que parara. 

“Voy a salir al ring en unos minutos,” le dijo respirando rápido. 

“En diez minutos exactamente,” contestó Karen. “Suficiente para hacer que te vengas. Es de buena suerte, para que no te lastimes.” 

Karen, lo miró lujuriosamente mientras metía sus manos de nuevo dentro de las mallas de Rapha, y este, sin estar seguro de que fuera una buena idea, se dejaba llevar por la situación. Karen agarró su miembro y lo empezó a frotar con sus manos mientras se ponía duro. Besó a Rapha en la boca una vez más y lo llevó hasta una silla donde lo empujó para que se sentara. Karen agarró todo el sexo de Rapha con las dos manos y se metió el miembro en la boca. Con las manos jugaba con los huevos, jalándolos y apretándolos un poco. Rapha se dejaba llevar, estaba disfrutando mucho la situación. Cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás. Después de unos momentos de disfrutar el sexo oral que le proporcionaban abrió los ojos porque sintió que pronto se iba a venir. Lo que vió no le gustó nada. Un luchador estaba detrás de él listo para atacarlo. Antes de que pudiera reaccionar ya tenía un brazo alrededor de su cuello. Segundos después estaba inconsciente sentado en la silla con sus partes al aire. 

"Te tardaste," dijo Karen mientras se limpiaba la boca.

"Perdón," contestó el luchador al que llamaban Big Juarez y quien iba a ser el second de Roger esa noche, "La Anguila me entretuvo y quería que le ayudara con unas cosas".

"Bueno, ya, pásame la cuerda," dijo Karen.

Janos con los testículos amarrados
Big Juarez sacó una agujeta de botas de lucha de su bolsa y se las entregó a Karen. Karen la tomó y comenzó a preparar su objetivo. Le acomodó las lycras a Rapha como si lo estuviera vistiendo. El miembro de Rapha todavía estaba semi erecto. Karen agarró los testiculos de Rapha sobre las lycras y comenzó a amarrarlos con las agujeta. No era una tarea fácil, los huevos de Rapaha eran grandes y Karen tenía que dar varias vueltas para que no pudiera librarse del amarre fácilmente. Hizo un nudo corredizo y atrapó los testículos con el, luego lo apretó y dio varias vueltas con lo que quedaba de cuerda para terminar con un nudo fuerte que Rapha no podría deshacer en poco tiempo. 

Al terminar, Karen le puso las mallas de nuevo. El bulto de Rapha se veía extraño, muy grande y no uniforme como normalmente se ven los paquetes de los luchadores. Big Juárez y Karen se apuraron a salir del vestidor antes de que Rapha despertara, dejándolo solo en una esquina.

Rapha se despertó con una cachetada que le dio Sergio, su second. No sabía qué había pasado. 

"¿Qué pasó, Kuba?" le dijo Sergio, a quien llamaban Rondo. "¿Qué te pasó?"

Rapha se despertó atontado, sin saber qué hacía casi recostado en la silla del vestidor. Luego trató de levantarse poco a poco, y sintió una fuerte incomodidad en su entrepierna. 

"Ya tienes que salir," le decía Sergio. 

"No puedo, me hicieron algo," dijo Rapha alarmado.

"Cómo que te hicieron algo, tienes que salir ya, te están esperando y ya sabes cómo se ponen con la puntualidad, la arena está llena," dijo Sergio.

"Sí, pero algo me hicieron en los huevos," contestó Rapha agarrando su paquete. "Me amarraron los huevos."

"¿Te amarraron que? ¿Quién?"

"Karen, estaba aquí. Me estaba dando una mamada y luego ya no me acuerdo, y me desperté así." Dijo Rapha mientras se bajaba la malla para mostrarle a Sergio.

"¡Wow, amigo, quítate eso o estás jodido!" 

"Ayúdame, mamón."
"Te quiero mucho Kuba, pero no te voy a tocar ahí."

Rapha hizo un esfuerzo por librarse de esa cuerda alrededor de sus testículos pero todo fue inútil. 

"No puedo salir así. Retrasa la lucha."

"No puedo, Kuba, ya está retrasada la lucha. Me mandaron a buscarte y me amenazaron con cobrarnos una multa si no salías ya."

"Pero no puedo salir así," dijo Rapha.

"Pues vas a tener que hacerlo, amigo," dijo Sergio. "Protégete bien."

Rapha salió al cuadrilátero y Roger supo que lo tenía a su merced. Rapha sabía que estaba a su merced. Dentro de sus mallas su paquete estaba envuelto como regalo para que con solo tocarlo le causara gran dolor. Rapha sabía que no iba a ser una lucha fácil, y creía que lo mejor era soportarlo todo hasta que terminara. 



Sonó el silbato y la segunda caída comenzó. 



CONTINUARÁ...

lunes, 22 de abril de 2019

El intendente cubano

Raphael (Jefferson Ferreira)

La Universidad Politécnica nunca estaba vacía. Ya fuera fin de semana, día feriado o cualquier fecha que pudiera parecer especial, siempre había gente en sus pasillos y espacios sociales. Eso significaba que siempre había necesidad de personal de limpieza que ayudara a mantenerla limpia. No eran pocos los empleados que se dedicaban a esto, sin embargo uno nunca faltaba a trabajar. Cualquier día te podías encontrar al joven cubano que barría, trapeaba o limpiaba vidrios.

Raphael había llegado de Cuba cuando tenía 15 años buscando una oportunidad. Encontró un empleo como intendente en la Universidad Politécnica y no lo desaprovechó. En la universidad le daban oportunidad de ejercitarse, lo que lo motivó a desarrollar sus músculos. Una vez lo invitaron a un evento en el que hubo un espectáculo de lucha libre y nunca más dejó de pensar en eso. Once años después de su llegada a la universidad, poca gente sabía que era un reconocido luchador enmascarado que cada fin de semana se ganaba dinero extra por el show que brindaba.

Aunque nadie sabía de su otro trabajo en la universidad, muchas chicas habían notado su cuerpo atlético. Esto aparte de ser apuesto y muy amable le había ganado muchas fans.

Alexis y Diego conocían a Rapha por su reputación y porque al igual que cualquiera que atendiera a la Universidad Politécnica, lo habían visto muchas veces trabajando ahí.

Un día estaba Raphael limpiando los pisos del gimnasio a la vez que Alexis y Diego practicaban lucha grecorromana en el tapiz. Los chicos lo vieron y pensaron que seria divertido atacar dos contra uno al intendente; eran de esos imbeciles que les gustaba someter y golpear a gente al azar cuando los veían desprotegidos, y siendo ellos luchadores “pro”, se sentían en ventaja siempre. Escogían a víctimas débiles y desprotegidas, y esta les pareció una buena oportunidad. Diego se acercó disimuladamente a cerrar la puerta con seguro por si el intendente trataba de escapar. Una vez que no había salida entre los dos se acercaron a Raphael para intimidarlo. 

Raphael estaba concentrado en su trabajo cuando los dos muchachos se acercaron. Primero pensó que le querían preguntar algo, pero le alarmó la manera en que ambos se acercaban como si lo quisieran rodear.

Alexis (Aaron Pico)
El ataque llegó por el costado derecho, Diego se lanzó contra él pero Raphael lo empujó con suficiente fuerza para detener el ataque. Al mismo tiempo Alexis se acercaba por el otro lado, y al ver la reacción de Raphael y cómo Diego salió volando con el empujón se dio cuenta que tal vez necesitaría esforzarse más para someter al intendente. Trató de rodearlo con sus brazos pero Raphael también logró evitar ese ataque fácilmente. 

Diego y Alexis quedaron sorprendidos y enojados por no haber podido someter rápidamente a Raphael, por lo que volvieron a acercarse con coraje para tratar de derribarlo entre los dos, al mismo tiempo. Raphael, que ahora sabía la intención de los estudiantes ahora estaba mejor preparado para defenderse. Poco sabían ellos de sus aptitudes para luchar. Antes de que pudieran acerarse lo suficiente, Raphael ya estaba girando para no darle la espalda a ninguno y tratando de adivinar sus movimientos para adelantarse a ellos. 

Cuando Diego se cansó de perseguir al intendente sin lograr ni siquiera colocar un golpe probó correr hacia él y lanzarse para derrumbarlo y esperar que Alexis tuviera tiempo para acercarse y colocar algún golpe. Hizo esto y Raphael echó su cuerpo hacía atrás, pero no suficientemente rápido para evitar que Diego lo abrazara por la cintura. Aunque no lo derribó, fue suficiente para limitar sus movimientos. Alexis no desaprovechó la oportunidad y se acercó velozmente para tratar de tomarlo por la espalda e inmovilizar los brazos. Torpemente logró hacerse de un brazo de Raphael. Alexis realmente se sorprendió por lo fuerte y musculoso que resultaba este intendente. Raphael trataba de soltarse usando su otro brazo, y golpeaba la espalda de Diego que quedaba justo a la altura de su cintura. 

Diego (Ethan Ramos)
Diego por su cuenta trataba con todas sus fuerzas de tumbarlo, soprtando los golpes que recibía en la espalda. Pero despues de unos momentos de no lograrlo, lo soltó para inmediatamente tratar de amarrar con sus brazos una de sus piernas e intentar torcerla para desequilibrarlo, pero cuando soltó la cintura de Raphael y trató de pasar su mano para tomarlo de su pierna su puño golpeó la entrepierna de Raphael y este soltó un gemido de dolor. Inmediatamente Diego se dio cuenta que ese era el punto perfecto que debía atacar para poder someterlo. Soltó completamente a Raphael y aprovechando que tenía las piernas separadas para no perder el balance, le soltó un puñetazo lo más fuerte que pudo entre las piernas. Su puño golpeó directamente los huevos de Raphael cubiertos solo por sus jeans y este soltó un grito de dol
or al tiempo que dejaba caer sus manos para cubrirse y perder todas las fuerzas que lo mantenían defendiéndose de los dos muchachos. Diego y Alexis no desperdiciaron ni un momento y se lanzaron sobre él. Alexis lo tomó del cuello y se lanzó hacia atrás para estirar su abdomen. Mientras que Diego preparó el golpe perfecto. Mientras Alexis poco a poco y a estirones levantaba a Raphael, este se defendía tomando el brazo que le rodeaba el cuello con sus manos. Esto dejó su paquete completamente descubierto y en el momento que estuvo completamente de pie y arqueado hacia atrás Diego se apresuró, levantó su rodilla con fuerza y la colocó justo en medio de las piernas de Raphael.

Raphael, que todavía no se recuperaba del primer golpe que recibió en los testículos, gritó otra vez y juntó sus piernas, al tiempo que se dejaba caer. Alexis no tuvo suficiente fuerza para mantenerlo de pie tomándolo del cuello asi que lo soltó. Raphael cayó de rodillas en el piso con sus manos entre las piernas y gritando. Luego se dejó caer completamente boca abajo tratando de soportar el dolor. Lo siguieron golpeando en la espalda y el estómago hasta que estuvo inmóvil. Esto lo aprovecharon Diego y Alexis para sacar de sus mochilas algunos objetos para inmovilizar a Raphael.

Lo primero que sacaron fueron cuerdas para saltar. Cada uno con su cuerda se acercó a Raphael. Alexis pasó su cuerda alrededor del cuello de Rapha mientras que Diego le amarraba las manos por detrás de la espalda. Luego con la misma cuerda, Diego le amarró los pies juntos, y Alexis amarró su cuerda a la cuerda de Diego, de manera que Raphael no podía encoger su cuerpo sin ahorcarse. Utilizaron una muñequera para vendarle los ojos. Le pusieron un calcetín en la boca y con la otra muñequera se aseguraron que no pudiera gritar.

Una vez que tenían su juguete tal como lo querían comenzaron a torturarlo. Primero lo colocaron de rodillas. Alexis lo detenía de la cabeza para que no pudiera moverse. Diego comenzó dandole fuertes golpes en el abdomen. Los gemidos de dolor de Raphael quedaban ahogados en el calcetín dentro de su boca. Después le dio varios golpes con el puño cerrado en el pecho. Raphael tensaba los músculos y los golpes no surtían tanto efecto; Diego se dio cuenta de esto pero siguió golpeándolo. Sentía con cada golpe que Raphael hinchaba el pecho y se ponía muy duro. Siguió golpeando el pecho esperando que Rapha se acostumbrara a los golpes; como tenía los ojos vendados no podía ver cuando recibiría el siguiente, por eso cuando Diego decidió cambiar su blanco, tomó a Rapha por sorpresa completamente. Diego le dio un fuerte puñetazo en los huevos que hizo temblar a Rapha. El dolor fue muy intenso e inesperado. Trató de cubrirse con su propio cuerpo pero la cuerda alrededor de su cuello y los brazos de Alexis deteniéndolo lo impidieron. Diego veía como respiraba rápido y disfrutó su crueldad. Después de eso le dio dos golpes más, cada vez tratando de superar la fuerza del anterior. Y luego trató de agarrar a Rapha de los testículos. Como los jeans de Rapha eran ajustados, Diego batalló unos instantes, pero el bulto de Rapha era suficientemente grande como para escapar la garra de Diego. Al final solo pudo agarra uno de los huevos de Rapha porque se escapaba el otro, pero no le importó, comenzó a apretar con mucha fuerza viendo de frente a Rapha para apreciar su reacción. Los músculos de la cara de Rapha se tensaron y comenzó a hacer muecas de inmenso dolor.

Pronto Alexis se aburrió y le pidió a Diego que cambiaran posiciones. Diego, más interesado ahora en seguir torturando la hombría de Rapha, le dijo que traería una barra de masaje para mantener las rodillas de Rapha separadas y poder golpearlo con más facilidad, pero al decir esto se le ocurrió algo mejor: la barra de masaje era el instrumento perfecto para torturar los genitales de Rapha. Al escuchar esto, el cubano sintió angustia y comenzó a cerrar sus piernas con todas sus fuerzas. Alexis y Diego no se preocuparon, eventualmente se cansaría; tenían toda la noche para dejarlo adolorido.

Diego fue por la barra de masaje y comenzó a pensar cómo utilizarla. Regresó y le dió la barra a Alexis. Rapha, en el suelo, juntaba las piernas con todas sus fuerzas esperando lo peor. Diego sabía cómo hacerlo ceder rápidamente, tomó a Rapha por detrás y le tapó la nariz. Después de unos segundos Rapha comenzó a torcer su cuerpo tratando de safarse de la mano que lo ahogaba. Alexis vio que dejaba de poner resistencia y no desaprovechó el momento. Apenas abrió Rapha sus piernas lo mínimo, tomó la barra de masaje como si fuera un martillo y le dio un duro golpe entre en su ancho bulto. Ante esto, Rapha perdió todas las fuerzas para defenderse. Después de ese golpe Diego lo soltó, y en vez de asfixiarlo para que perdiera fuerza simplemente se acercó a Rapha por delante y lo tomó de una rodilla con sus manos mientras que con sus pies empujaba la otra. Alexis con facilidad dejaba caer la barra de masaje entre las piernas hasta golpear el paquete de Rapha.

Después de varios golpes, dejaron la barra y comenzaron a usar los pies. Primero Diego plantó su suela sobre los huevos de Rapha, y ayudado por Alexis, se paraba en un solo pie, aplastando todo lo que tenía debajo. Movía su pie hacia adelante y hacia atrás para asegurarse que machucaba todo. El pobre cubano solo gemía.

Luego fue el turno de Alexis, quien plantó sus dos pies en el abdomen de Rapha y comenzó a saltar. Rapha trataba de cubrirse con sus rodillas lo más que podía, pero prácticamente recibió el impacto directo de los saltos. Luego Alexis bajó hacia un lado y dejó que descansara por unos segundos. Rapha rodó hacia un lado y quedó tendido en un costado, tratando de recuperarse. Pero el descanso no duró mucho. Apenas se acomodó Alexis frente a él, le dio un puntapié directo en los genitales. Rapha se retorció y giró todo su cuerpo hacia el otro lado, tratando de gritar. Pero del otro lado lo esperaba Diego, con otro puntapié directo a los huevos.

Finalmente Diego y Alexis decidieron parar la tortura. Sabían que podían continuar con esto toda la noche, pero no querían arriesgarse que de repente llegara alguien y los viera. Decidieron golpear cada uno una ve más a Rapha. Alexis clavó su rodilla entre las piernas de su víctima, mientras que Diego le dio un largo y fuerte apretón a ambos tesículos.

Lo dejaron inconsciente tras asfixiarlo un poco con el brazo, y lo soltaron lo más rápido que pudieron.

Después de unos minutos se despertó Rapha. El gimnasio estaba oscuro. No había nadie. Sentía el ardor en sus muñecas y tobillos, también en su cuello. Sentía dolor en todo su cuerpo, pero sobre todo en sus partes baja. Se levantó con cuidado y sintió los testículos muy sensibles. Al caminar tuvo que encorvarse del dolor. Quería llorar de dolor y de coraje. Pero no lo hizo. Salió del gimnasio prometiéndose tener cuidado de todos, y recordando las caras de esos dos estudiantes; tal vez algún día podría vengarse. 

Man of the North (part 2 of 3)

 (This story starts with "Man of the North (part 1 of 3)") That afternoon I went to see my uncle. I was surrounded right away ; I ...