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martes, 23 de marzo de 2021

Tortura Prolongada (Confesión de un luchador maniatado parte 2)


Segunda parte del relato anterior Confesión de un luchador maniatado

 



El primer golpe lo recibí en la cara. El segundo fue una patada entre las piernas. Después me dieron dos golpes con los puños en el estómago. Y luego otra patada entre las piernas.


Cuando estaba amarrado en la silla, hablando muy envalentonado sobre cómo soporto los golpes en mis partes nobles, olvidé que no solo me iban a pegar ahí. En la lucha libre está prohibido dar golpes con el puño cerrado lo que ayuda mucho a soportar una lucha extensa: solo tienes que tener buena condición fisica y saber actuar para hacer creer que te duelen las palmadas que te dan. Y claro, los golpes a los huevos también están prohibidos, pero por alguna razón esa regla no la cumplen muy seguido. Un golpe con el puño cerrado duele mucho, sobre todo cuando no te puedes defender, y esos golpes que me dieron mientras me tenían amarrado con las manos sobre mi cabeza, me desgastaron inmediatamente. Lo bueno, y lo malo, es que fueron los menos. Estaban decididos a humillar mi hombría. No tardaron en enfocarse solo en lastimarme los huevos para ver cómo gritaba.

Después de las patadas me dieron un rodillazo que me obligó a juntar las piernas. Lo hubiera logrado si no fuera por la barra que me habían colocado en los tobillos para evitar que cerrara las piernas. Claramente tenían la intención de torturar mis testículos y no querían batallar. Luego alguien se acercó a mí, y con su mano me agarró el paquete y comenzó a apretar. En un inútil esfuerzo por proteger mi sexo levanté las piernas y quedé suspendido por la cuerda que amarraba mis manos. Después me soltó y mis pies volvieron al suelo. Un puñetazo que impactó solo en el testículo derecho me hizo gritar de dolor. Empecé a respirar agitadamente. Cuando vi que preparaban otro golpe el instinto me hizo alejar mi cadera hacia atrás. Esto no les gustó en absoluto. Antes de que pudiera reaccionar, tenía puesta una venda en los ojos que me impedía ver lo que pasaba.

Soporté tres patadas más que llegaban de alguien frente a mí, y después de una pausa, recibí otras dos patadas pero estas venían de atrás. Esas me hicieron gritar de dolor; y después de otra breve pausa, recibí una tercer patada desde atrás tan fuerte que provocaron un grito que no creo haber emitido jamás. La punta del pié chocó perfectamente con la parte baja de mis dos testículos. Si alguien estaba frente a mí con toda seguridad vió mis dos bolas saltar hacia arriba y bajar rebotando dentro de mis lycras. El dolor era inexplicable.

Afortunadamente, después de esa patada tan violenta, me dejaron de golpear. Bajaron la cadena a la cual estaban amarradas mis manos y me dejaron caer el suelo. Aunque no podía juntar mis piernas, puse mis manos en mi paquete para tratar de aliviar un poco el dolor. Mis huevos estaban muy sensibles e hinchados; seguramente mi paquete había crecido y se veía mucho mas grande de lo normal.

Alguien me tomó de las manos, yo seguía con los ojos vendados por lo que no supe quién era. Las desamarraron y me levantaron dos personas sosteniéndome de los brazos. Me arrastraron hacia otra parte del cuarto y recostaron la parte superior de mi cuerpo en un tipo de mesa o superficie, dejando mis piernas perpendiculares con el piso, mis pies apollados, mis piernas abiertas. Mi estómago estaba en la orilla de la base. Mis brazos abiertos extendidos a ambos lados en forma de cruz fueron asegurados en ambas muñecas para inmovilizarme. En seguida recibí un duro golpe en la espalda que me hizo levantar la cabeza lanzándola hacia atrás. Sin perder tiempo, me tomaron del pelo y detuvieron mi cabeza en esa posición. La molestia me hizo lanzar un pequeño grito que fue aprovechado para meter una bola de hule en mi boca y fue ajustada detrás de mi nuca. Me soltaron y mi cara se fue directo contra la mesa. Estaba amordazado con un juguete sexual. Inmovilizado de pies y manos. Mis piernas abiertas y mi culo expuesto. No pude evitar pensar en esa escena de Pulp Fiction en el sótano de la casa de empeño. Un hilo de miedo se escurrió por mi espalda. El dolor no me asusta, pero no quiero que me violen; esa es mi peor pesadilla.




De pronto alguien pasa sus manos por mis muslos y las sube hasta agarrar mi paquete. Aprieta con fuerza mis huevos y reconozco algo con el dolor que siento: son manos de mujer. A través de los años de lucha he llegado a distinguir inmediatamente si es un hombre o una mujer quien me faulea. Las mujeres son más violentas, les importa menos tu sufrimiento. Los hombres pueden ser mas fuertes, pero no más sádicos. Hay de todo, como siempre, pero en general una mujer te va a aplastar los huevos hasta que llores de dolor. El hombre se conforma con verte sufrir.



Las manos femeninas rodearon mi paquete, lo aseguraron entre sus dedos y lo jalaron fuerte hacia abajo. Alguien más le ayudó con un cordón y amarraron mis partes por encima de mis lycras. Un bulto salía entre mis piernas. Un blanco para dos puños. Yo sentía la presión de tener mis huevos amarrados. De repente, golpes seguidos y continuos atacaron mis pelotas. En un inicio me sentí sorprendido. Después de unos segundos el dolor comenzó a ser insoportable. No sé cuantos puñetazos había recibido ya, podían ser 15, o 150. Comencé a gritar pero la pelota de hule ahogaba el sonido. Uno tras otro los golpes llegaban sin piedad. Creí que me iba a volver loco.

Después de no sé cuantos golpes por fin pararon. Por unos momentos no sentí nada más que el dolor en mis huevos que me hacían moverme como si me estuvieran electrocutando. De no haber estado atado me hubiera retorcido en el suelo. Tuve tiempo de descansar del dolor y por unos momentos estuve inmóvil, recostado sobre la mesa, respirando profundamente. Nadie me decía nada. Noté que la saliva se me escurría de la boca y comenzaba a acumularse en la mesa.



De repente noté que escuchaba ruidos. En la lejanía comencé a reconocer gritos de dolor. Eran gritos ahogados de alguna persona en alguna otra habitación. Lo primero que pensé es que estaban torturando a alguien más en ese lugar. Sentí un poco de pena por aquella persona que sufría, pero pensé que tal vez fuera esa la razón por la que me habían dejado de golpear a mí, y mi egoísmo surgió para sentir alivio que no era yo a quien seguían torturando... o bueno, no eran mis testículos los que eran el blanco del ataque.

Tratando de descifrar los gritos que escuchaba me di cuenta de algo, se repetían los mismos sonidos. Reconocí los gritos. Caí en cuenta que no estaban torturando a alguien más, era un video de lo que me estaban haciendo a mí. Habían estado grabando la tortura, no sé desde qué momento, pero lo que escuchaba eran mis propios gritos, mis propios gemidos. ¿Para qué querían esos videos? ¿Qué intención había? ¿Publicarlos?





Escuché pasos que se acercaban a mí. Eran tacones. La mujer que me había golpeado mis partes como bolsa de boxeo estaba de vuelta. Sentí unas uñas largas enterrarse en mi paquete; me dolió. No solo me dolían los testículos por la presión del agarre, sino también mi verga y escroto eran torturados con un dolor penetrante y agudo. Por fin soltó mi paquete pero inmediatamente lo tomó de nuevo. Lo jalaba hacia ella sin hacer presión. Abrió su mano de manera que la bola forrada de lycra, resultado de la cuerda que amarraba mis huevos y mi verga, quedaba soportada en su palma. Y luego explotó el dolor. Noté que era su rodilla la que me golpeaba ahora. Sostenía mi paquete con su mano, y luego lo aplastaba con rodillazos. Todo mi cuerpo era impulsado hacia adelante por la fuerza de los golpes. Otra vez comencé a llorar de dolor. Mis gritos ahogados iban aumentando de intensidad.


Después de muchos rodillazos soltó mi paquete solo para darle un puñetazo fortísimo de arriba hacia abajo que me hizo gritar como niña. Continuó con más puñetazos con su otra mano sosteniendo mi paquete. Luego lo soltó, y continuó con los golpes que lanzaban mi paquete amarrado y se estrellaba contra la mesa. Agarró mi paquete de nuevo y lo jaló hacia abajo con todas sus fuerzas. Por un momento pensé que iba a arrancar mi sexo de mi cuerpo.

Por último me dio un puntapie directo en los testículos, y perdí el sentido.

***





Desperté envuelto en colchas. Cuando por fin me libré de ellas vi que estaba en un callejón. No tenía idea del lugar. Tenía mis lycras puestas, pero estaban en muy mal estado; apenas cubrían mis partes. Había un celular a mi lado, no estaba bloqueado. Me dispuse a hacer una llamada y vi que tenía un mensaje sin leer. Al abrirlo solo venía una dirección de internet. Pulsé la liga y se abrió una ventana que comenzó a cargar información. La liga era para ver un video. Se abrió en la pantalla completa y comenzó cuando di click en el triangulo orientado a la derecha que estaba en el centro. Era yo. Ni siquiera me había dado cuenta que me grababan desde antes de vendarme los ojos. Escuché todo lo que les dije antes de que me torturaran. Luego hacía un corte y aparecía suspendido por la cadena con mis manos amarradas sobre mi cabeza, luego sobre a la mesa. Vi la violencia con la que me torturaron. Me dio un escalofrío y paré el video antes de que comenzara la parte donde perdía la conciencia. Quedaba todavía 10 minutos de video. No me atreví a verlo.No tenía idea de lo que me habían hecho al final, pero prefería dejarlo así.

Llamé a mi amigo para que me hiciera el favor de recogerme. Era el único teléfono que sabía de memoria. Le envié mi ubicación por mensaje; por fin sabía dónde estaba: en el centro de la ciudad, a un lado de un bar; era el bar de donde había salido antes de que me secuestraran. Esperé a que llegara mi amigo y me subí al coche. Cuando me senté en el asiento sentí que mis huevos estaban muy sensibles y adoloridos.

"Maneja con cuidado" le pedí. "Los baches y los topes me lastiman". Fue lo único que le dije y me quedé dormido otra vez en su asiento.

martes, 27 de febrero de 2018

Saliendo del Bar

Ibamos a ese bar seguido porque quedaba cerca del gimnasio. Ese día solo íbamos Aleks, el Turco y yo, pero había veces que podíamos ir hasta quince personas. Era un lugar cómodo, no muy grande y la botana que servían era buena. A veces hasta comprábamos una botella para pasarnos ahí varias horas. Nos gustaba mucho pasar el tiempo platicando hasta que cerraran. Los meseros y barmans nos conocían muy bien. 

Se estaba vaciando el bar cuando me di cuenta que unas personas en otra mesa nos estaban viendo. Al principio no dije nada, pero puse atención. Eran cinco hombres de entre 35 y 40 años de edad. Se veían corpulentos y fornidos, sin duda practicaban algún deporte y probablemente eran luchadores como nosotros. Nos volteaban a ver de vez en cuando y cuando vi que uno señalaba a nuestra mesa mientras le decía algo a otro decidí que tenía que avisarles al Turco y a Aleks, que los tenían de espaldas. 

"Atrás de ustedes hay una mesa con cinco cabrones que están hablando de nosotros," dije después de advertirles que no voltearan en ese momento, no quería provocar un enfrentamiento sin necesidad. Pero cuando Aleks volteó a verlos nos dijo que él los reconocía. 

"Yo sé quienes son, dos de ellos entrenaban conmigo hace varios años, los otros no estoy seguro quiénes sean, pero seguro son luchadores," nos dijo Aleks. 

"¿Alguna razón para preocuparnos?" preguntó el Turco. 

"Espero que no," dijo Aleks. 

"¿Como que esperas?" le pregunté, "¿crees que tendrían interés en nosotros aparte de lo que ya están diciendo?"

"No sé-" comenzó a decir Aleks cuando una mano cayó en su hombro y lo interrumpió. Nadie de nosotros se dio cuenta cuando los cinco hombres se levantaron y se acercaron a nuestra mesa. El que había agarrado a Aleks del hombro era el que se veía más fuerte, los otros cuatro se quedaron atrás de él. 

"¿Qué tal, Aleks?" dijo el hombre con una voz rasposa. "Qué casualidad venirte a encontrar aquí."

"Qué tal, Dumbo," contestó Aleks apenas volteando la cara suficiente para verlo de reojo, "yo siempre vengo aquí, creo que la casualidad es que hayas venido tú."

"Casualmente me acordé hoy de la última vez que peleamos juntos, y de cómo me dejaste morir," dijo ese que Aleks llamó Dumbo acercándose al oido de Aleks y sonriendo. Pude ver que tenía varios dientes metálicos. 

Aleks volteó la cara un poco más y movió su hombro para quitar la mano de Dumbo y le contestó. "En primer lugar yo no te dejé morir, segundo fue hace mucho tiempo, y tercero si tienes algún problema lo podemos arreglar en el ring."

El Turco y yo no contestamos nada pero nos pusimos de pie. Aleks nos dijo que nos sentáramos, pero en eso Dumbo levantó las manos a la altura de su cara mostrando las palmas y dijo con cara de gusto "¡Ahh! Con que tienes nuevas mascotas, ¡eh!" Aleks se puso de pie y se volteó para quedar de frente a él. "Ya te dije que si tienes algún problema me busques en el gimnasio. Ya sabes donde está y a que horas encontrarme."

De repente Dumbo agarró a Aleks de la camiseta con una mano y lo acercó a él. "Pues resulta que te encontré aquí, hijo de puta."

"¡Hey!" gritó, Javi, uno de los meseros que nos atendía, "ni se les ocurra empezar un pleito aquí. Afuera hagan lo que quieran. Aparte les quedan 15 minutos y ya se tienen que salir."
"Te salvaste, Aleks," dijo Dumbo retrocediendo a su mesa. "Por aquí te veo pronto," dijo y todos los que iban con él se alejaron a su mesa, en la que dejaron algunos billetes para pagar su cuenta y salieron del bar. 

Aleks, Turco y yo nos quedamos un poco más de tiempo terminando nuestras bebidas. Aleks nos contó un poco sobre quién era Dumbo y por qué había actuado de esa manera. Dumbo había entrenado con Aleks durante muchos años, cuando todavía estaba en la academia de João. Eran compañeros desde ese entonces y a veces luchaban juntos. 

João había conseguido inscribir a sus luchadores en un torneo de peleas clandestinas.  Había varias modalidades, como si fuera un estilo de lucha libre, pero con golpes y nockouts de verdad. Dumbo y Aleks eran sus mejores luchadores para pelear de parejas; habían entrenado juntos durante algunos años y se habían acoplado muy bien a su forma de luchar. 

Ronaldo Souza 'Dumbo' y Luke Rockhold 'Aleks' 
Aleks no nos contó mucho más de esas luchas, pero lo que sí mencionó fue la última vez que habían peleado juntos. Estaban en una jaula, de frente tenían a dos hermanos, que eran sus rivales. Se veían como luchadores callejeros, con tatuajes en todo el cuerpo, ultra musculosos, con la cara pintada, uno de ellos rapado por completo y el otro con una linea de cabello estilo mohawk. 

La lucha era de una modalidad extrema: los ganadores tenían que dejar inconscientes a los perdedores para ganar; João les había explicado eso, pero lo que no les dijo es se podían utilizar armas que pudieran esconderse en la ropa de lucha. Aleks y Dumbo no estaban preparados. Los hermanos Anaya, a quienes apodaban "los Canallas", tenían ropa especial para este tipo de luchas e incluso llevaban rodilleras y cintas en la cabeza. 

Ricardo Arona 'Anaya 1'

La pelea duró más de lo normal, pero al final Aleks y Dumbo perdieron. Las rodilleras y las botas de los Canallas tenían placas de metal. Cada patada y cada rodillazo que recibían Aleks y Dumbo les dolía diez veces más de lo normal. Para Aleks tres rodillazos seguidos en los huevos fue lo que lo tumbó, por lo menos por algunos minutos. Uno de los hermanos, el que estaba completamente rapado lo acorraló en un esquinero y después de golpearlo en el abdomen clavó su rodilla con toda la potencia que tenía entre las piernas de Alkes, y repitió eso dos veces más. Aleks tenía ya mucha resistencia a los golpes en los testículos gracias a la terapia que João le infringía, pero eso fue más de lo que pudo soportar. 


Brandon Sene 'Anaya 2'
Dumbo por su parte había sido aturdido por una patada que le dieron en la cabeza. Las placas de metal en las botas de los Canalllas conseguían su cometido. Con Aleks fuera de la pelea, aunque fuera por algunos minutos únicamente, consiguieron amarrar las manos de Dumbo detrás de su espalda. Una de las cintas que llevaban en la cabeza le inmovilizaba las dos manos juntas y la otra sujetaba las manos a la reja. Dumbo había quedado de rodillas con las manos por detrás sin poder moverse expuesto a lo que quisieran hacer con él. 

Normalmente en esas luchas los Canallas hubieran asfixiado a Dumbo hasta que quedara inconsciente para terminar la pelea triunfantes, pero estos hermanos tomaban su rol de tramposos muy en serio, y siguieron golpeando a Dumbo. Lo patearon entre las piernas con las placas de metal, haciendo explotar de dolor los huevos de Dumbo. Lo golpearon en la cara y en el estomago. Le clavaron las uñas en los pezones y le retorcieron las orejas. Le patearon con la punta del pie cada muslo, y luego su paquete. Dumbo perdió el conocimiento antes de ver cómo Aleks se levantaba y venía a defenderlo.

Aleks peleó contra los dos hermanos y estuvo a punto de asfixiar a uno hasta desmayarlo, si no fuera porque el otro reaccionó rápido y lo agarró entre las piernas por detrás. Apretó sus testículos lo más fuerte que pudo y lo obligó a soltar a su hermano. Aleks llevó sus dos manos entre sus piernas, tratando de zafar el puño que le estrujaba sus huevos. Después recibió un puñetazo en la cara de parte del otro Anaya a quien había estado ahorcando. Cayó al suelo. Los dos hermanos lo levantaron y lo colocaron con su espalda en su rodilla en forma de quebradora y se dieron gusto. Cada uno le detenía los brazos con una mano y la otra la usaban para golpearlo. Se turnaban para detenerlo de las rodillas y poder golpearlo como quisieran. Le dieron más de veinte golpes en el estómago, luego lo golpearon en los huevos la misma cantidad de veces. Uno de ellos lo tomó de la barbilla y lo obligó a arquearse más mientras el otro lo apretó de su paquete lo más fuerte que pudo, y luego lo empezó a torcer. Aleks empezó a gritar, y luego se desmayó. 

Rolando Souza 'Dumbo'
Pero aquello no había terminado ahí. João había apostado mucho en esa pelea, y no tenía como pagar. Cuando la lucha terminó tuvo que negociar de la peor manera que sabía. Ofreció a Aleks como moneda de cambio. El representante de los Canallas no desperdició la oportunidad y firmó el trato. Aleks estaría obligado a trabajar con ellos durante un año, sin condiciones. Para efectos prácticos, Aleks acababa de ser vendido como un esclavo. Incluso, inconsciente como estaba fue esposado y encadenado cuando se lo llevaron en una camioneta. Y João después le había dicho a Dumbo que Aleks los había dejado por irse con los Anaya; y esa fue la historia que él conoció: creía que Aleks se había rendido para salvarse y había dejado a Dumbo inconsciente y amarrado en el enjaulado. 

No se volvieron a ver sino hasta cinco años después, y para entonces Dumbo lo único que quería era vengarse de Aleks. Y aunque Aleks trató de explicarle lo que había sucedido, Dumbo nunca lo escuchó, y al parecer ahora si estaba dispuesto a cobrar esa revancha sin razón. 

El Turco y yo nos quedamos sin habla. Era una historia muy aterradora. Queríamos preguntar más sobre el año que tuvo que trabajar sin paga con los Canallas, pero el bar estaba a punto de cerrar y nos teníamos que ir. Terminamos lo que habíamos pedido y pagamos la cuenta. Cuando nos levantamos de la mesa éramos los últimos y los meseros ya estaban recogiendo las sillas del lugar. Nos despedimos de Javi y de los demás y salimos a la calle. Caminamos juntos hacia el gimnasio, yo había dejado mi coche ahí. Pero cuando dimos la vuelta en la esquina solo alcanzamos a dar diez pasos cuando alguien nos atacó por detrás. 

Yo sentí un golpe en la espalda, casi a la altura del cuello que me aventó hacia adelante y casi me caigo de boca en la banqueta. A pesar de tomarme por sorpresa, alcancé a ver que Aleks y el Turco también habían sido atacados. El Turco si rodó por la banqueta y quedó tirado de lado estupefacto por el golpe. Aleks estaba sometido por dos personas, uno lo agarraba del cuello y lo obligaba a doblarse hacia el frente, y el otro lo tomaba de un brazo y lo torcía hacia atrás de su espalda. Yo reaccioné aventándome contra la primera persona que vi tratando de soltar un golpe a su cara, pero sin darme cuenta alguien tomó mi brazo y evitó que esto sucediera, después me tomaron por el cuello con el otro brazo y me jalaron hacia atrás por lo que quedé inmovilizado. Todo esto me tomó desprevenido y no pude reaccionar bien.Con la mano que tenía libre traté de zafar el brazo que me ahorcaba, pero inmediatamente recibí un golpe en el estómago que me sacó el aire, y justo después sentí una mano que me agarraba el paquete y comenzaba a apretar mis huevos. 

Me sorprendió mucho el dolor en mis bolas porque yo llevaba puestos jeans, pero quien me agarró los huevos los sujetó perfectamente para que no se escaparan y la presión que aplicaron hizo que me paralizara del dolor. Junté mis piernas pero solo logre incomodar la mano de mi atacante. Luego sentí que jalaba todo mi paquete con fuerza para que quedara fuera de la presión que podía aplicar con mis piernas; yo seguí juntando mis piernas por instinto por lo que quedó mi paquete delante de mis muslos. 

El Turco no había podido reaccionar y había sido sometido por otra persona en el suelo. El pobre estaba sobre su espalda con alguien sentado sobre sus brazos y siendo golpeado en la cara. A pesar de que mi atacante me estaba exprimiendo los huevos con una mano y con la otra deteniendo mi cara, alcancé a ver que era Dumbo el que golpeaba al Turco. Y después de dejarlo golpeado en el piso se levantó y se acercó a Aleks, que también estaba sometido por dos personas. Se acercó por atrás y metió su mano entre las piernas de Aleks. Yo solo lo escuché gritar y vi como Dumbo lo levantaba del suelo sosteniéndolo solo de sus partes nobles. Cuando por fin me soltaron los huevos, después de un minuto, lo primero que hice fue levantar una pierna y cruzarla para proteger esa parte de mi cuerpo. Pero en seguida comenzaron a golpearme en el estómago una y otra y otra vez. 

No soporté mucho el dolor y pronto comencé a perder fuerza. Me golpearon muchas veces en el estómago, y ocasionalmente incluían un golpe entre mis piernas, justo cuando bajaba la pierna que me cubría. Lo último que sentí antes de que me soltaran fue un rodillazo que se clavó en mi entrepierna y aplastó lo que quedaba de mis huevos. Cuando no tuve el soporte de los brazos que me detenían me fui al suelo directamente. Me quedé tendido unos momentos y luego lo primero que hice fue llevarme las manos entre mis piernas girándome hacia un lado, pero un pie se apoyó en mi pecho y me obligó a quedarme de espaldas. 

A pesar del dolor alcancé a ver lo que sucedía con Aleks. Dumbo le soltó los testículos por fin, y les dijo a sus amigos que lo sujetaran parado. Los dos que lo estaban golpeando al inicio lo sostuvieron de los dos brazos y las dos piernas. Quedó totalmente abierto de manos y pies y levantado por los cabellos. Dumbo se acercó a él y le dio una patada en los huevos. Aleks trató de cerrar las piernas pero los amigos de Dumbo lo detenían firmemente. Después Dumbo lo golpeó dos veces en el estómago para rematar con un golpe en la cara. 

Cuando traté de moverme para levantarme, el que tenía un pie en mi pecho me dio una patada en la cara, y luego movió su pie a mi entrepierna y aplicó presión; otra vez estuve sometido y solo podía ver cómo golpeaban a Aleks. Dumbo se acercó a la cara de Aleks y lo agarró de la quijada. Fue la primera vez que lo escuché hablar:

"¿Qué se siente que te estén golpeando mientras se ríen de ti? ¡¿Eh?! ¡¿Qué se siente?!" le gritaba Dumbo. "¿Qué se siente que te dejen solo para que otros te golpeen? ¿Sabes lo que me hizo João cuando tú no estabas? Y según tú eras mi amigo. ¡No vales verga!" y terminando de insultarlo le dio un puñetazo directo en los huevos. El gemido que Aleks dejó escapar delataba lo fuerte que le habían pegado en sus partes nobles.

Yo seguía inmovilizado con un pie en mis huevos y mis dos manos sujetando el pie que me torturaba intentando inutilmente de disminuir la presión. No sabía qué era del Turco porque estaba fuera de mi campo visual. Pero de repente se esfumó la presión de mis huevos y sentí alivio. La persona que me estaba pisando mis bolas contra la calle salió volando, y vi que alguien atacó a Dumbo. Lo empujaron tan fuerte que salió volando y chocó contra un coche. Luego los que estaban sosteniendo a Aleks lo soltaron para poder reaccionar pero era demasiado tarde, uno de ellos recibió un rodillazo en los huevos que lo obligó a doblarse hacia adelante para cubrirse, al tiempo que el otro era agarrado de los pelos y su cabeza era forzada a estrellarse con la rodilla de su atacante. 

Cuando me pude levantar para evitar que el que me había sometido pudiera atacar a nuestro salvador vi quién era nuestro rescatista. Teo estaba con ropa deportiva golpeando al otro personaje que había recibido el rodillazo en los huevos. Yo alcancé a levantarme antes de que mi atacante reaccionara y le di un rodillazo directo en la cara cuando estaba tratando de ponerse de pie. Me aseguré que no se fuera a levantar pronto y corrí hacia donde estaba el Turco tirado sobre su espalda, pero su atacante ya no estaba sentado en su pecho, sino en su estomago, y ya no estaba viendo su cara sino que se había girado para quedar viendo a sus pies y lo tenía agarrado de los huevos mientras se los golpeaba con el otro puño. El Turco soltaba un "¡ough!" con cada golpe que recibía en los testículos. 

Wade Hayes 'Teo'

Corrí a ayudarlo, y el cabrón, que estaba muy entretenido torturando los testículos de mi amigo no se dio cuenta que venía yo corriendo para darle una patada justo en la cara que lo lanzó hacia atrás y lo dejó inconsciente. Acto seguido traté de ayudar al Turco a levantarse, pero no podía mover las manos de sus huevos. Le dije que se quedara ahí pero que estuviera pendiente por si alguno de los que estaban tirados se levantaban. 

Me giré para ver dónde estaba la acción y justo vi que mientras Teo seguía golpeando a uno de los dos que habían estado sujetando a Aleks, Dumbo se había puesto de pie y corría para taclear a Teo. Vi salir volando a Teo con el cuerpo de Dumbo abrazándolo por la cintura y estirado como si fuera un torpedo y sentí ganas de matarlo ahi mismo en ese momento. Dumbo cayó encima de Teo y enseguida levantó su rodilla para dejarla caer en el bulto de Teo. Teo soltó un grito de dolor, pero rápidamente  pudo cubrir su paquete lastimado porque llegué yo con la velocidad que pude tomar y pateé a Dumbo en las costillas. Dumbo rodó y yo lo seguí hasta que me pude colocar sobre él inmovilizándolo de los brazos. 

Comencé a golpear a Dumbo con todas las fuerzas que me quedaban. Traté de olvidarme del dolor de huevos que todavía sentía y confiaba en que los otros luchadores que iban con Dumbo no se iban a levantar, y si lo hacían alguno de mis compañeros (aunque me resultaba raro pensar en Teo como mi compañero) se iba a encargar de ellos. 

Dumbo trataba de soltarse sin conseguirlo. Vi su odio y desprecio en la cara. Después su gesto cambio y soltó un gemido, después supe por qué; Aleks estaba de pie y le había puesto la planta de su bota en los huevos. Le dio dos pisotones fuertes y el tercero dejó su bota entre las piernas de Dumbo y le aplicó toda la presión que pudo. Yo lo tome con una mano del cuello y con el otro brazo le di dos fuertes golpes con mi antebrazo en la cara. Sentía el coraje acumulándose en mi cabeza,  tenía ganas de dejarlo inconsciente. 

El Turco se había levantado ya y lanzaba patadas a todos los otros compañeros de Dumbo que estaban en el suelo. A uno le dio en el abdomen, a otro en los huevos y a un último en la cara. El cuarto amigo de Dumbo seguía inconsciente en la banqueta. 

Le di un último golpe a Dumbo con todas mis fuerzas y sentí que dejó de poner resistencia. Decidí dejar de golpearlo y me levanté. Aleks seguía con su pie en el paquete de Dumbo, le dio un pisotón más antes de retirar su pie. Justo cuando liberó Aleks a Dumbo este se llevó una mano a su paquete y otra a su cara, donde había estado golpeando yo. Nos volteamos a ver todos, y vimos también a nuestros enemigos tirados en el suelo. 

"¿Qué hacemos con ellos?" preguntó Teo todavía con una mano protegiendo sus huevos. 

"No hacemos nada,"dijo Aleks. "Nos vamos y que ahí se queden."

"¿Cómo que nada? Hay que llevarlos adentro y los usamos de dummies." dijo Teo. 

"No, Teo, no hacemos nada," contestó Aleks. 

"¿Qué hubieran hecho ellos si no llego yo a quitártelos de encima? En primera supongo que ya no tendrías huevos, no creas que no vi de donde te tenían agarrado," dijo Teo.

"¡Ya, Teo, fue suficiente!" le dijo Aleks ya enojado, y luego nos volteó a ver al Turco y a mí, "vámonos," nos dijo. El Turco se acercó cojeando y con una mano en el abdomen bajo. Yo no me moví. Estaba sorprendido de que Aleks quisiera dejar las cosas ahí cuando seguramente Dumbo y sus amigos nos hubieran hospitalizado. 

"Me quedo con Teo," le dije a Aleks que parecía muy sorprendido. Cuando me di cuenta que Aleks estaba preocupado por lo que fuera yo a hacer con Teo, entonces dije "no te preocupes, no los vamos a matar," le dije, pero me di cuenta que no estaba convencido, entonces me acerqué a él para hablar más bajo, "me voy a asegurar que Teo no mate a nadie, ¿ok? Tú tranquilo," le dije y eso pareció tranquilizarlo. 

Por fin Aleks y el Turco se fueron caminando hacia el estacionamiento, y Teo y yo nos quedamos viendo uno al otro, y luego a los cinco cuerpos tirados en el piso. 

Antes de que Aleks y el Turco estuvieran fuera de vista Teo les gritó "¡de nada por la ayuda, eh!"






lunes, 19 de febrero de 2018

Sparring con el millonario

La arena estaba a reventar. Los boletos se habían vendido completamente un mes antes de lo previsto; el espectáculo prometía mucho. Carlos era dueño de uno de los palcos de ese recinto, pero para esa función pagó por boletos de primera fila; valía la pena. Iba con su novia con la que llevaba saliendo apenas 2 meses y con su mejor amigo Tadeo. Tadeo y Carlos boxeaban juntos en una academia, pero ninguno lo hacía profesionalmente, sin embargo ambos eran muy buenos. 

Mario Lopez "Carlos"
Carlos tenía 25 años, media 1.90m y pesaba 80 kg. Era muy fuerte y atlético; había entrenado box desde que tenía 12 años y desde entonces se había preocupado por su alimentación y más tarde por su musculatura. Se parecía al actor de "Saved by the Bell" Mario Lopez. Moreno, de pelo negro pero atractivo. Su nueva novia era guapísima, se parecía mucho a Ariadne Artiles. Ambos juntos parecían una pareja de artistas de televisión. 

Tadeo era menos alto que Carlos pero igual de fornido. Era un año menor que Carlos, medía 1.78m y pesaba 75 kg. Era puro músculo. Parecía un joven y super mamado Chris O'Donnel. Tenía un tatuaje de un Yin & Yang formado por una lechuza y un búho en la espalda. Su físico y su actitud llamaban mucho la atención en el gimnasio. Era una persona muy amable y divertida, pero también era muy competitivo. 

Chris O'Donnel "Tadeo"
Cuando llegaron a sentarse a sus lugares Tadeo vio una cara conocida en el lugar justo detrás de ellos. Era un muchacho que asistía a la universidad donde él trabajaba. Se llamaba Nicandro, pero todo mundo le decía Nikky. Él también era aficionado al box y pertenecía al equipo representativo de su universidad. Al lado de él estaba una chica, y otra pareja. Tadeo lo saludó desde que lo reconoció. 

"¡Hola Nikky, qué tal! Mira dónde nos venimos a encontrar," le dijo Tadeo extendiendo la mano. 

"¿Qué tal, profe? No sabía que venías a esto. Me gané los boletos en la universidad, 2 boletos dobles, vine con mi novia y un amigo," dijo Nikky levantándose y señalando a la chica en el asiento junto a él. "Mirna, te presento a mi profesor de física." La chica se levantó y se acercó a Tadeo para saludarlo. Era muy guapa, muy joven también, rubia de ojos claros. No se veía muy convencida de querer estar en ese lugar. Al lado de ella se levantó la otra chica que iba con el grupo, se presentó a ella misma, y su novio también se levantó para saludarlo. La otra pareja se veía más desaliñada que Nikky y Mirna.

"¿Qué tal? Hector," dijo el muchacho. "Mi novia, Ana."

"Mucho gusto," dijo Ana. 

"¿Eres profesor en la universidad?" preguntó Hector. 

"En realidad estoy encargado de impartir los cursos de asesoría a estudiantes," contestó Tadeo. "Lo veo cada dos semanas más o menos."

"Eres un burro, Nikky," dijo Hector. 

"Es para ser mejor, no por necesidad," contestó Nikky desde el otro lado. "Oye profe, qué buen trabajo es ser asesor, ¡eh! ¡Hasta para venir al box a los mejores lugares!"

"No, no para nada. Me invitó mi amigo Carlos. Él es el que pagó los boletos. ¿Tu crees que voy a poder pagar esto, y aparte la renta con lo que me pagan en la universidad? Bueno fuera que ayudar a burros a entender física fuera tan redituable." Todos se rieron y Nikky levantó los puños como si fuera a golpearlo. 

Carlos volteó hacia atrás y también saludó al grupo de muchachos. No tenía muchas ganas de hacer nuevos amigos, menos cuando eran mucho más chicos que él, pero tenía el mínimo grado de cortesía que le obligaba a sonreír y saludar. Todos se sentaron y cada grupo volvió a lo suyo. 

Poco tiempo después comenzó la función y el cuadrilátero no volvió a dejar de ser el centro de atención de todos. Hubo 3 peleas antes de la pelea estelar en la que un boxeador mexicano se media contra uno argentino. 

En los últimos tres rounds el mexicano recibió dos golpes bajos muy fuertes, uno en el antepenultimo round, en el que el referi paró el combate, y uno más en el ultimo round que el referi no vio y por el que perdió el combate el mexicano. Por ser la pelea en México obviamente la mayoría de la gente que asistió estaba muy enojada, y al final de la pelea empezaron a abuchear.

Carlos, que era muy apasionado, no dejaba de maldecir al referi por no poner atención. Tadeo estaba de su parte y comentaban juntos el hecho. Pero detrás de ellos un Nikky ya muy tomado, y quién tenía una apuesta que le daba el triunfo al argentino, festejaba la victoria del boxeador extranjero. 

"No vales nada," le decía Hector. 

"Pues valgo más de lo que valía antes de la pelea porque gané $500 dólares con este boxeador," contestó Nikky ya arrastrando un poco las palabras. "Aparte, que no sea joto, un golpe en los huevos no te hace perder una pelea. Imagínate que estuvieras peleando en la calle, ¿apoco vas a pedir que se pare la pelea, o que le quiten un punto al otro? No mames." Esto último lo escuchó Carlos, que también había tomado unas cuantas cervezas, y no pudo evitar contestar. 

"¿Cómo vas a decir eso? estás hablando de un deporte profesional, no de luchitas en tu casa. El argentino debió haber sido descalificado."

"Ay sí, no mames, el boxeador tiene que estar preparado para todo. Aparte a mi me han pegado en los huevos y nunca ha sido para tanto," contestó Nikky, y ya todos los veían a los dos sin meterse en la discusión. 

"Quiero ver qué te parecería si un boxeador de verdad te diera un golpe directo en los huevos. Estarías llorando como niña. Pero bueno, se me olvida tu edad. A los 15 años tal vez yo también pensaba que los golpes no dolían."

"Tengo 20, güey, y peleo con boxeadores de verdad. Yo si voy a ser boxeador profesional en unos años, ¿tu qué?"

"Pues yo también boxeo niñito," contestó Carlos, acalorado. 

"Pues vamos a darnos de chingazos," dijo Nikky al momento en que Hector y Tadeo intervenían para evitar un incidente en ese lugar.

"Cálmate, cálmate, Nikky, nadie se va a dar de chingazos aquí," dijo Tadeo. 

"Sí, güey, ya párale," también le dijo Hector. "No te quieras hacer el muy verguita."

"Pues, ¡a ver!, si dice que no aguanto nada, pues que lo demuestre. Vamos a la uni, nos damos un tiro, ahí hay equipo."

Tadeo, agarró a Carlos de un brazo y le dijo, "ya vámonos, cabrón, ni se te ocurra hacer nada tu tampoco."

"Te espero en mi casa, mañana a las 7 y media de la tarde, niñito, ahí tengo yo un ring y equipo también," le dijo Carlos a Nikky muy confiado. "Vamos a echarnos un sparring."

"¡No!" dijeron al unísono Héctor y Tadeo cuando vieron que a Nikky le parecía buena idea. 

"¡Ya quedó, mamón! Dame tu teléfono."

A pesar de que Hector y Tadeo intentaron disuadirlos de que no era una buena idea y tratando de distraerlos para que se les olvidara lo que estaba pasando, Carlos tomó el numero de Nikky y la cita estuvo hecha media hora después. 


**************


La lucha no se llevó a cabo al siguiente día como dijo Carlos, pero no pasó mucho tiempo tampoco. Dos días después de la pelea de box Carlos estaba en su casa cambiándose de ropa. Eran las siete de la tarde en punto y quería estar listo para recibir a su nuevo contrincante de box. Nikky había accedido a una sesión de sparring con Carlos en la que la regla no escrita es que podían utilizar golpes bajos contra el adversario. Nikky había dicho que en el box debías de poder soportar golpes a los huevos, y Carlos quería demostrarle lo poco que podía soportar. 

Carlos era moreno y siempre se había sentido orgulloso de eso. Nunca le había molestado su color de piel pero había habido ocasiones en que esto había sido motivo de burlas, sobre todo en la escuela. Desde chico aprendió a defenderse y cuando tenía doce años entró a una academia de box. Desde entonces aprendió a pelear con técnica y después de algunas peleas contra bullies en la escuela en las que los hizo pedazos, nadie más volvió a meterse con él ni con su color de piel. Esa era la razón también por la que le habían molestado los comentarios de Nikky. La pelea de boxeo era de un mexicano contra un argentino, y Nikky había apostado al argentino, en primer lugar, pero aparte, después de ganar con dos golpes a los testículos del mexicano, ¡Nikky todavía defendía la victoria de este! Esa era razón suficiente para que Carlos quisiera enseñarle una lección a este muchacho de 20 años que acababa de conocer. 

Nikky llegó a las 7:30 pm, puntual. Tocó el timbre y una sonido de chicharra indicó que la puerta se acaba de abrir. La casa a la que llegó Nikky no era lo que él esperaba. Era una casa muy lujosa, con jardín al frente y muy amplia. Desde afuera podía ver dos pisos, y pasillos que daban a la terraza en ambos lados de la casa. No se arrepintió de haber aceptado el reto y tenía mucha curiosidad de conocer el espacio donde iban a pelear. 


"Nikky"

Entró a la casa, se notaba desde el principio que era muy lujosa sin embargo tenía un estilo sobrio. Un intercomunicador se encendió y escuchó la voz de Carlos: "pásale al sótano, aquí estoy". Cuando volteó a ver a donde estaba el origen de la voz vio una pequeña pantalla y alcanzó a reconocer la cara de Carlos, con el brazo estirado que seguramente estaba presionando un botón. Justo vio eso y la imagen desapareció. Dio un vistazo alrededor buscando las escaleras y las encontró del lado izquierdo. Dio otro vistazo, impresionado por la casa y luego bajó las escaleras. Llegó a un pasillo que terminaba en una puerta. Se acercó a ella y la abrió. Entró a un cuarto amplio en donde había todo tipo de accesorios y artefactos para entrenar. Había pesas, un saco de arena para golpear, una pera de box, bicicleta estática, caminadora, un tapete para lucha grecorromana y un ring de tamaño oficial. Nikky estaba impactado. En ese momento quería convertirse en el mejor amigo de Carlos y entrenar ahí todos los días. 

"¿Así vas a boxear?" preguntó Carlos interrumpiendo su observación del espacio. 

"No, traigo mis shorts," contestó Nikky, y se sintió un poco tonto.

"¡Pues órale! ¡Cámbiate! ¿O vienes a platicar?" 

Nikky tomó su mochila y empezó a sacar sus cosas. En realidad ya no quería el sparring, quería ver todo el gimnasio a detalle y preguntarle a Carlos por todas las cosas que tenía ahí. Pero luego se acordó por qué  había ido a ese lugar y la discusión que habían tenido en la arena, y sintió de nuevo las ganas de golpear a Carlos. 

Nikky iba vestido con unos pants negros  y una camisa sin mangas blanca. Sacó sus shorts de boxeo y volteó a ver a Carlos para ver si lo estaba viendo porque estaba a punto de quitarse los pants. Carlos ya estaba listo para boxear, aunque no tenía puestos shorts de boxeo sino unos un poco más ajustados, como si fuera a levantar pesas. Vio que tenía lycras abajo de sus shorts; él también traía lycras bajo sus pants, y no pensaba quitárselas para ponerse los shorts, pero como quiera le daba algo de vergüenza mostrar su bulto. 

Finalmente se cambió, se puso sus shorts, sus botas y sus guantes. Vio que en un muro había colgados protectores para entrenamiento: caretas y protector inguinal. Su subconsciente lo traicionó y se le ocurrió preguntarle a Carlos si iban a usar protectores para el sparring. 

"¿Qué? ¿Ya estas joteando? ¿No fuiste tú el que dijo que los golpes bajos debían de soportarse en una pelea? ¿Ahora te quieres cubrir tu carita y tus huevitos? No me digas que viniste a hacerme perder el tiempo."

"No, no, está bien, es que estoy acostumbrado a usarlos en la universidad," contestó Nikky. 

"No estas en la universidad niñito. ¡Subete al ring!"

Se subieron los dos al cuadrilátero y empezaron a caminar alrededor uno del otro. "Quedamos en que no hay reglas, ¿verdad?" preguntó Nikky ya más metido en la pelea. "Sí, niñito, quedamos en eso. Más específicamente: te puedo deshuevar y me puedes deshuevar y esto no se va a detener," le contestó Carlos. 
Mario Lopez "Carlos listo para boxear"

Nikky se acercó a Carlos tratando de ganar el primer ataque. Estaba molesto por la manera en que lo seguía llamando "niñito" y quería demostrarle que sabía boxear y que le podía ganar. Soltó un combinado de tres golpes, el primero iba a la cara de Carlos, el segundo al estomago y luego un golpe de abajo hacia arriba entre las piernas de Carlos. Carlos se defendió de los tres golpes y ninguno llegó a causar el efecto deseado. Pero contestó con dos golpes que le dieron directo en el estomago y en el riñón a Nikky. Este sorprendido por el dolor que sintió encogió los brazos y trato de cubrirse por lo que no pudo reaccionar cuando Carlos le dio un golpe fuerte y directo a los huevos. 

"¡Ooouuuggghhhhh!" gritó Nikky y cayó al suelo. Se llevó los guantes entre las piernas y se encogió. Empezó a respirar rápida pero profundamente. Sintió mucho dolor, pero también sintió mucho coraje. 

"¿Ya, fue todo? ¿No que mucho aguante de golpes bajos? Con uno tuviste," se burló Carlos. 

Nikky se levantó sin decir nada. Con un guante en los testículos adoloridos, estiró cada una de sus piernas. Saltó tres veces y empezó a rodear a Carlos otra vez. Siguieron boxeando, conectando algunos golpes, Carlos recibió dos golpes en la cara y dos en el abdomen, Nikky esquivó un derechazo a la cara pero no vio venir el guante izquierdo directo a la quijada. 

Nikky, ya un poco cansado se dio cuenta de que estaba perdiendo la pelea. Decidió intentar algo. Sin dejar de ver a Carlos y cubriéndose la cara con los guantes arremetió contra él pero en vez de soltar un golpe al cuerpo bajó una rodilla al piso y soltó un golpe que le dio a Carlos justo en su paquete. El golpe fue muy fuerte y Carlos soltó un sonido ahogado de dolor. 

"¡Mmmmpphhhhh!" fue lo que escuchó Nikky, y sin perder oportunidad, viendo a Carlos doblarse para cubrirse sus partes, lo golpeó directo en un costado de la cabeza. Carlos se cayó al piso. 

Se levantó de la lona en menos tiempo de lo que lo hizo Nikky. También se estaba agarrando la entrepierna pero antes de que Nikky pudiera reaccionar ya estaba con los dos puños en alto y atacando a diestra y siniestra. Los primeros golpes no golpearon directamente como él quería, pero después del tercer golpe Nikky no pudo reaccionar tan rápido y comenzó a cubrirse el cuerpo. Los golpes seguían conectando en el cuerpo encogido de Nikky. Tres veces Carlos conectó en los testículos, en desesperación, Nikky soltó uno solo que dio en el bulto de Carlos y lo obligó a retroceder un poco y agacharse. 

Aprovechando que Carlos no estaba cerca, Nikky se hincó para descansar del dolor que estaba sintiendo. Volteaba a ver a Carlos esperando que siguiera recuperándose él también. Los dos estaban doliéndose de los huevos; los tres golpes que conectó Carlos no habían sido con toda la potencia, pero el de Nikky sí. 

Nikky estaba viendo a la lona, tratando de recuperar su aliento. Cuando volvió a voltear a ver si Carlos seguía ahí lo que vio fue un guante que volaba a su cara. El golpe lo recibió de lleno y cayó de espaldas a la lona completamente aturdido. Carlos lo vio tirado en el suelo y no dudó en dejar caer su puño forrado con un guante de box directo en los huevos de Nikky. 

Nikky soltó un grito de dolor al mismo tiempo que ponía sus manos en sus partes nobles y se levantaba para quedar medio sentado. Carlos no desaprovechó la oportunidad y lo golpeó otra vez en la cara. Nikky quedó tendido en la lona, noqueado. 



**************


Carlos apoyó su guante en la cabeza de Nikky y acercó su cara para verlo. Todavía estaba inconsciente. No creía que hubiera tenido tanto tiempo, suficiente para amarrarlo al saco de arena que colgaba del techo del sótano. Carlos había hecho un buen amarré con lazos que tenía para ajustar el ring. 

Cuando Nikky despertó tardó unos segundos para reconocer dónde estaba. Cuando trató de moverse se dio cuenta de que no podía, su cuerpo estaba totalmente inmovilizado. No se dio cuenta entonces pero no tenía sus shorts de boxeo puestos, estaba únicamente con las lycras que llevaba debajo. Carlos estaba frente a él. 

"Ya despertó el niñito. Por fin," le dijo viéndolo a los ojos.

"¿Qué haces, Carlos? Suéltame, no mames," dijo Nikky. 

"No, no te voy a soltar. Por lo menos no hasta que te dé tu merecido por irrespetuoso," contestó Carlos.

"¿Irrespetuoso por qué? Era sin regl- ¡¡¡oooouuuuuuuuuuuuuughhh!!!" gritó Nikky cuando recibió un derechazo sólido en los huevos. "¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Alguien ayudem- ¡OOOUUGHHH!" Carlos le dio dos golpes más seguidos. 

"Cállate, nadie te puede escuchar comoquiera. Si sigues gritando te voy a tener que tapar la boca. Ahora aguántate como hombrecito." Terminando esa frase le pegó tres veces más en los huevos con combinación izquierda, derecha, izquierda. 

Nikky gritó y gritó de dolor. Los movimientos que hacía para tratar de soltarse solo lograban que el saco al que estaba amarrado se moviera un poco. Una cadena salía de la base del saco hacia abajo y evitaba que se balanceara. 

Carlos comenzó a golpearlo en el estómago. Le dio puñetazos durante 30 segundos seguidos. En cada uno Nikky soltaba un  ¡umph! y trataba de ahogar sus gritos. Cuando Carlos se detuvo Nikky comenzó a respirar aceleradamente, solo para detenerse cuando recibió otro par de golpes en los huevos, y su abdomen se contrajo de dolor. 

"¿Te parece bien que se permitan golpes bajos en el box ahora?" preguntó Carlos. "¿Crees que los boxeadores se deben de aguantar el dolor?"

"No, perdón, no está bien, suéltame por favor."

"No."

Carlos se acercó a Nikky y le dio un rodillazo fuerte justo entre sus piernas. Nikky comenzó a llorar. 

"Awww. Le dolió al niñito."

Carlos se quitó uno de sus guantes, el izquierdo. Acercó esa mano al paquete de Nikky y lo palpó. "Creo que se te inflamaron los huevos." Acto seguido agarró el paquete de Nikky rodeándolo con su mano mientras la cerraba y estirándolo hacia él. Nikky quedó completamente arqueado con los huevos en la mano de su enemigo. El dolor era casi insoportable. Nunca le habían estirado el paquete lejos de su ingle. Se veía redondo y grande. Vio con ojos llorosos cómo la mano derecha de Carlos, la que todavía tenía el guante puesto, tomaba impulso y caía de lleno en su paquete comprometido. 

Un trueno de dolor le recorrió todo el cuerpo y comenzó a gritar otra vez. Carlos repitió el movimiento cuatro veces más. El último golpe dejó su guante en el paquete y simplemente aplicó presión. Escuchó con placer como Nikky gritaba mientras sus huevos se aplastaban entre el puño cerrado de Carlos y su guante de box. Carlos movía ligeramente el guante tratando de aplastar todo el paquete completo. 

Nikky gritó y gritó. Carlos lo soltó y Nikky regresó a su posicion original, solo para recibir la planta de la bota de Carlos en su paquete lastimado, mientras Carlos aplicar presión otra vez. "Creo que no vas a poder coger este mes, mi querido Nikky. Pero todo esto es para que aprendas a respetar a los compatriotas. La próxima vez, apuéstale al mexicano." Terminando de decir eso quitó su bota del paquete, luego se acercó y con su mano izquierda le agarró los huevos y comenzó a apretarlos, aplicando poco a poco más presión. 

"¿Verdad que le vas a apostar al boxeador local?" preguntó sádicamente Carlos mientras aplicaba más presión. 

"Si," dijo Nikky llorando, "sí por favor suéltame. ¡Aahhh!"

Carlos le dio un último apretón que hizo gemir a Nikky, luego lo soltó y le dio un puñetazo más con su guante. Nikky volvió a gritar y bajó su cabeza esperando no recibir más golpes. 

Carlos caminó atrás del saco y comenzó a desatarlo. Con solo un movimiento de los lazos el nudo que unía todo se deshizo y Nikky cayó al suelo. Carlos se acercó a él y se sentó en sus piernas mientras deshacía todos los otros nudos con los que había amarrado las manos y piernas de Nikky. 

Por fin lo soltó por completo y Nikky solo pudo encogerse y poner sus manos entre sus piernas. El dolor de Nikky era indescriptible. No se movió durante algunos segundos. Luego Carlos se acercó a él con la mochila que había llevado. La dejó caer a un lado de Nikky y le dijo: "Lárgate de mi casa."








Man of the North (part 2 of 3)

 (This story starts with "Man of the North (part 1 of 3)") That afternoon I went to see my uncle. I was surrounded right away ; I ...